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sábado, octubre 22, 2011

El proyecto 24 Horas y mis dos motos de (otras) carreras

Mañana de sábado en la Estepa con idea de terminar la 247 para que José María afrontara su primer Cabrianes pre-72 con garantías ... y ya puestos, montar un poco, que hacía tiempo que no usaba una trialera. Inicialmente se apuntaban también Carlos, que finalmente se quedó en cama con gripe, y Pepe, que tenía lío familiar y no apareció.

Con tanto agobio como tenía con el fraguado de la fibra con que había reparado el depósito el fin de semana anterior, no caí en que la visita a la Estepa era también el traslado de mi chasis 24 Horas con sus fibras. Pero según subí al coche de José María y vi la moto guardada dentro de la funda en que vino de la Montesada, supe que no dejaba pasar la oportunidad de hacerle un par de fotos. Y ya que estábamos en faena ... ¡¡qué menos que juntar motor y chasis por primera vez!!

El resultado es el de la foto de abajo. Una preciosa base sobre la que ponerse a trabajar:


Por más que lo escriba doscientas veces, nunca podré agradecer lo suficiente a Pep Itchart y al resto de amigos del Motoclub Impala toda la ayuda que me están prestando con el proyecto. El trabajo es de una calidad fuera de serie, como puede apreciarse en las fotos de detalle. La primera de ellas muestra el chasis cortado por abajo y la pletina que hace posible regular el asiento en función de la talla del piloto:


La segunda permite apreciar los soportes, ya previstos, para cúpula y/o carenado completo en caso de que algún día queremos ponerlos:


Y la tercera muestra otro detalle estupendo: los agujeros donde entran los tornillos del protector de plástico se han rematado con unas tuercas fijas que harán mucho más sencillo ponerlo y quitarlo. Lástima no haber tomado un detalle del refuerzo del basculante, donde el trabajo ha sido fantástico. Se puede ver un poco en la primera de todas, pero no le hace justicia.


Edito y añado foto cortesía del Samsung Galaxy del camarada Domínguez que sí tomó una muestra cercana del basculante de la Impala 24H. Creo que merece la pena:



En fin, que después de pasar unos minutos dando la bienvenida al nuevo proyecto, nos pusimos con la 247. Comprobamos que el arreglo del depósito había quedado bien, dejamos el aceite en orden, repasamos cuatro detalles más, y sacamos la 349 que llevaba parada desde no recuerdo cuando. Pero mucho. Como pasa siempre con ella, cero problemas. Tanto que esta vez no arrancó a la segunda patada como suele ser su costumbre, sino a la primera. Así que ... ¡¡al campo!!

Y la cuestión era simple. Se trataba de poner la moto lo más al gusto posible de su piloto ... y acostumbrar a éste a manejarse con una montura que queda lejísimos del tacto de su habitual Cota 330 con la que ganó el campeonato de Madrid hace años.


Creo que no miento si digo que lo único que hubo que hacerle a la moto fue quitar algo de pretensión a los amortiguadores traseros, que iban tarados cuando yo pesaba 20 kilos más que ahora, y que hacían perder tacto en bajadas. Nada más. No poco más, sino nada más. La moto sigue yendo como se supone que debe ir y no da el más mínimo problema. Incluso le arranca bien, que no es una de las cosas en las que José María destaque particularmente.


Yo no monté demasiado, la verdad. Estuve más pendiente de ver el espectáculo, porque no son muchas las ocasiones que uno tiene para ver una 247 Tambores Grandes en acción. Y me sigue pareciendo una moto preciosa. En la foto de abajo, mis dos motos de carreras. Pocas cosas me han dado en la vida tantas satisfacciones como esta pareja:


Ahora toca esperar que el próximo fin de semana mi moto trate a mi compañero con el mismo cariño con que me ha tratado a mi hasta la fecha. Si es así, tendrán un Cabrianes estupendo.

Y amplío también por el final añadiendo foto sicológica de la Tambores Grandes Manchega, a cargo de Domínguez. Hay que reconocer que desde que sus instantáneas han perdido la dominante azul que les daba el anterior teléfono, ganan mucho en calidad. Aunque tal vez sean algo menos personales.


martes, julio 26, 2011

Un par de Monoblocks

Esta tarde pasé de nuevo por Iniesta, con idea de llevarme otra caperuza de filtro de aire de Impala 2. La razón es que Acervo (un compañero y amigo de La Maneta) recomienda taladrarla para mejorar la circulación de aire ... y como sé que terminaré probando y que la operación no tiene marcha atrás, pensé que era buena idea llevarme el último. Total ... por diez euros me lo puedo permitir.

Además, había quedado con José María por allí, y tenía que mirar una llanta para la Crono de Jaume y un guardabarros para una Cota 310 de Jesús. Magníficas excusas todas ellas para echar otro rato con Pepe y Mari y ver qué ofrecía el destino. Y el destino ofreció esto:


Dos carburadores Amal Monoblock, incompletos pero interesantes. Un 376/22 de Impala Sport primera serie y un 389/30 que parece ser de Sport 250. Si fuera así, casi el carburador ideal para el proyecto 24 Horas. Y con detalle por parte de Pepe, que me regaló una campana sin uso y un capuchón de goma para el carburador grande.

Habrá que mirar por donde localizo lo que les falta para volver a ser piezas en activo. Igual el 22 es una buena opción para sustituir al Concéntrico de 25 que llevo en la Turismo. O, al menos, ofrece interesantes posibilidades de enredar un poco, ¿verdad?

lunes, julio 25, 2011

El motor del proyecto 24 Horas II (montaje de motores Montesa 5 marchas I)

Último fin de semana en la Mancha, dado que Agosto será mes de Chiclana, como siempre. Aproveché para avanzar un poco con el motor del proyecto 24 Horas cuyo chasis está en proceso en Barcelona. Y, a sugerencia de Fernando, continúo con la serie dedicada a la apertura y cierre de motores Montesa que comenzamos con una primera entrada sobre desmontaje.

Hoy empezamos con el montaje, en mitad de una resaca bastante consistente, cortesía del bueno de Ángel de Areba, que ayer nos regaló una fiesta de cumpleaños verdaderamente inolvidable. Sé que no es una excusa brillante, pero ... las fotos salen como salen porque se me olvidó coger la cámara, y el teléfono da de sí lo que da de sí. Además de que mi pulso no estaba como para robar panderetas.

Yendo al grano, lo primero que hago con estos motores cuando se trata de poner los cojinetes, que es el primer paso para el montaje, es calentarlos. Prefiero un horno porque se corren menos riesgos de deformaciones que cuando aplicamos calor sólo al alojamiento del cojinete mediante soplete o pistola de aire. En mi caso, el horno es el antiguo Balay de casa, que me traje a la mancha. Abajo lo podéis ver con los dos semicárteres centrales dentro.


La temperatura la suelo fijar en torno a 170 - 180 grados, que es suficiente para una buena dilatación de los asientos sin poner en riesgo el aluminio, que funde mucho más arriba.


Mientras se calienta el motor, preparamos el material que vamos a emplear, que no es mucho: unos alicates de punta fina para sujetar los cojinetes, un mazo de nylon y un spray congelante.


Por supuesto, antes de sacar el motor del horno, hay que protegerse las manos. En mi caso, uso tres capas: unos guantes de vinilo pegados a la piel para no mancharme; sobre ellos, unos Mechanix clásicos, y por encima unos de soldador, mucho más aislantes. Con eso es suficiente para poder sacar las piezas del horno sin problemas.


Una vez apoyado el cárter caliente en una superficie plana (prefiero madera, que es menos dañina para el aluminio), se toma el spray de congelación y se aplica sobre el cojinete para bajar su temperatura y conseguir que el metal se contraiga. A continuación se coge con los alicates de punta fina y se presenta sobre su asiento en el cárter.


En mi caso, finalizo la operación ayudándome con el astil de la maza de nylon, que es de madera y no resulta perjudicial para el rodamiento. Bastan un par de toques suaves para que notes perfectamente como la pieza está perfectamente en su sitio.


Es decir ... que con diez / quince minutos de horno consigues colocar los cuatro rodamientos de los ejes primario y secundario sin ninguna dificultad.

Hecho esto, aproveché para colocar los tres rodamientos que lleva el cigüeñal 34M que emplearemos para esta moto. Se trata de tres unidades de 6205 en tolerancia C3, de los cuales se sitúan dos en la salida de la primaria (en lugar de uno como en las Impalas o Cotas 247) y uno en el lado del encendido.

En nuestro caso, los compramos de la marca SKF (junto con los FAG son los más conocidos probablemente) y de tipo "cerrado", que suelen ser los más comunes en la actualidad. 


El cierre puede ser con goma o con chapas y tiene como objeto mantener una grasa especial dentro del cojinete. Para el uso que vamos a darle (un cigüeñal que se lubricará con el aceite de la mezcla de gasolina) debemos retirar las tapas antes de montarlos. Esto se hace de un modo muy simple, empleando un destornillador fino:


Espero que la idea quede clara pese a la falta de calidad de la foto anterior. El resultado de presionar y hacer palanca es que nos quedamos con las chapas en la mano en un santiamén.


... momento en el cual aprovecharemos para meter los cojinetes en aceite SAE 90 caliente, para dilatarlos lo más posible, cosa que nos facilitará enormemente su montaje en los respectivos manguetones del cigüeñal.


En el caso de los motores 34M (y otros de la época) no debemos olvidarnos montar entre ambos rodamientos el separador que se aprecia en la imagen de abajo. Recordad que el lado que tiene hendiduras debe quedar mirando hacia el exterior tal como se ve:


La última imagen de la serie es par que se vea lo robusto que queda un cigüeñal 34M con todos sus adminículos. Para un motor con en torno a 20 caballos, debe ser medio eterno a poco que se emplee un aceite de calidad en la mezcla.


El siguiente paso será montar retenes y el resto de componente, pero tardaré en contarlo porque me falta una decisión crítica por tomar: si empleo directamente un cambio completo de Cappra MX, o si hago un cambio "Blitz" mezclando las tres primeras relaciones de la King con las dos últimas de la Cappra MX. Se supone que la primera opción es estupenda en circuito pero poco usable en la vida real, mientras que la segunda te da un cambio mixto bastante interesante. Lo pensaré tumbado en la arena dentro de unos días.

Y como no hay día de taller sin su disgusto, cierro con una foto del cigüeñal de Impala que pensaba emplear en mi moto ... y que tiene una fisura preciosa junto al bulón de la cabeza de biela. Lástima, porque iba a haber abierto el motor para cambiar un cigüeñal por otro y tendrá que esperar.


Lo que sí he hecho ha sido montar la caperuza del filtro de aire de Impala II que compré el otro día, y comprobar que recorta muchísimo el ruido de admisión.

Continuará ...

lunes, junio 20, 2011

Impalada 2011. La primera, si Dios quiere.


Empiezo esta crónica pasada la medianoche que nos llevará al Lunes 20 de Junio. Pronto habrán pasado 48 horas de que sonaba el despertador para arrancar con mi primera Impalada, y sigo sin tener claro cómo meterle mano a esta experiencia. 

Esta mañana, mientras desayunaba frente al mercado del Born en Barcelona, recibí un cariñoso correo de Pep Itchart con el que me adjuntaba una foto en la que sonrío mientras su hijo me fotografía a los mandos de su preciosa King Scorpion. Esta tarde, en la última comprobación de correo antes de despegar del Prat, dos correos más y varias fotos. Jaume y Nacho también me mandan la parte de la historia que viví con ellos y me dicen que esperan leer estas líneas.

Dos párrafos y van ya tres amigos. Tres amigos, varias fotos, y un montón de momentos a los que me temo que no sacaré el jugo literario que merecen. En el fondo, días como el que intentaré contaros me dejan claro que no soy más que un pobre juntaletras que tiene la suerte de haber dado con todos vosotros. Lo que hace diferente la historia de hoy es el miedo a no saber devolveros un poco del montón de felicidad que me habéis proporcionado en estos días en vuestra tierra. 

Pero os la debo, así que allá vamos.

Primera foto: la Pedrera con mi mujer. Hecha por mi hija Myriam, mientras disfrutaba de nuevo de Gaudí esta tarde de Domingo. Debí haber empezado el relato con una foto de la mañana en la Sagrada Familia, pero ninguna de las que tomé me trasmitía la emoción que me produjo entrar al templo por la puerta de la Expiración y verlo en su estado actual. No sé qué habrá pensado la guía, pero se me cayeron dos lagrimones como a un niño pequeño.


Empiezo con ella porque creo que nunca había traído al blog una foto de mi mujer, cuando ella es realmente la que hace posible que os cuente esos disparates con los que Ramón se ríe pensando que "estoy enganchado". Y además está hecha en uno de los lugares que forman parte de una Barcelona a la que amo profundamente; la Barcelona de la Sagrada Familia, de la casa Batlló, de la Barceloneta, del parque de Montjuich, del Paseo de Gracia, del Barrio Gótico, de Santa María del Mar, del arroz a banda de Casa Julio. La Barcelona de Pep, de Jaume, de Fernando, de Ramón, de Eugeni, de Arnau, de Pim, del otro Jaume y de tanta otra gente que forma parte de un paisaje donde siempre me siento como en casa. La Barcelona que mi mujer ama conmigo y que mi hija ha empezado a entender y a hacer suya este fin de semana.

Siete y diez de la mañana. Paseo del Born, frente al mercado. Pep ha ido a por su Texas mientras, rodeado por una ciudad dormida, miro la moto con la que compartiré el día. Sensaciones complicadas de volcar a un papel; estoy de vuelta en mi infancia, cuando vi por primera vez esa moto con mi tío Luís a los mandos. Pero también tengo dieciocho y la moto es mía.

Aunque no olvido aún que es de Pep, una persona cuidadosa y que adora sus Montesas. No es sólo agradecimiento por la oportunidad de estar aquí hoy. Hay también una tremenda sensación de responsabilidad. Y dudas. ¿Y si me voy al suelo? Me estoy poniendo histérico sólo de pensarlo.


Miro el parcial mientras intento familiarizarme con los mandos antes de que vuelva Pep, que ha ido a por la Texas. Necesito hacerlo porque confieso que mi King no ha hecho ni diez kilómetros desde que la arreglé, y necesito refrescar sensaciones que pertenecen a un pasado que se remonta veinte años atrás. Se supone que en un par de horas voy a estar a los mandos de esta belleza en mitad de paisajes cuyos nombres son leyenda absoluta entre los moteros de la región más motera de España. Sé que esto no va de demostrar nada a nadie, pero ... ¿os imagináis cantar un villancico en la Scala de Milan? ¿Y hacerlo mientras Pavarotti te mira?

Pues así se sentía el autor de este dislate cuando repasaba mentalmente nombres como Collformic, el Parque del Monseny, Seva ...


Tan metido estaba en mi agobio, que empecé la jornada con una primera demostración de conocimiento y soltura al arrancar la moto. Una patada con cara de "esto lo hago yo todas las mañanas" y ... nada. Dos y nada. Carburador cebado, y la King sigue muerta. Menos mal que Pep me dijo con suavidad aquello de "yo tampoco me acuerdo nunca de poner la llave". Espero que pensara que el color de mi cara era un homenaje más a la marca, como mi chaqueta o mis guantes.

En fin, que arrancada la King, empezamos a movernos por Barcelona. El motor es tan suave como recordaba. Tres primeras marchas bastante cortitas y que metes como en una trialera, una cuarta algo más larga y una quinta bastante descolgada que te permite cruceros razonables sin pasar la moto de vueltas. No mucha potencia en altas, pero buscas la sexta en ocasiones. Dije por algún lado que la distribución de este cilindro me parece calcada a la de las 247 y sigo pensando lo mismo. Algún día los mediré.

La cabra tira al monte y ya me estoy yendo a la mecánica. Reenfoco el objetivo y sigo con la crónica. La foto de abajo está tomada por el hijo de Pep desde su Texas 250. Una moto que suena a Impala vitaminada y que tiene pinta de andar como un tiro.


Con una parada previa en una gasolinera, donde hice alguna foto que no incluyo por no salirme de la línea central de la historia, llegamos al restaurante Mas Corts en Sant Frost de Campsentelles, desde donde se daría la salida al recorrido previsto. Como Nacho Bartlett ya andaba por allí, aparcamos las motos juntas, y la foto tiene poco desperdicio: una King Scorpion de segunda serie flanqueada por la Texas 175 de Nacho y la 250 de Pep. Probablemente, tres de las Montesas más exclusivas, en perfecto estado de revista y preparadas para irse de excursión. De no ser por mi casco moderno, la imagen podría estar tomada en la época del nacimiento de estas tres princesas.


En Mas Corts nos reunimos con Eugeni Tiana (amigo virtual hasta ese día y propietario de una preciosa King) y Fernando Piris. Eugeni, con quien rodamos luego un buen rato, me trajo un regalo del que luego hablaré, y Fernando se acercó sólo para saludar porque no habían podido poner a punto la Impala 175 en que pensaba haber venido. Una auténtica lástima porque el Piris es ese tipo de persona con la que siempre tienes una conversación pendiente. Y no necesariamente de motos; un ser humano de tal categoría personal que casi llegas a olvidarte de que sea bultaquista. Si no digo la estupidez reviento, pero ver a Fernando fue una de las alegrías del día, y daría algo porque esa Impala esté por la labor el año que viene. Que sé de más de uno que ya está buscando montura para 2.012 ... sin necesidad de leer crónicas. Ese uno del que hablo resultó ser uno de los personajes más populares del imaginario colectivo como propietario y cosufridor de un aparato mítico para muchos de los asistentes: la genuina Cota 247 Cojones Grandes por la que todos preguntaban con verdadero interés. En la foto, Eugeni, un impalero cuya filiación desconozco, servidor y Fernando.


Más fotos: Fernando, servidor, y Nacho:


Entre saludos a unos y a otros nos inscribimos y pudimos ver al bueno de Jaume Domínguez que andaba liado con las inscripciones, la entrega de acreditaciones y todo el jaleo administrativo que los compañeros del Moto Club Impala (digo orgullosamente compañeros porque, aunque sea el último mono, ya soy el socio nº 190) gestionaron con una eficacia maravillosa. Mientras tanto, el parque cerrado crecía y crecía, tal como puede verse en la foto. Auténtica marea roja.


Y aquí me fui a la cama a la una y media de la madrugada. Son las siete y cuarto del lunes y me acabo de levantar habiendo repasado en sueños todo el fin de semana una vez más. Continuo con mi historieta. Como Pep iba de organizador y tenía que estar en mil sitios a la vez (algún día sabré cómo hace para multiplicarse y mantener una calma que traslada allá por donde pasa), quedamos en salir juntos el señor Barlett y yo. Y creo que fue una elección perfecta. Nacho no sólo conocía bien el recorrido, sino que monta en moto estupendamente, y sin abandonar nunca el sentido común. Fue un auténtico placer seguirle por la primera parte de la excursión, aprender de sus trazadas y admirar lo bien que va esa Texas con sus 175 centímetros cúbicos. Sé que no es una comparación muy ortodoxa, pero cuando luego pude probarla durante unos kilómetros, me recordó mucho al concepto de mi BMW R1200GS: una moto de manillar alta, pero muy ágil y con una estabilidad estupenda. Disfruté con ella en las curvas ... sin ser consciente de que monta atrás un neumático de trial ... pero es que venía de muy atrás viendo a Nacho trazar sin miedos de ningún tipo, y no lo pensé dos veces.

El recorrido, una verdadera maravilla. Soy perfectamente incapaz de contarlo con detalles geográficos precisos porque no me son familiares casi ninguna de las poblaciones que atravesamos, ni la cabeza me da para poner en orden tantísimos kilómetros. Pero sí sé que es el paseo más bonito que haya hecho en mi vida a bordo de una moto. Prácticamente todos los tramos fueron de los que te hacen desear parar cada dos kilómetros a coger la cámara de fotos y dispararle a todo lo que tenías alrededor: las motos, las personas, el paisaje ... toda una mezcla de elementos que contribuyeron a una experiencia impresionante.



Pero paramos poco. Primera razón para que haya hecho pocas fotos. La segunda fue que en cada parada había gente encantadora que se acercaba a charlar un rato conmigo. Algunos, compañeros de La Maneta; otros, procedentes del foro online de Nacho. Daba igual la procedencia: todos con una sonrisa y una palabra amable en la boca. Muchos de ellos, gente interesante con la que hubiera deseado pararme mucho más de lo que pude.  La foto de abajo, hecha en pleno Montseny, recoge a dos de ellos: a la izquierda José Antonio (acervo en la vida online), a la derecha, Jaume (JaumeDNA en el ciberespacio). Con ellos estuve un rato agradabilísimo en el tramo final de la Impalada.

Antes de esa foto, habíamos parado a repostar en Tona, otro de los escenarios que forman parte de mi vida, y donde aparecemos todos los 12 de Octubre que podemos para compartir la Montesa-da, que es como a Pim le gusta escribirlo.


En el Montseny pasaron algunas cosillas destacables que sí recuerdo. Apareció Davidbf, un manetero de los de siempre al que me hizo ilusión saludar. Puse mal la pata de cabra de la King, que se fue al suelo con alguna consecuencia que no supe ver en el momento. Y por si fuera poco, Jaume me dijo que le apetecía rodar conmigo ése tramo. Jaume, para quien no lo sepa, es montesista por parte de padre. Su padre trabajó en Montesa toda la vida, y de aquella fábrica salió para él la Impala 2 que Jaime heredó ... y de la que afirma no saber qué tiene en el motor. Y yo no sé qué tendrá, pero lo que sí sé es que fui tras él unos pocos de kilómetros en algunos de los tramos más retorcidos e incluso algunos kilómetros de autovía. En unos me costó trabajo seguirlo porque Jaume monta en moto como los ángeles. En otros, mi 250 daba para seguirlo, pero a costa de abrir el gas mucho más de lo esperable con la teórica diferencia de potencial que había entre los dos motores. El día que abra el motor, quiero fotos.

La foto de abajo me la envía Jaume, y se le ve con su Impala 2 carenada conmigo al fondo. Juraría que en los alrededores de Granollers, pero no estoy seguro. De lo que sí estoy seguro es de que el rato que rodamos juntos fue toda una experiencia. Hubo momentos largos en que me olvidé por completo de que la moto fuera de Pep, de que ya no tengo veinte años, de que el cambio estaba a la derecha y de todo aquello que una persona sensata hubiera tenido en cuenta. Me limité a sentir. La King y yo éramos una misma cosa, y la carretera poco más que una excusa para fundirme con ella. Jaume iba delante marcando un recorrido que conocía bien, y cada vez que él tumbaba, frenaba o levantaba la moto, mi propia Montesa seguía sus movimientos con una fluidez que nunca me habría creído capaz de imprimirle.




Nacho, que venía detrás, me vio pisar dos líneas continuas y decidió que mejor nos reuníamos en la comida. Y yo seguí a Jaume olvidándome de dos cosas que luego me dieron la lata un rato. Por un lado, la correa del casco se había aflojado y el viento lo levantaba incómodamente por la visera en los tramos rápidos. Por otro, la maneta de freno se había quedado floja con la caída en el parking del Montseny, y se movía arriba y abajo haciendo extraña la operación de frenar. Menos mal que, un rato después Eugeni me prestó un destornillador mientras charlábamos con Keus, otro manetero de pro que se acercó a un reagrupamiento a saludar amigos.

Desde allí pusimos rumbo de nuevo al restaurante Mas Corts, donde esperaba otro rato para recordar, aunque ya no fuera a bordo de una moto. Porque la mesa en que comimos era un lujo asiático de nuevo. El bueno de Ramón Valls se había acercado a comer con nosotros, y lo tuve a mi izquierda todo el tiempo, partiéndose de risa a mi costa. A Ramón lo conocéis porque es parte importante de estas páginas (es el punto de unión de muchos de nosotros) y de mi vida. Un tipo verdaderamente especial, que nos ha arreglado mil problemas a todos, siempre con una sonrisa burlona en la cara. Todo un detalle por su parte haberse venido, sólo para sentarse con Nacho, con Pep Itchart, con Pep Russinyol, con Jaume, con Xavi Arenas ... y así hasta cubrir las diez plazas que tenía una mesa que fue un broche agradabilísimo para un día redondo.

La sobremesa, otra delicia hablando del proyecto 24 Horas, de mil curiosidades en torno a nuestra afición, de amigos comunes y de experiencias con motos. Algunos momentos increíbles, como cuando alguien me contó que al descubrir este blog no pudo evitar imprimirlo y que lo tiene en la mesilla de noche ...

De ese rato recuerdo con especial cariño la charla con otros tres adictos a las King: Jordi Arandes, Toni López y Eugeni Tiana. Toni es todo un poeta, a quien tengo que pedir permiso para traer a estas páginas una conversación que tuvo con su King Scorpion, y que cada vez que leo me hace sentir vergüenza por tener la mía parada en un garaje. Jordi es otro amigo que empezó como una consulta nacida en estas páginas y lleva años apareciendo en mi vida con una sonrisa y dando siempre veinte veces más de lo poco que recibió de mí. Y Eugeni es un figura; un tipo con una sonrisa socarrona, que admite ser más bultaquista que montesista, pero que se baja de una 247 para subirse en una King con la misma naturalidad con que te regala algo tan especial como ésto:


Que sí, que somos unos frikies, pero ... ¿se os ocurre mejor modo de describir el día que estábamos cerrando? Un millón de gracias, Eugeni. Ojalá nos veamos el año que viene en esas curvas de tu tierra.

Y siento que la lógica me va acercando a un final que linda con mi hora de irme a la oficina. Y que me faltan veinte anécdotas más con que hacer justicia a todo el cariño que rodeó ayer. Debería hacer mención de la charla con Impalable, con Esteve, con los buenos de Kalatrava y Guillén (murcianos de pro de La Maneta a quienes saludé en la comida), de XaviSR, y de muchos más. De los amigos del Moto Club y el rato charlando con "Coro" sobre secretos de las motos de carreras de la época. Y de tantas otras cosas. No, Óscar, no me olvido de ti, compañero. Pero me resulta complicado hablar de alguien capaz de mantener el buen humor en medio de la que te tocó vivir. Siempre das ejemplo de muchas cosas, y ayer no fue una excepción. Seguro que la del 2012 es la tuya.

Y voy cerrando. Terminada la comida, bajada hacia Barcelona siguiendo a Pep hasta el garaje de casa. Preciosa la entrada en Barcelona desde la montaña. Tanto como para recordarla pese a tener lugar al final de un día tan completo como el sábado. 

Y última foto mía, con el cuentamillas de la King al dejarla descansar. Marca 426 millas. Que si los cálculos no fallan, hacen un total de 143 desde las 7 de la mañana. 228,8 kilómetros en total.

Todo un día para recordar durante una vida.



Y si abrí con mi mujer como clave oculta en todas estas historias que os cuento, es de justicia que cierre con la otra persona sin la que esta experiencia no se hubiera producido. Me ha costado trabajo encontrar una foto en la que se le reconozca, porque no paró un solo minuto (como no había parado durante mucho tiempo antes para que un montón de gente que no lo conoce sea un poco más feliz). A la derecha de la foto de abajo, medio de perfil, con su Bell de época y su barbour Clice, Pep Itchart.


Pep es el dueño de la King, el diseñador de mucha de esa comunicación tan cuidada que hay en torno al Moto Club Impala, el marido de una mujer que también monta en moto y el padre de un niño al que tiran más los mandos de una Cota 49 que el asiento de atrás de una Texas, pero que ha aprendido de su padre a hacer felices a los demás haciendo fotos desde la moto amarilla que algún día será suya. Pep es quien pone a tu disposición una moto única a la par que te hace sentir que es feliz de que la uses como si fuera tu propia moto. Pep es una de las personas que mejor encarna esa Cataluña de la que hablaba al principio de mi crónica. De los que hacen bueno el tópico de que no hay amigo más fiable que un catalán cuando es tu amigo. De los que se pondrán colorados al leer esto, pero no me lo dirá nunca por no molestar.

Te debo otra, amigo. Y espero verte de nuevo en la de 2.012.

Moltes graciès a tots.


domingo, junio 12, 2011

El motor del proyecto 24 Horas (desmontaje de motores Montesa 5 marchas)


Tras leer una de las últimas entradas sobre motores, me sugería Fernando Piris en un comentario la posibilidad de comenzar una serie de artículos sobre montaje y desmontaje de motores Montesa. Y sin pensarlo mucho, le dije que me comprometía a ello. Así que, dado que tenía que empezar a trabajar sobre el motor de la futura "24 Horas", he aprovechado para hacer las cosas con calma, tirar de método, y hacer un uso extensivo de la cámara de fotos, con el objetivo de cumplir con la palabra dada. Ojalá sirva de algo para alguno de los lectores.

El motor que voy a emplear en esta moto -no podía ser de otro modo- es un King Scorpion. Concretamente un "primera serie" de numeración 34M0717, que proviene de casa de mi amigo John Haberbosch, a quien se lo pedí hace un tiempo con idea de hacer un motor rápido para la segunda King Scorpion que hay en casa. Este motor vino de casa de John desmontado y metido en una caja, con las piezas bastante ordenadas en bolsas "zip", tal como John suele mandarlas. Y así ha pasado un par de años hasta que esta mañana lo empecé a sacar. Abajo se ve una foto de como estaban las cosas sobre las 9 de esta mañana:


Veréis que los cárteres venían pintados de negro, con lo que tocaba decapar, cosa que hice con Zylaxel, que da un buen resultado sin dañar el aluminio. Por supuesto ... guantes de goma hasta el codo porque es enormemente cancerígeno.

Siguiente paso, fotografiar. En este caso, tapa izquierda del cárter donde se aprecia en doble cojinete que estos motores llevan en el manguetón izquierdo del cigüeñal, a diferencia de los motores Impala (o Cota 247, que van con un rodamiento). El listado de rodamientos lo tenemos en el libro de despiece, pero nunca está de más ir fotografiando para tener referencias. Observad que entre los dos cojinetes hay un separador, que veremos luego en una foto adicional.


Foto de detalle del cárter izquierdo donde puede apreciarse bien la numeración de los cojinetes del cambio. Se ve que el casquillo de bronce del arranque está bien y no necesita ser reemplazado. De hecho, a estas alturas, se aprecia con claridad que el motor no ha sufrido maltrato al ser reparado. No hay golpes, no hay señales de sobrecalentamiento, no hay restos de pegamentos raros ... todo en orden. Hasta este momento casi se podría pensar que el motor no fue abierto desde su fabricación hasta que John lo desmontó para mandarlo a España.


Foto del semicárter derecho con el segundo casquillo de bronce del arranque (también en buen estado), el único cojinete del lado derecho del cigüeñal, y el famoso cojinete "de contacto angular" que no hay quien sea capaz de sacar del alojamiento sin un extractor muy especial ... que no tengo. Como está en aparente buen estado, asumiré de momento el riesgo de no reemplazarlo, porque puede ser más dañino intentarlo sin las herramientas adecuadas.


El siguiente paso es extraer los retenes, que desecharemos. No vale la pena arriesgar aquí por el coste que tiene reemplazarlos. La herramienta que se ve en la foto es de procedencia Ebay, y una verdadera maravilla, que permite trabajar sin rayar los alojamientos de los retenes, como puede suceder si lo hacemos con el método de "destornillador plano fino y martillo".


Aquí encontramos un indicio claro de que el motor ha sido reparado tras salir de fábrica. El retén derecho del eje de selector de cambio está montado al revés. Debía ir, como siempre, con la parte del muelle hacia el interior, y sin embargo está al revés.


El siguiente paso sería desmontar los portaretenes del cigüeñal, operación que comenzamos por el derecho. En la foto pueden apreciarse perfectamente los tornillos rotulados como "UM" que empleaba Montesa en todas sus motos.


Con un destornillador plano (o un botador a propósito) se enderezan las pestañas de la pieza de aluminio que asegura que los tornillos no saldrán de su posición una vez montados.


Un truco: a veces, el retén del cigüeñal es complicado de sacar del porta. En ese caso, lo más seguro para la mecánica es montarlo al revés en su alojamiento. Basta poner tres tornillos, y con eso se puede emplear la herramienta sin miedo a deformar nada:


Con el porta izquierdo haremos lo mismo ... con una salvedad. Este porta va sujeto por seis tornillos de cabeza cónica. Al invertirlo, si usáramos los tornillos cónicos, pondríamos en riesgo los alojamientos porque estaríamos trabajando sobre su parte más débil. Así que volvemos a usar los tornillos hexagonales del otro porta, que apoyan planos sobre éste, y no jorobaremos nada.


El siguiente paso, como se debe hacer siempre, es acumular las piezas de cada grupo en un montoncito. Observad que he dejado incluso la junta original para poder medir su espesor. Es este caso, 0,65 mm de junta de color negro ... de época absolutamente. Evidentemente, una vez medida la junta, va al cubo de la basura. El cigüeñal tenía varias arandelas de reglaje, que mantenemos en su grupo correspondiente de cara al montaje.


En este momento, lo suyo es abrir el cuaderno de taller y tomar notas sobre medidas y disposición de los elementos que deberán ser montados luego en un orden concreto, como es el caso. Ya aproveché para tomar nota de los retenes y cojinetes que necesitaré cuando nos pongamos con el cierre del motor.


Tomadas las notas, pasamos los elementos que guardaremos agrupados a la lavadora de piezas, para limpiar y desengrasar. Tened en cuenta que los alojamientos del cigüeñal son uno de los puntos donde la grasa se vuelve más sucia dentro de un motor. Hacer esto ahora es un poco rollo, pero se agradecerá en fase de montaje, porque nos evitaremos manchas y "sensación de espesor" mientras vayamos trabajando.  Por si alguien se da cuenta, el cigüeñal que vemos en la parte de arriba de la lavadora no es el de este motor, sino de un Impala.


El mismo tratamiento de desengrasado lo aplicaremos también sobre la tornillería. Es mi caso, metí en un vaso todo lo que quería desengrasar, y luego se le pone el chorro encima durante un rato, y asunto terminado. Se secan con un trapo, y tan contento.


El siguiente paso es agrupar, con precinto de bolsas de basura, los elementos en grupos, para evitar errores en la fase de montaje. Observad que, en este caso, mantengo los retenes, dado que mi memoria es pésima, y que al montar es importante poner el "SD" en su sitio y el "D" en el suyo. Estas letras indican sentido de giro en los retenes que van montados en el cigüeñal. Si alguien leyó la hoja del cuaderno de arriba, verá que también allí dejé constancia por si acaso.


Toca turno de meter los cárteres (ya decapada la pintura negra, proceso que omito por no ser general) en el horno, a unos 180 grados de temperatura. En mi caso, bandeja abajo y activo horno y grill simultáneo, por si alguien tiene la duda. El horno procede de mi casa; lo guardé para llevarlo al taller cuando mi mujer decidió que era hora de reemplazarlo por uno nuevo. Y se le saca un partidazo, conste. El fundamento teórico de esto está en que los coeficientes de dilatación del aluminio y el acero son diferentes, y esto facilita que los cojinetes salgan con facilidad.


Truco adicional: si desmontamos los rodamientos, podemos hacer dos cosas: guardar las bolas (algunas son útiles para reemplazar las de las palancas de arranque, por ejemplo), y fabricarnos un botador de cojinetes ... si tienes torno y le comes unas décimas al exterior, como pretendo hacer luego.


Finalmente, aproveché para ponerme como un cerdo puliendo los cárteres, de forma que quedara todo preparado y limpio para el siguiente día, donde nos meteremos de lleno con el montaje.


La verdad es que termina uno hecho una lástima, pero el resultado es de los que dan mucho gusto: fijaos lo bien que refleja mi imagen en la foto. Y si, el delantal de trabajo es Montesa. Friqui que es uno, oiga.


Penúltima foto, y comentario adicional. La Impala, cuyo motor cerré ayer con sensación agridulce. El embrague y el cambio van como salida de fábrica (sin ruidos gracias a los muelles de Nacho y con una suavidad extrema), la cuarta de Sport es una delicia, y el piñón de 14 le da una salida más cómoda en primera. Pero el cigüeñal que puse hace un ruido que no me gusta mucho ... por eso la foto anterior con el cigüeñal suyo en limpieza. Habrá que ponerlo un poco más adelante.


Y la última imagen: la tornillería preparada para el montaje, aunque eso será dentro de tres semanas. El próximo fin de semana toca Impalada, y el siguiente me voy a la Menéndez Pelayo, con lo que el motor tendrá que esperar.


La tornillería, efectivamente, está duplicada. Cosas de John, que me mandó dos grupos de elementos, pero se olvidó de una parte del selector. Habrá que cogerla de otro de los motores, o pedírsela.

Seguiremos informando. Espero que a Fernando le parezca suficiente como guía de desmontaje. Sé que no empieza por el inicio del todo (espero remediarlo en fase de montaje), y he omitido las medidas concretas de los elementos, dado que pueden diferir entre unos motores y otros; para quien las necesite, están en la nota de taller de la foto de arriba.