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domingo, enero 11, 2026

Sufriendo con la Vespa para empezar el año

Un arranque prometedor

El caso es que debo haber sido bueno el año pasado, porque los Reyes Magos no sólo me han traído los amortiguadores YSS X-Pro (125 euros el pack en www.vesparts.es) y el escape Polini que pedí para mi Vespa DN, sino que por sorpresa me dejaron también una nevera para el taller. Que en esta época del año no es muy útil (basta dejar al exterior cualquier cosa que quieras enfriar para que quede helada en unos minutos) pero que en el verano manchego voy a agradecer especialmente. Es lo que tiene el trabajo en la Estepa; a lo largo del año pasas de bajo cero a más de cuarenta, y adaptarse no siempre es sencillo.

Y el día empezó bien. En pocos minutos cambié al remolque de las motos la rueda jockey que se me estropeó (licencia poética para no especificar que me la cargué contra un bordillo por dejarla puesta y echar a andar con el coche) hace unas semanas, y coloqué la nevera en la parte baja de una estantería ... de donde creo que voy a subirla en mi próxima visita porque no me da la sensación de que el paso del tiempo vaya a hacer mejorar mi columna vertebral.

El amortiguador delantero

Así pues, lleno de moral tras un arranque prometedor, bajé del elevador la Impala Turismo que había quedado allí en mi última visita y me dispuse a mejorar la Vespa con los gadgets llegados de Oriente. Y la cosa no empezó mal. Primero sueltas los dos tornillos del anclaje inferior y luego metes una luz para poder ver cómo desenroscar los dos que fijan el soporte superior a la barra de la direccion. Nada demasiado complicado, pero como iba con prisa no me detuve a hacer fotos.

El caso es que lo de los amortiguadores no era un capricho, porque el delantero estaba tan vencido que hacía tope ... ¡al pisar el freno trasero! No comprendo qué principio de la particular "Física Piaggio" interviene para esto, pero os aseguro que produce emociones verdaderamente fuertes. Da igual si tu referencia es el Telelever de una BMW GS 1200 o una humilde horquilla de Montesa Impala. Lo que se sentía al frenar de delante lo ignoro, porque estaba reservado a motoristas mucho más valientes que yo. 

El Viacrucis del escape

A continuación pensé meterme con el escape, por aquello de que el amortiguador trasero no estaba tan mal como el delantero (o eso pensaba yo) y porque era consciente de que se debía retirar el depósito de gasolina para proceder al cambio, y me parecía más sensato cambiar el escape, que era cuestión de un par de tornillos.

O eso pensaba yo. Porque la cosa se torció nada más empezar la operación. No me preguntáis el motivo, pero al retirar el cófano derecho (perdonadme los vespistas serios si yerro en la ortografía porque aunque creo que en italiano no es esdrújula, siempre la escuché así), saltaron al suelo las dos piececitas que veis abajo a la izquierda, que son las responsables de mantener en posición el cófano al ponerlo en la moto. Son un muelle y una pletina que va remachada para quedar fija, aunque permite al muelle oscilar un poco.

El primer problema fue cagarse los remaches que en la imagen no se ven porque quedan ocultos en la cara vertical de la platina. Y el segundo, remachar la pieza de nuevo. Porque aunque tenía los remaches de las dimensiones correctas (3mm de diámetro y 12 de largo), la cabeza de la remachadora no cabía en el canal donde debían fijarse. Así que estuve un rato pensando hasta dar con la solución que puse en práctica en la foto de abajo a la derecha: una tuerca hueca de aglomerado resultó tener el diámetro y la longitud exacta para poder tirar del vástago del remache desde fuera del canal.  


Prueba superada, y a la siguiente. Que en mi cabeza era algo tan simple como cambiar el escape original por el Polini Box nuevo tras haber retirado la rueda trasera para tener un acceso cómodo tanto para este reemplazo, como para sustituir luego el amortiguador trasero. O, de nuevo, eso pensaba yo.

Para quienes no lo conozcáis, porque ya no tengo más imágenes, el escape va sujeto sólo por una brida en la salida del cilindro y un tornillo pasante M10 que atraviesa el cárter y se rosca sobre la segunda de las dos pestañas que lo sostienen. Así pues, rueda fuera con la moto convenientemente sujeta al elevador por delante, tornillos fuera y escape nuevo presentado en su lugar. Pero cuando voy a roscar el tornillo pasante, no hay modo. Así que empiezo a hacer contorsionismo para ver qué demonios pasaba y localizo el problema en el muelle del caballete, con el que chocaba. Que me pareció raro, la verdad. Porque pese a que el Polini es algo más ancho que el de fábrica, no parecía lógico que me complicara tanto la vida.

Total que, haciendo el cuento corto, busqué mil maneras de mancharme más con los bajos de la moto de lo que ya estaba, con nulo éxito (con el tornillo, se entiende, porque manchándome lo bordé). Repasé con una terraja M10 el tornillo por si fuera la causa, intenté apartar un poco el muelle mientras roscaba, y diez o doce estrategias más que consumieron mi tiempo y mi buen humor hasta que hubo un momento que pensé ... ¿y si es que alguien ha montado el muelle del caballete al revés?

Porque efectivamente, amigos, el muelle del caballete tiene una patilla más corta que la otra, y un servidor no se había cuestionado que ése fuera el motivo. Hasta que lo probé y ... ¡bingo! No voy a mentir diciendo que fue a la primera, pero sí que hizo posible colocar el bendito tornillo pasante y cambiar del tarea.

El amortiguador trasero

De modo que tocaba liarse con el amortiguador trasero. Que requiere sostener el basculante en posición tras retirar la rueda, y quitar una de las tuercas menos accesibles con que me he tropezado en mi vida. Finalmente una llave de vaso Facom de 14 mm que tiene un perfil muy bajo me permitió retirarla para poner el amortiguador en su sitio. Excuso deciros que no fue un camino de rosas. Por el camino me encontré con un macarrón de gasolina fosilizado que hubo que cambiar, retirando el carburador y varias puñetitas colaterales de las que no te hacen sonreír demasiado.

Y la chapuza final

Y me faltaba meterle mano a algo relativamente residual pero que me tenía molesto hace tiempo: los dos espárragos M8 que sostienen la rueda de repuesto estaban pasadísimos y sustituirlos era una movida seria, a juzgar por los vídeos que vi en Youtube: radial para cortarlos, broca M8 para volver a hacer el agujero y soldadura compleja. Pero me saqué un conejo de la chistera que me hizo terminar el día con una sonrisa: con la nunca demasiado alabada soldadora MIG de Lidl di tres puntos alrededor de los espárragos para recrecerlos, y luego reconstruí las roscas con la terraja correspondiente. Sí, ya sé que no es la solución más elegante del mundo, pero me llevó cinco minutos.

Que a esa altura del partido, era todo el tiempo que estaba dispuesto a invertir en la bendita Vespa.

Así que, como hubiera dicho Nacho, "¡hay que ver lo que cunde el tiempo en la estepa!".   

lunes, noviembre 10, 2025

Confieso que he pecado (con una Vespa)

Mi primer recuerdo de una Vespa, más allá de eventuales paseos con las que abundaron en mi pandilla a los 16 años, es el de la P200E de mi hermano Rafa. Mi Ducati Desmo estaba parada por falta de presupuesto, su muñeca escayolada y le cambié el Ford Fiesta por la moto durante unas semanas. Suficiente para darme cuenta de que aquello era completamente distinto a cualquier cacharro de dos ruedas que yo hubiera conducido antes. Y eso que venía avisado, porque los inicios de mis amigos con las Primavera fueron traumáticos; que yo recuerde en este momento, Eduardo se partió un brazo al frenar sobre adoquín mojado, "el Botijo" la untó contra una farola en un pique con la Derbi de Pepe, Rafa se dio otro porrazo con la Vespa de "el Cepa" a la que hubo que cambiarle el chasis, y algunos otros arrastrones de menor entidad.

Cuando recuperé el Fiesta y la Ducati, me olvidé de aquel bicho extraño que se cruzaba al frenar fuerte de atrás y hacía cosas increíbles cuando usabas el freno de delante. Y así pasaron cuarenta y tantos años hasta que Tomás me puso un WhatsApp para preguntarme si aceptaba como regalo una 200 con intermitentes que su suegra llevaba demasiado años viendo parada en el garaje. Adjuntaba unas fotos donde se podía ver que estaba bastante entera, aunque con señales claras de no haber llevado buena vida:  


Además, el estado legal era complicado, puesto que los papeles estaban a nombre de un antiguo dueño que murió sin que la moto se tuviera en cuenta en la herencia. Pero como no tenía proyecto a la vista, me hice cargo de la moto después de que el bueno de Ricardet me solucionara el embrollo legal. 

El caso es que, al recogerla, me dio una primera alegría, que fue arrancar en cuatro o cinco patadas ... sin ni siquiera cambiar la gasolina del año 2002 que tenía en el depósito. Y así llegó a casa poco antes del verano de 2025, a la espera de venirse al pueblo para que empezara a darle un repaso. Ahí la tenéis en el garaje junto a mis dos antílopes, a la espera de su primer viaje a la estepa.



Y en la estepa quedó hasta que a principio de Septiembre me escapé un fin de semana para darle una primera vuelta y hacer control de daños.


 

Había unos cuantos, como era de prever. Las ruedas estaban completamente fósiles, con las llantas muy podridas. La imagen sólo muestra el estado exterior, pero lo de dentro era penoso. Faltaban algunos de los espárragos, la capa de óxido interno era profunda, y conducirla en esas condiciones era comprar papeletas para tener un disgusto serio.




El carburador estaba tan sucio como cabía suponer, el escape muy oxidado, y la rejilla de protección del ventilador había conocido tiempos mejores. Pero a estas alturas, debo reconocer que le estaba empezando a coger cariño a este engendro mecánico que el destino había puesto en mi camino. Hay que reconocer que con la rejilla pintada, el carenado fuera (nunca me gustaron) y una limpieza, empezaba a verse otra cosa.



Pero quedaba mucho por hacer, y por aprender de una mecánica de la que desconozco casi todo. Aunque con los vídeos de Youtube las cosas se han vuelto mucho más sencillas para los chatarristas de 2025. Un poco de Eduardo Esteban Caballero por un lado y otro de Arzente Motori por otro, te ayudan a perderle el miedo y a entender que o cambias el retén del buje trasero, o te vas a matar pronto. 


Limpias un poco cosas importantes como los cables del selector de cambio, aprovechando el cambio de cableado ...


... que me consumió una mañana completa de retirar mugre y sustituirla por cables y fundas en buen estado. Parece mentira, pero con un poco de paciencia no es tan complicado cambiar todo lo que estáis viendo en el cubo de basura. 



Y sumando un cambio de llantas y neumáticos quedó lista para pasar la ITV en Madrid. Aquí veis que también monté dos espejos homologados y un embellecedor negro en la horquilla.


Y con este primer arreglo y los papeles definitivamente en orden para poder circular la he tenido unas semanas en Madrid. Tal como recordaba, tiene una estabilidad que te acongoja según te bajas de la GS, unos frenos que son una broma, una suspensión casi inexistente, y un sonido que te devuelve a los 20 años y te hace olvidar todos los pequeños inconvenientes que puede llegar a tener.

Uno de ellos es que la cruceta del cambio, que es la pieza clave en el mecanismo de seleccionar las marchas se desgasta con el tiempo. Y el resultado es que en ocasiones la moto salta de una marcha a otra. En mi caso, con una cierta frecuencia entre tercera y cuarta, y alguna vez entre segunda y primera. De tal modo que me vi en la necesidad de desmontar el motor más a fondo para reemplazarla. Lo típico: una pieza de 10 euros, pero que te obliga a desmontar media moto para sustituirla.


También lo típico, al sacar el cilindro piensas que si lo llegas a saber, hubieras comprado unos segmentos para reponer los suyos. Pero te consuelas pensando que al menos vas a poder limpiar el motor por dentro un poco, y que el juego de juntas sólo vale 7 euros, y tienes variedad de recambistas serios donde comprarlas.

El cambio de la cruceta no fue complicado, pero como pasa siempre, al desmontar te encuentras con invitados inesperados. En mi caso, el cableado procedente del estátor, que empezó a tener mala pinta al retirar el cableado de la bobina de alta ... 



... y mucho peor cuando lo desmonté por completo:


De tal manera que el tiempo que iba a invertir en cerrar motor y pintar la carcasa superior del faro fue a parar a una restauración completa del cableado. Porque la foto de arriba a la derecha no lo muestra del todo, pero en la otra cara el cruce de cables sulfatados daba miedo verlo.

Y con lo poco que me gusta un soldador, me encomendé a San Ramón Valls bendito y rehice a fondo la instalación. Las dos anécdotas de la mañana fueron que tuve que unir dos cables blancos de menor sección para sustituir el original (de mayor calibre que el que tenía) y que tuve que recurrir a una IA para enterarme de cuales eran algunos de los colores, que de tan deteriorados que estaban los cables, era imposible saber si aquello fue alguna vez verde, gris o azul claro.   



Pero aunque la moto se quedó en el taller por falta de tiempo para acabarla, he mejorado mi técnica con el soldador, he aprendido cosas nuevas, y estoy como loco por volver y terminar con la Vespa para reintegrarla en mi día a día. 

A la vejez, viruelas.