domingo, septiembre 14, 2014

Tuneando una Cota 200

La pobre de la Cota 200 entró con mal pie en casa, como ya os conté en una entrada anterior. Desde entonces, y de forma inexplicable, se había convertido en el patito feo de la familia. Su madre no la quiso y su padre -que soy yo mismo- la dejó en un rincón del garaje porque el asiento biplaza con el que vino de Italia le parecía espantoso.

Es una moto dulce y sencilla de conducir. Y salvo que te llames Charlie y te guste romper cosas inverosímiles cada vez que sales al campo, es raro que te dé problemas. Pero el dichoso asiento me mataba. Y la pata de cabra era un rollo porque estaba deformada y salía como 20 centímetros hacia afuera cuando la subías para arrancar ... además de dejar la moto extremadamente tumbada cuando parabas y la ponías. Dos chorradas, sí. Pero dos chorradas molestas que la han tenido condenada durante años.

Feo, como pegarle a un padre.


Hacía falta un asiento (que conseguí hace tiempo) y un rato con nada mejor que hacer que dedicarlo al patito feo para decidirse a cambiarlo. Justo lo que ha coincidido este fin de semana, en que llegué a la estepa sin nada concreto en la cabeza. Quiero decir sin nada concreto en cuanto a planes de moto; que mi cabeza sigue igual de hueca que siempre. Así que lo primero que tocó hacer era ver si encajaba el asiento en su base, cosa que afortunadamente sucedió:

Sobraba un trozo de kit.

Y lo siguiente, tomar medidas para hacer los taladros en su sitio. Se me ocurrió que siendo fibra tal vez la mejor opción fuera una broca de madera, y así fue. Tienen la ventaja de una punta muy fina que marca rápido la posición de taladrado sin que la broca se desplace lateralmente.

Agujeros marcados para taladrar.

No hice fotos a partir de aquí porque en el proceso de corte con la Dremel salió tal cantidad de polvo que incluso paré para buscarme una mascarilla protectora para la nariz. Pero el caso es que tras unos minutos de corte y repaso con la lima pude montar el asiento nuevo que quedó bastante razonable.

Ahora sí parece una trialera en lugar de un engendro.

Y antes de eso, había dedicado un rato a doblar la pata de cabra buscando corregir sus defectos. El resultado -conseguido con un tornillo de banco sólido y una barra de hierro con un metro de largo- es también bastante satisfactorio:


Así que en un rato dejamos al patito feo bastante más presentable de lo que estaba al llegar a casa. Supongo que lo suyo sería guardar el faro y el piloto y ponerle un portanúmeros delantero y un guardabarros nuevo. Pero sepa Dios cuando haya otra oportunidad de dedicarle un rato a la 200.

De hecho -y aunque me dé corte contarlo, porque luego Nacho se mete conmigo- este fin de semana hice un montón de cosas más, y lo de la Cota 200 fue un modo de llenar una mañana de domingo. Antes hubo que rellenar la batería de la Norton que estaba seca, rematar dos caballetes que quedaron sin pintar ... cosa que aproveché para hacer otro nuevo, limpiar el carburador de la Ossa naranja para dejarla lista para prueba larga en campo. E incluso para limpiar la 349/4 y la 330, que me dieron recuerdos para José María. Dicen que le echan de menos.

Supongo que va tocando irse un día para montar en moto. Que se supone que las arreglamos para disfrutarlas, y no sólo por el vicio solitario.

miércoles, septiembre 03, 2014

La Ossa naranja de Stefano

Allá por el final de 2005 o principios de 2006 compré una Ossa naranja en Italia. Lo conté hace la tira de tiempo en este mismo blog al hilo de la restauración de una Ossa amarilla que había comprado previamente y con la que intercambié alguna pieza.

Retomando aquella historia, entre unas cosas y otras, la moto llegó a casa en Marzo de 2.007, con el aspecto que os pongo en la foto de aquel día:


Mirándola bien, probablemente fue una de las compras más razonables que he hecho. Porque por 500 euros me enviaron una moto bastante entera, aunque con sus cositas. Entre otras, con el chasis muy levantado en la cola de un golpe, una chapuza en el silencioso para poderlo usar, sin pata de cabra, con una careta de faro extraña y la instalación eléctrica aún medio puesta, unos Marzocchi traseros que nunca fueron suyos y el manillar montado al revés sobre sus suplementos de tija.

Pero arrancaba, el motor no sonaba mal y estaba bastante entera. Incluso con algunos detalles italianos curiosos que me gustaron, como los guardabarros o los topes de manillar especiales que trajo puestos a casa.

Sin embargo, entre líos de trabajo y falta de tiempo, nunca tuve ocasión de meterme con ella. No sólo porque fueran llegando otras motos a casa, sino también -entre otras cosas- porque no se me ocurría un modo de bajar la cola del chasis sin montar un lío. Alguna cosa le he ido haciendo a ratos perdidos (como ponerle al revés una pata de cabra que compré a los Vitale o instalarle unos amortiguadores originales que me costaron un congo hace unos años), pero nunca de un modo sistemático.

Hace unos días, sin embargo, me encontré en la Estepa con un par de tardes libres y sin objetivo concreto a la vuelta de la playa. Y por alguna razón la Ossa y yo nos miramos y decidimos que era un momento tan bueno como otro cualquiera para pasar un rato juntos.


Y no es que le haya hecho grandísimas cosas, pero se le va notando el cambio. Lo primero fue desmontar el depósito para ver qué pasaba en el chasis, y encontrarme con que sólo la cola estaba afectada ... de tal modo que con un listón largo de hierro de los que había usado para hacer caballetes, pudimos bajarla sin más que hacer palanca con cuidado. Eso trajo consigo la necesidad de hacer una chapucilla con la pletina que habían puesto para conectar el silencioso con su soporte ... y digo chapuza porque el cafre que la hizo no sólo puso una pletina sino que desoldó y remachó la pestaña del silencioso que ahora queda demasiado delante y que tendré que mover en cuanto tenga un rato hacia atrás para eliminar la pletina definitivamente.

Además limpié la (enorme cantidad de) mugre que había bajo el depósito, retiré la instalación eléctrica salvo la mínima para poder arrancar la moto y parar, puse la pata de cabra al derecho (aunque para añadir el muelle tendré que soldar un anclaje al basculante que se ha perdido).

Después de arrancarla y moverla un ratito, creo que valdrá la pena repasarle la horquilla (tal vez incluyendo pintura), limpiar un poco escape y culata y dejarla en uso como moto para algún amigo que quiera salir al campo sobre una montura sencilla de manejar y relativamente cómoda para ser una trialera.

Espero que no vuelva a hablaros de ella dentro de otros siete años como paso la vez anterior. :-)

jueves, agosto 28, 2014

Aventuras y desventuras de una Impala 2 en Chiclana

Recién vuelto a Madrid, y a poco más de 24 horas de ponerme a trabajar, me queda un rato para ordenar algunas fotos que me ayuden a no perder el recuerdo de estas vacaciones. Que hace dos días cumplí 51 años y va siendo hora de guardar los buenos ratos para alimentar de felicidad lo que Dios nos tenga reservado para el futuro.

Y probablemente, uno de los mejores de este verano haya sido que la Impala 2 nos acompañó a Chiclana. Un detalle menor comparado a que mis hijos lo aprobaron casi todo (excepto la dichosa Contabilidad del segundo), que mi mujer vino con la mejor voluntad del mundo, que mi madre sigue con buena salud, o que Bolonia sigue siendo un sitio perfecto para pasear con los amigos ... pero todo un detalle en cualquier caso.

Es la primera vez que llevo una moto para mi a Cádiz en muchos años. Si la cabeza no se me va, desde que a los 25 ó 26 pasé un verano con la Le Mans III y la que entonces era mi novia y hoy me tiene en plantilla. Pero como mi hijo quería volverse a llevar la Hondita (se ve que le ha cogido el gusto a caerse cerca del mar, porque este año ha repetido), aproveché el remolque y subí la Impala con su ITV recién pasada ... consciente de que me la estaba jugando porque la moto no había tenido tiempo de soltarse tras tantos años parada.

¿Verdad que quedaba preciosa en el jardín? Ni siquiera la mala calidad de la cámara del teléfono hará que me olvide de lo que era desayunar viendo la moto al lado de la puerta de casa, que es la segunda de las tomas que os pongo.



Los primeros días todo fue bien, hasta que en un momento indeterminado, la moto empezó a quedarse acelerada aleatoriamente. Y ello con total independencia de lo que hiciera intentando regular el carburador. Además, mis posibilidades de hacer cosas no eran muy abundantes porque sólo me había llevado las herramientas originales de la moto, una multiherramienta SwissTool y una cajita Facom que me ha sacado de muchos apuros ... pero nada de repuesto. Así que decidí coger la moto y presentarme en la tienda de "El Gordito JR", que llevaba viendo desde que era pequeño (cumplir 51 hace posible veranear en Chiclana desde hace 45 años) ... pero en la que no había entrado nunca. Imaginaba que los dueños debían ser moteros al 100% porque aún tengo en la memoria la impresionante Japauto naranja que tenían en los años 70.

El caso es que entré en la tienda y tuve la suerte de dar con Manolo, el dueño del negocio, que había oído la Impala y que me ofreció que su mecánico mirase la moto sobre la marcha. Lamento no recordar su nombre, pero el mecánico cogió la moto, la probó y su conclusión fue ... ¡que iba mejor que su Bultaco Mercurio! Casi me parto de risa allí mismo pensando en la cara que hubieran puesto algunos de mis amigos bultaquistas.

Como en el momento no daba fallos y el mecánico tenía mucha faena, Manolo me ofreció que yo mismo usara sus instalaciones para desmontar la moto y buscar el problema. Así lo hice para descubrir que, al cabo de 32 años de ser instalado, el cable de acelerador había perdido un pelo que se enganchaba aleatoriamente en la funda. Así que el problema estuvo resuelto con algo así como un par de euros en cable, funda y prisionero que me vendieron allí mismo e instalé en un rato.


Y a partir de ahí fin del problema con la carburación, tardes preciosas yendo con las motos al poblado de Sancti Petri a sacar la neumática parra pasear un rato ... y ratos de charlas con la gente mayor que veía la Impala y te contaba que "yo tuve una como ésa". Una constante en Chiclana, donde he encontrado más montesistas por metro cuadrado que en la propia Barcelona.

Así de bien iba la vida cuando nos plantamos en el 15 de Agosto en que mi mujer me manda a comprar un par de cosas que necesitaba para la comida. Me echo la mochila a la espalda y pongo rumbo a la carretera de la Barrosa para acercarme al supermercado cuando, de repente, la Impala hace amago de pararse con síntomas de falta de gasolina. Cambio a reserva sobre la marcha, anda unos cientos de metros más y se corta definitivamente. Por suerte lo hace a unos cientos de metros de la gasolinera Cepsa a la que llego empujando, mientras pensaba que el consumo de la moto era mucho más alto de lo que recordaba de mi Impala Turismo. Paro en la gasolinera y pongo diez litros, que casi no caben, con lo que aumenta mi mosqueo porque según mis cuentas debían quedar al menos un par de litros en el depósito cuando la moto dejó de andar.

Pero como tenía un encargo pendiente y ya iba tarde, opto por no pensar mucho y seguir hasta el supermercado, donde llego sin novedad. Pero hecha la compra, y de nuevo cerca de la gasolinera, la moto se me vuelve a parar con síntomas idénticos a los anteriores: la gasolina no está llegando al motor. Así que empujo un poco más (apenas 100 metros esta vez) y llego a la sombra con la que Cepsa protege la mollera de sus clientes, para comprobar que del depósito no cae una sola gota de gasolina, ponga el grifo en la posición que lo ponga.

Así que me encuentro a las 2 de la tarde, con una moto parada en víspera de puente y un depósito a rebosar, de donde tenía que sacar un grifo de gasolina para comprobarlo. Una ecuación complicada. Pero como Dios protege a los imbéciles, recordé que en casa teníamos un bidón de 35 litros para el barco, y pedí a mi mujer que me lo acercara con el coche. Y mientras tanto, me puse a ver qué daban de sí las herramientas de la moto, de modo que cuando llegaron ella y mi hijo, el depósito estaba desmontado a la espera de poder vaciarlo. Pero ahí había otro problema: en la gasolinera no tenían un embudo que pudieran prestarnos o vendernos, y vaciar doce o trece litros de mezcla por el tapón (recordad que el grifo estaba obstruido) hubiera sido peligrosísimo.

Pero seguro que para todos vosotros es sabido que la necesidad es la madre de toda buena chapuza, que fue lo que finalmente hicimos: al ver que tenían unos conos de goma para señalizar, pusimos uno boca abajo y nos hizo el apaño, tal como muestra la foto:  

Lo que vino a continuación fue tan simple como desmontar el grifo, ver que estaba obstruido por una pasta blanca que no sé de dónde diablos había salido, limpiarlo y montarlo ... para comprobar que ahora funcionaba tan bien que perdía gasolina. No de un modo escandaloso, pero sí lo suficiente como para tener que vaciar de nuevo el tanque al llegar a casa.

La historia termina en El Gordito de nuevo. Único sitio donde fue posible encontrar un grifo del paso de rosca de la Impala 2. O mejor dicho, dos grifos. Porque el que tenía el paso correcto correspondía a un ciclomotor Derbi y llevaba una llave de mando plástica redonda y enorme, que no pegaba para nada en la moto. Así que compré otro con un cuerpo de distinto paso -pero con el grifo correcto- e hicimos un injerto entre ambos, que es con el que la moto va funcionando ahora.

Es decir, que la buena de la Impala no sólo me ha dado momentos de alegría este Agosto, sino también ratos de entretenimiento sano. Eso sí, no sé qué piensa mi hijo en el fondo de todo esto. Cuando tu vida motorista empieza a los 16 con un botón de arranque en una Honda, debe ser complicado entenderlo.

lunes, julio 28, 2014

Algunos trucos sobre reconstrucción de instalaciones eléctricas

Después de todo el stress con la terminación de la Impala 2 me encontré con medio fin de semana tranquilo (y calurosísimo) en la estepa. Había que recoger y limpiar el taller un poco más a fondo de lo habitual para dejarlo preparado para el curso que viene. Y además me propuse hacer alguna de esas cosas que nunca haces porque siempre hay otra más prioritaria.

La primera fue arrancar la Ossa naranja. Ni fotos hice, pero la pobre mía lo hizo a la tercera patada sin más que abrir la gasolina y ponerle el aire al carburador. No recuerdo siquiera haberle limpiado el carburador en su momento, aunque sí que le puse sus amortiguadores traseros originales. La tengo a la espera de repasar la horquilla y enderezar la parte trasera del chasis, porque el soporte del guardabarros trasero queda muy alto. No es algo complicado, pero probablemente requiera desmontar casi todo ... y me da un perezón. Una lástima porque la moto va estupenda de motor y resulta muy dulce para un novato.

Lo siguiente, archivar correctamente un "alijo" de material procedente de un recambista amigo, al que compré unos pocos de chiclés, agujas y emulsores de Arreche ... y que me regaló cuarto y mitad de muelles para Montesa que tenía en su stock muertos de risa:


Incluso metió en el pack un eje delantero de Cota 348/349 en su bolsa original, que guardaré con el cariño que corresponde al caso. Honestamente no sé si algún día habré consumido cuatro muelles de arranque de Cota pequeña y otros tantos de selector de cambio, pero no está de más tener material de sobra en casa, que luego nunca sabes en qué momento te puede sacar de un apuro.

Y una vez terminé de hacer estas cosillas, me puse con un tema que tenía parado hacía tiempo, que era la revisión del equipo eléctrico de la Cota 49 de Miguel. Que no creo que se use jamás, pero que era una lástima no acabar; sobre todo porque Rafa me regaló un piloto y un interruptor originales, y los tenía rodando por el taller sin ponerlos. Así que empezamos por lo de siempre, que es abrir el faro, donde Montesa suele colocar siempre el nudo gordiano de sus instalaciones:


Y ya que estaba desmontando aproveché para darle un retoque a la pintura en plan chapuza casera. Lijado rápido sólo para que adhiera mejor la pintura, y spray de esmalte negro de Lidl (que por cierto, no está nada mal de relación calidad-precio).  


Curiosamente, el interruptor Leonelli venía con su propio esquema, que no puede ser más sencillo de seguir:


Pero como las fundas estaban mal, decidí que valía la pena cambiarlas. Cosa que es bastante latosa, pero que alguna de estas ideas te puede facilitar. La primera es cómo minimizar el riesgo de cortar los cables cuando quieres retirar sólo las fundas. Yo lo hago como en la foto: meto un destornillador fino que me sirve para deslizar el cúter sobre él con mucha menos probabilidad de cargarme uno de los cables:



Con esto pude liberar el mazo de arriba con poco problema. Pero lo siguiente es más rollo, que es meter el mazo de cables por la funda nueva. Para ello yo uso dos trucos:

1.- Poner polvos de talco sobre los cables antes de meterlos en la funda. Parece una chorrada, pero mejora mucho la circulación de los primeros tramos de cable


Sólo con eso te aseguro que serás capaz de meter mucho más tramo del mazo de cables por el método de "empujar", que es el que se usa inicialmente. Pero con ése método, llega un momento en que -incluso con el talco- los cables no avanzan más en la funda. Y para cuando suceda, toca aplicar el segundo truco.

2.- Para hacer avanzar los cables en una funda, se puede hacer lo siguiente: con la mano derecha sujetas fuerte la funda un par de centímetros antes de donde haya llegado el mazo de cables. Con eso evitas que retroceda cuando des el siguiente paso, que es el de con la izquierda tiras de la funda (intentando no hacerlo a la par de los cables) para estirarla unos centímetros haciendo como si quisieras sacarla. Una vez estirada. agarras todo fuerte con la izquierda y sueltas la mano derecha ... verás cómo al contraerse la funda, los cables avanzarán hacia la derecha buscando la salida.

Sé que suena complicado, pero es la típica cosa que cuesta más decir que hacer. Y da muy buenos resultados.

Con ello conseguí dejar la nueva funda en su sitio y poner el interruptor "nuevo de trinca" sobre el manillar:


Así que ya sólo quedaba guiar los cables por los sitios previstos ...


Poner bombillas:



Y probar ... de lo que no quedó constancia porque no resultaba cómodo hacer la foto a la par que se arrancaba la motillo.

Dios mediante nos esperan días de verano en Cádiz con la Impala 2 de compañía veraniega, que no es poca cosa. Que tengáis unas buenas vacaciones.

sábado, julio 26, 2014

¡ITV sin defectos!

El jueves 24, en plan "correquetepillo" encontré hueco para escaparme a la Estepa y pasarle la ITV a la moto según volvía. En Pinto concretamente, en la ITV de Applus. Con un ingeniero joven que no tenía mucha idea de qué clase de moto era la que tenía delante y se sorprendió del buen estado general del vehículo.


A la vuelta a casa la dejamos haciendo compañía a la Impala 2 de José María, que la probó para decidir que tal vez haya llegado el momento de darle un repaso a la suya.

Así que bien está lo que bien acaba. Ahora sólo falta traspasarle el seguro de la Turismo, que la pobre lleva mucho tiempo sin que nadie la use y no tiene mucho sentido pagar dos para un sólo culo. Chiclana nos espera. Pero antes nos iremos a la Mancha este fin de semana sin un objetivo definido por primera vez en meses. ¡Mira que si acabo desmontando la Ossa naranja! :-)

lunes, julio 21, 2014

Más sobre los muelles inmovilizadores de embrague

A veces las casualidades son tremendas, o simplemente no son casualidades. 

En la entrada de ayer comentaba que hay una variedad grande de muelles inmovilizadores de embrague en las Montesa. Y os ponía una foto con alguna de las versiones que tenía en la caja de repuestos específica donde se veían algunos de ellos: 


Pues bien, aunque comentaba que no sabía en qué modelo aparecieron los muelles de tijera (de referencia 02.63.113.05) que se emplearon en muchas Montesa como mejora. 

Después de escrito el post me picó la curiosidad y estuve mirando despieces de los últimos modelos, a ver dónde aparecían. Mi idea era que lo lógico es que fueran una evolución final y busqué por tanto en las últimas Cotas ... para encontrarme con que cambiaron la maza de embrague por completo desde la 330, o encontrarme con que en los despieces de Enduro H7 que tengo vienen los normales con su referencia 02.63.113.03. Y ahí lo dejé porque se me hacía tarde.

Pero esta mañana, buscando una información sobre Enduro 250, apareció el dato que buscaba: los muelles de tijera se incorporan como mejora en una segunda serie de Enduro 250, desde la unidad 54M1151. Ignoro por completo si tiene que ver con que ésa moto llevara transmisión primaria de Cappra con dientes rectos (más ruidosa), pero la lámina de la modificación 2 dice (en inglés en la versión que tengo) "Note: This modification entails inclusion of clutch disc inmobilizing springs. Springs 0263.11505 can be used in all units from 54M0001". Curioso porque yerran en el número de pieza bailando un 3 por un 5 (en el dibujo de la misma lámina vienen con la referencia correcta).



Por supuesto, viendo que muchas piezas del embrague de la Enduro 250 venían de la Cappra GP (53M) me fui a comprobar si venían de allí los muelles de tijera, y tampoco era así, como no eran equipo de la V-75 ni la VR.

Así que, mientras nadie descubra lo contrario, va a resultar que los muelles de tijera aparecen en el año 1974 y se aplican al menos en la segunda serie de Enduro 250 y las Cota 247 Ulf Karlsson ... aunque no siempre en los modelos posteriores.


Es curioso lo que puede uno llegarse a comer el coco con algo ten simple, ¿verdad? Lo que no sé es si esto le interesa a alguien más que a mi. No sé si es que hace calor, si que los temas que escojo no le importan a nadie o qué, pero cada vez hay menos comentarios en el blog. Aunque también es verdad que cuando empecé no los esperaba para nada, pero -¡qué poco cuesta acostumbrarse a lo bueno!- ahora los echo en falta.

Que tengáis buena semana.

domingo, julio 20, 2014

Neumáticos, horquillas y embragues de Impala 2 (y encendidos de Cota 304)

Dejábamos la Impala 2 a punto de acabarse (¿se acaba una clásica alguna vez?) el fin de semana pasado. Quedaban detalles por pulir, y entre ellos la luz de freno trasero, cuyo interruptor tenía idas y venidas, por lo que decidimos sustituirlo. Operación que, por una vez, resultó sencilla, cercana y barata. Repuestos Frera, al lado de mi casa de Madrid, en la calle Fernández de los Ríos tenía en existencia un conmutador de la marca FAE (exactamente la misma que el original) y de dimensiones parecidísimas que, a cambio de poco más de cuatro euros, se vino conmigo a la estepa el viernes por la tarde. En la foto se puede ver lo parecidos que son los dos. Lástima que no tuvieran el cobertor de goma que estaba destrozado y tuve que tirar por ser irrecuperable.   


Como os podéis imaginar, esto fue lo primero que puse en la moto la tarde-noche del viernes. Pero como me supo a poco y ya estaba en el taller, recordé que tenía un par de juegos de retenes de la Impala que compré hace años para la Turismo que arreglamos en el año 2009 ... cuya horquilla también fue un aprendizaje completo. Y como de todos modos tenía que desmontar las ruedas para cambiar los neumáticos el sábado por la mañana, decidí que era una buena ocasión para dejar una cosa más revisada. De hecho, la moto vino con la horquilla bastante sucia de aceite y -aunque amortiguaba bien- eso suele ser síntoma de retenes en mal estado.

Además, debo reconocer que también pensé que era una buena oportunidad para utilizar una de las herramientas de Iniesta, que sirve para desmontar el porta retenes de este modelo de moto, y nunca había utilizado. Resultó comodísimo, como podéis ver en la foto de abajo:


El mecanismo consiste en un cilindro con unas estrías que se atornillan en las ranuras donde alojamos las espiras de los muelles de la suspensión, y otro cilindro concéntrico que lo fija y nos permite desatornillarlo. Más sencillo, imposible.


Desmontados ambos porta retenes y retiradas las ruedas, dejamos la moto sobre su caballete y otro auxiliar que sostenía el basculante, y nos fuimos a cenar.


La mañana de sábado comenzó temprano. Pulí un poco de aluminio casi de madrugada (menos mal que los vecinos quedan apartados) y a las 9 de la mañana estaba en la puerta del taller de mi amigo Jesús con las dos ruedas de la moto y los preciosos Dunlop K-82 que le pusimos. Comprendo que es una estupidez aplicar un criterio estético a la hora de elegir un neumático, pero al verlos tan parecidos a los míticos TT-100, no me pude resistir. Una horita bastó para dejarlo puestos en sus llantas y listos para montar en la moto.

De vuelta al taller, había que terminar la horquilla y repasar un poco los frenos. No sé si os habéis enfrentado a una horquilla de Impala, pero tienen su complicación. Debe ser que la diseñó el que luego fundó una marca cuyo logo es un dedo tieso, y la cosa no es tan racional como cabría esperar de una Montesa.

Una de las cosas que resultan un suplicio es volver a sacar la varilla de la suspensión por las punteras de la horquilla. Pero para eso hay un truco: unos buenos imanes gordos nos permitirán mover la bendita varilla hasta que asome la punta por abajo para poder atornillarla y poner sus juntas antes de llenarla de aceite. Aquí abajo queda constancia de que triunfé como los Chichos con los imanes.


El siguiente problema para quien quiera cambiar el aceite es que cuando se suelta el tapón cromado de ambas botellas, uno se encuentra con que no sale hacia arriba (la bendita varilla otra vez, que lo retiene), y que ni siquiera destapa la barra para poder echar el aceite cómodamente.

Como no recordaba bien lo de la Turismo, me quedé tan pasmado que llamé a Pep, a Jaume y a Esteve. Pero no por hacer un rondo, sino porque ninguno me cogió el teléfono a la primera y terminé hablando con todos, que me dieron recetas varias para salir airoso del trance. Para no liaros, os dejo dos alternativas que me parecen las más eficaces para rellenar de aceite la horquilla de la Impala.

Opción "A" (la que escogí yo después de hablar con los amiguetes del MCI): se libera la varilla 04.35.04101 retirando la tuerca 0092.08 de la puntera 02.35.029, se saca el tapón cromado de arriba 04.35.160 con la varilla entera, y se desatornilla ésta al máximo posible antes de ajustar la contratuerca 0092.06 que la fija a la base del tapón cromado (basta con dejar cuatro o cinco hileras de rosca dentro del cuerpo del tapón). Con esto, una vez que volvamos a fijar la tuerca de la puntera, tendremos suficiente hueco como para meter una jeringa gorda y poner los 125 cc de SAE 10 que lleva la Impala 2.

Opción "B" (que no he probado, pero debe funcionar en teoría): una vez sueltos ambos tapones cromados, pedir a un amigo que nos comprima un poco la suspensión delantera. Esto debe dejar espacio de sobra para el relleno, y tiene la ventaja de ser más rápido, en principio.


Horquilla lista, y a por los frenos, donde me encontré con la casualidad feliz de la mañana; días antes de irme a la Mancha recordé que en el cajón de las zapatas de freno tenía dos juegos de zapatas Newfren para Montesa de las que quien me las regaló (el bueno de Andrés Benezet) desconocía el modelo. Yo ya sabía que no eran de ningún modelo de las Impala iniciales ni de la familia Cota, porque las comparé con el stock de zapatas de uso común en casa sin encontrarles parecido con ninguna. Así que al llegar a este punto de repaso de los frenos se me encendió una bombilla, las puse sobre el portazapatas delantero y ¡bingo! Era un juego de zapatas "nuevo de trinca" para Impala 2, que monté con la herramienta que te permite hacerlo sin pillarte los dedos ni blasfemar. Mas aburrido para los espectadores, pero más práctico.


Y así llegamos al momento sentimental de la mañana. Considerando que mi moto ya cumplía con todos los requisitos, le puse sobre el depósito el escudo de socio del Moto Club Impala:


¿Verdad que parece otra?



Y pensando que la Impala era cosa cerrada, pasé a aprovechar el resto de la tarde del sábado rectificando la puesta a punto del encendido de la Cota 304, que había hecho bastante a ojo por no tomar referencias con el motor abierto. Recordad que lleva la bujía inclinada y que no es trivial tomar las medidas de avance. Pero me acordé días atrás de que el maestro Nacho 247 había escrito una entrada en su blog sobre el sistema que emplea en la 242, cuyo motor es parecidísimo al de la 304. Dicho y hecho: visitada la página correspondiente me encontré con que el valor sobre volante eran 23 mm. Así que pensé que era buena idea tomar fotos del invento de "El pianista" para la puesta a punto de motores 2T. Simple como el mecanismo de un chupete: se conecta a red, un cable a la entrada de corriente en la bobina de alta, otro a masa y giramos el volante con suavidad para ver que la luz se enciende al abrirse los platinos y el cacharro vibra para avisarnos de que estamos en el punto exacto del salto de chispa.




Debo confesar que lo tenía hacía un par de años pero nunca lo había usado hasta hace poco ... porque no lo había necesitado. Mis últimos escarceos con encendidos habían venido de la mano de pruebas con RM Lightning, que incorpora sus propias herramientas para determinar la puesta a punto. Para las motos de platinos es un invento 100% recomendable, que no sé si sigue fabricando aún.

Y probada la Cota a plena satisfacción di por terminado el día y me fui un rato a pasear con mi mujer, que bastante paciencia le estaba echando a mi fin de semana.

Pero antes de salir del taller cometí el error de hablar con mi amigo José María sobre la Impala 2 y confesarle que estaba encantado con la moto, a la que sólo le encontraba el problema de que el embrague era relativamente ruidoso en caliente. Y José María me devolvió una frase mía, que dice que cuando sabes que a una moto le falta sólo un tornillo, no eres capaz de ver más que precisamente ése tornillo.

Así que dormí con pesadillas sobre ruidos de embrague, con lo que a las 7:50 de la mañana de este Domingo la moto estaba de nuevo en el elevador para cambiar los muelles antiguos por unos modernos de tijera, que inmovilizan el paquete de discos completo (en lugar de sólo el último disco) y hacen el embrague mucho más silencioso.



Y puesto que  tenía tiempo y tranquilidad por delante, incluso hice una foto para que pudierais ver las diferentes versiones de muelle de embrague que había en mi caja de recambios.  En la fila de arriba y a la izquierda un muelle reforzado seguido de otros dos más débiles. En la de abajo uno de tijera (regalo de Nacho Bartlett) acompañado de otro muelle suave. Siempre que podáis optar por poner los de tijera, no lo dudéis.


Aunque, a decir verdad, en las dos láminas que tengo de despiece de embrague en Impala 2, ninguna lleva los buenos, sino dos versiones diferentes de los clásicos que aguantan el disco exterior, que pasa de 02.63.113.03 (que ya da idea de lo que ha cambiado desde el primer diseño) en la 04M20000 al número 02.63.113.05 desde la unidad 04M2181. En las Impala originales se emplearon la 02.63.113 desde la primera unidad hasta la 4M5271, cambiando a la 02.63.113.1 en la siguiente unidad. En este momento ignoro qué moto llevó las versiones 02 y 04, ni en qué modelo aparecen los muelles de tijera que solucionaban definitivamente el problema.

Y como tampoco se tarda tanto en abrir una primaria y cambiar tres muelles, me quedó tiempo para rematar cositas sueltas e ir dejando la moto bonita. Mirad lo bien que queda su macarrón de desagüe del filtro de aire ... que no sé si valdrá para algo, pero es chulo cantidad.


... así que hasta aquí llegó el "aggiornamento" de la Impala 2 para acompañarnos este verano a Chiclana. Y como me la tengo que traer a Madrid a pasar la ITV aproveché el resto de la mañana en repasar un poco los guardabarros del remolque, que los tenía hechos una pena. Otra historia, de la que ya no hice foto alguna.

Ahora falta poner la bola de remolque al coche nuevo y ver si pasamos con bien ambas ITV. Ojalá pueda hacerlo esta semana.


domingo, julio 13, 2014

Faros y escapes en la Impala 2

Con idea de llevarme la Impala 2 a Chiclana este verano, sigo trabajando para pasar la ITV. Y en este proceso, como no quiero dejar cabos sueltos, me faltaba cambiar el faro porque el suyo tiene un picado que pudiera ser una fuente de problemas con los ingenieros que la revisen. Para que os hagáis una idea, se ve tal que así:



Así que me di una vuelta por esos recambistas de Dios y me llevé un susto considerable. Dependiendo de dónde mires, hay quien te lo vende a plazos. Pero no necesariamente cómodos: a 25 mortadelos la parábola y otros tantos el cristal. La bombilla aparte, claro. E incluso algún virtuoso pone los precios sin IVA para que luego te lleves la alegría de estar contribuyendo al sostenimiento de la causa.

Yo entiendo que la gente tiene que ganarse la vida, y me parece normal que marquen un sobreprecio por un producto cuando se han tomado la molestia de buscarlo, comprarlo y asumir el riesgo de depreciación metiéndolo en su stock. No te digo ya nada si además se trata de alguien que ha arriesgado su dinero fabricando una serie de piezas que no sabe si podrá vender o no: eso hay que agradecerlo, y el mejor modo es pagando. Pero cuando piensas que te están atizando unos márgenes irracionales sin aportar mucho valor, la verdad es que me suele sentar mal y procuro buscar alternativas.

Justo lo que me pasó con el faro. Cuando vi aquel despiece a chorrocientos euros la pieza, pensé que tenía que haber alguna alternativa. Y lo primero que hice fue tirar por el camino más corto: me fui a la web de Rinder a mirar si en el catálogo había algo remotamente parecido al faro de una Impala. Localicé 5 modelos de 138 mm de diámetro, cuyas diferencias parecían ser si llevaban o no luz de posición, y si estaban hechos para ser montados a derecha, izquierda o cualquier posición. De tal modo que, como no me aclaraba, opté por preguntar en el foro de La Maneta donde el bueno de Eladio me dijo que el 660 era un faro especial para tractores, que encajaba perfectamente en la Impala y la Impala 2, y que tenía unas pestañas de fijación que bastaba con retirar con cuidado para que se pudiera usar sin problema. Con esos datos escribí al correo de Rinder y pregunté por distribuidores en Madrid. Me contestaron rápida y amablemente y me planté en el más cercano a casa, para encontrar lo que buscaba:


En las fotos de arriba podéis ver el faro en su caja con las pestañas, y el resultado de agarrar un alicate y doblar arriba y abajo las pestañas con cuidado unos minutos. Pero la foto que os va a gustar es la de abajo.


16,14 euros por el faro, dos bombillas de 12 voltios y 40/45 Watios, más un casquillo. IVA incluido, por supuesto. Si consideramos el faro aisladamente, estaremos hablando de 8,27 euros a los que sumar el 21% de IVA para ponerlo en un precio final de 10,0067 euros. Que hasta los 50 que me pedían va un recorrido del 500% si no estoy muy equivocado.

Y cuando llegué a la Estepa con el Rinder en la mano, resultó que Eladio tenía razón y queda clavado de tamaño en el cerco de la Impala 2:


Eso sí, para decir la verdad completa, hay un inconveniente si eres muy purista: el faro original está preparado para usar bombillas con casquillo Bosch de tipo BA20D, mientras que la alternativa que os presento es para lámparas de casquillo R2. Estas lámparas se pueden usar con un casquillo como el de la foto:


... o poniendo los conectores directamente a la bombilla, que es lo que yo hice al final, porque el conector chocaba por unos milímetros con el cuentakilómetros de la moto. No hice fotos de eso, pero sí del cambio de pasacables en el coco original para evitar que se rajaran las fundas:


Comprados en Eguía, a unos 60 céntimos la unidad si no recuerdo mal. Una chorrada, pero da gusto terminar las cosas bien.

Pero como nunca hay felicidad completa, después de poner el escape Sport Rally de mi Impala Turismo en la 2 (de lo que no hice fotos) comprobé que no tenía luz de freno. Y después de un rato de tester, el culpable es el interruptor de abajo, cuyo funcionamiento era errático:


Al llegar a casa con 3 en 1 y cariño ha vuelto a funcionar, pero como no quiero jugármela, mañana me llegaré a la tienda de recambios antigua de al lado de casa a ver si tienen algo equivalente.

¡Va quedando menos!