viernes, junio 17, 2022

La Impalada 2022 (II): las motos.

Tal vez esta debiera haber sido la primera entrega, puesto que las protagonistas de una Impalada son las Impala mucho antes que los pilotos. Espero que no se me molesten por la incorrección, porque lo que pretendo hacer es darles a ellas toda la importancia que tienen, y hacerles un reconocimiento expreso por su fidelidad.

Y como no hay mejor manera de empezar la crónica que con una foto de las dos amigas que compartieron con nosotros estos cuatro días, aquí las tenéis:


Paradas a la sombra, esperando pacientemente que sus pilotos terminaran de hacer la foto de rigor, y darse un descanso que ellas no necesitaban. Os cuento qué les hicimos para preparar el viaje, cómo son por dentro estas dos bellezas, y que problemas nos dieron durante el fin de semana.

La preparación del viaje fue muy simple: cambio de aceites en ambas motos usando Motul Transoil Professional 10W40 en el embrague y Cepsa Profesional 80W90 GL4 en el cambio. Por lo demás, la Impala de Carlos recibió un neumático trasero nuevo (Mitas), necesitó un nuevo cable de gas porque el suyo se rompió el día antes de la salida, y a la Impala 2 le cambiamos en Vitale el estropajo del filtro del aire por una espuma moderna para optimizar el flujo de aire, y le puse un segundo espejo en el puño derecho. Y eso fue todo.

Y para los más curiosos, os cuento cómo son ambas motos, con un poco de orden, porque la lista de cosas que llevan es larga.

1.- Impala Turismo de 1965.

La compré en Marzo de 2.009 muy barata, pero hecha una penita por dentro y por fuera. Si debo confesar la verdad completa, fue una compra motivada por aquello de que un buen montesista sólo necesita una Impala, una cota 247 y una King Scorpion, y me faltaba la Impala. Pero la compré con poca fe, pensando en que nunca le sacaría partido. No podía estar más equivocado

 Porque me enamoré de su sencillez. Y, como iba a ser mi única Impala, me dediqué a pulirla lo más posible, teniendo como referencia cercana la Impala 2 de mi amigo José María. Así que le hice casi de todo. Haciendo memoria, estas son las modificaciones que monta en la actualidad tras un largo proceso de pruebas y errores:

  • Cilindro rectificado con pistón Meteor y culata rebajada unos 1,7 mm en los tres planos.
  • Cigüeñal con los contrapesos rellenos.
  • Cuarta velocidad de Impala Sport.
  • Admisión por láminas.
  • Carburador Amal 627.
  • Encendido RM Lightning con volante rebobinado a 12 voltios, limitador de tensión y faro delantero con bombilla de 45w.
  • Horquilla con hidráulicos modificados.
  • Freno delantero doble leva de King Scorpion.
  • Guardacadenas y plásticos de Sport.
  • Neumático Mitas trasero y chinorri rayado delantero.
  • Soportes traseros para alforjas.
  • Alforjas Decathlon de bicicleta.
  • Cinta verde de la Virgen del Pilar en recuerdo a Pepe Maciá.

El resultado es una moto que ha hecho tener pesadillas al bueno de mi amigo Eugeni que, con su Impala 2 de 200 cc no la despegaba con facilidad en las subidas. Igual cuando ahora lea que la cuarta es de Sport lo entiende algo más. 

Un consumo bajo, un motor muy dulce pero rápido ... todo un lobo con piel de cordero, porque su aspecto sigue siendo el de una Turismo poco modificada, incluso con su escape de serie.


2.- Impala 2 de 1982.

Probablemente una de mis motos con una historia más personal, que conté aquí al comprarla en 2014 a una paciente de mi padre, cuyo padre se la dejó en herencia.

La moto llegó a casa en un estado muy original, aunque con las típicas señales de la edad y de uso en entornos rurales: tierra en cantidad, escape muy abollado, alguna pegatina extraña y poco más.

A partir de ahí me enamoré de ella y le he dedicado más tiempo que a casi cualquier otra. Tal vez sea por eso que la lista de modificaciones es una locura:

  • Cilindro procedente de Iniesta con preparación de la época, llevado a 200 cc con pistón Mahle, un tercer transfer hecho por los amigos de Vitale, y gomas antivibraciones entre las aletas.
  • Culata hemisférica de Impala 125 comprimida hasta 9,9:1. Regalada por el bueno de Paco Mateo, nada menos. Absoluta pata negra.
  • Cigüeñal con los contrapesos rellenos.
  • Admisión por láminas.
  • Carburador Mikuni japonés VM24 mm con filtro de aire original modificado para poder ser acoplado.
  • Tubo de escape copia del Sport Rally, comprado a Comercial Impala.
  • Corona trasera con dos dientes menos.
  • Módulo de avance variable RM Lightning con curva especialmente programada para dar descanso al motor a velocidad de crucero (80 km/h reales de GPS).
  • Conmutador de curvas de encendido en el manillar.
  • Faro delantero con bombilla halógena de 45w y trasera LED. También lleva LED en el interior del faro para optimizar la carga de la batería.
  • Batería de 6 Amperios con regulador de carga, voltímetro, dos puertos USB y una toma de mechero a 12 voltios.
  • Soporte para GPS Garmin Zümo XT.
  • Horquilla con hidráulicos modificados.
  • Cojinetes de dirección de rodillos.
  • Amortiguadores Lesans regulables en muelle e hidráulico.
  • Freno delantero ventilado GRIB.
  • Neumáticos Dunlop K-82.
  • Carenado.
  • Portaequipajes trasero artesanal.
  • Alforjas traseras Dainese.
  • Cinta verde de la Virgen del Pilar en recuerdo a Pepe Maciá.

El resultado es una moto que, pese al peso del piloto (que este año está especialmente pletórico) y la carga, aguanta perfectamente los dos dientes menos en la corona, sale siempre muy llena, y resulta una delicia de conducir tanto en ciudad como en carretera. No es porque sea mía, ni me gusta presumir, pero es uno de los motores de Impala con mejor tacto que he probado. No tan finita como una Impala 2 completamente original, pero suave, progresiva, y con genio si la apuras. Y con un consumo bastante contenido para el rendimiento que ofrece.

Pese al listado tan largo de modificaciones, he intentado siempre mantenerlas lo más posible dentro del carácter original de la moto, sin buscar un rendimiento explosivo, sino motores fáciles de llevar, agradables al tacto, y capaces de hacerse una Impalada sin dar problemas.


¿Qué problemas hemos tenido en la Impalada 2022?

Cuando uno viaja con motos cuyas edades son 57 y 40 años, hay que estar preparado para poder hacer reparaciones de emergencia en caso necesario. Ya en su momento os conté las herramientas que llevo en la bolsa (han cambiado levemente desde entonces), a las que hay que sumar las que lleva cada moto en su caja de herramientas (bujía nueva, bombillas de repuesto y el juego de llaves original más alguna pequeña cosa adicional). Sumadle un par de desmontables grandes y algo de recambio por si las moscas: una cámara, macarrón de gasolina y poco más. Con todo eso estás suficientemente preparado para solucionar cualquier pequeño problema que tengas en ruta. 

O no, como veremos más abajo. Porque este año, como os contaba arriba, no hemos tenido tiempo de hacer un repaso exhaustivo a las Impalas, y nos han surgido pequeñas cosas durante el viaje, de las que os doy el detalle, en orden cronológico.

El sistema de carga y el GPS de la Impala 2.

Nada más salir de Madrid, mi moto empezó a hacer cosas raras con la carga del GPS desde la batería. Primero se desconectaba de vez en cuando y luego llegó a apagarse del todo cerca de Molina de Aragón. Cuando llegamos a Alcañiz desmonté el panel de cierre de la guantera del carenado para encontrarme que el positivo de la batería estaba suelto, con lo que no era posible que recibiera carga. Pero con eso no terminaron mis problemas, porque este año, en lugar del alimentador de tipo mechero que usaba con el Zümo 595 decidí llevarme un cable mini USB que, con las vibraciones, se desconectaba cada cierto tiempo, obligándome a tener un ojo en el voltímetro para saber si se estaba o no cargando.

Para ello encontramos una solución sofisticada el sábado, que se puede apreciar en la (lamentable) foto siguiente:


En el suelo del parking de Can Rusiñol encontré un diente de goma morado procedente de un cepillo para el pelo, con el que fijé uno de los laterales del enchufe USB a su base. Y a partir de ahí, creo que sólo tuve que moverlos tres o cuatro veces en todo el viaje de vuelta. La solución definitiva pasará por comprar un segundo alimentador para el GPS y conectarlo a la batería (el que venía incluido está puesto en la BMW) o utilizar el cargador de mechero que trae el kit y que es menos sensible a las vibraciones que los puertos USB.

La gasolina de la Turismo

Pese a una cuidadosa planificación de autonomías, distancias y repostajes de cada etapa (ojo con esto si se os ocurre apurar mucho las distancias y llevarlas hasta gasolineras poco conocidas que puedan estar cerradas), mi moto entró en reserva a unos veinte kilómetros de Molina de Aragón, y la de Carlos simplemente ser paró a cinco kilómetros de la gasolinera. 

Aún estamos intentando entender qué pasó porque el consumo de la Turismo es menor que el de la Impala 2. Pero eso me obligó a llegar hasta Molina y comprar un bidón de 5 litros para seguir el viaje. 6 euros que se quedaron allí tras el repostaje definitivo, porque cargar con él hubiera sido mala penitencia. ¿Mi hipótesis? Pues que alguien le robó gasolina a la moto antes de salir. 


El Mikuni de la Impala 2

Os comentaba arriba que cambiamos el filtro de aire a la 2. Y en la operación debimos forzar los tornillos allen sin cabeza que fijan el filtro al carburador. De tal modo que, repasando las motos en la llegada a Alcañiz me encontré con que el filtro estaba muy torcido, porque se habían ido de su sitio los tornillos que lo fijan. Podéis verlo en la foto siguiente:


... donde se aprecia que no hay tornillo en el agujero del centro de la imagen. Y por supuesto no tenía ni recambio ni llave allen pequeña para ponerlo. Pero como Dios protege a los imbéciles, una llamada a Fernando Piris hizo que diera con ellos en Barcelona y me los llevara a Siurana el día siguiente, donde teníamos fijado nuestro punto de encuentro.



No pude evitar recitarme aquella poesía que contaba la historia de Ricardo III en la batalla de Bosworth:

Por la falta de un clavo fue que la herradura se perdió.
Por la falta de una herradura fue que el caballo se perdió.
Por la falta de un caballo fue que el caballero se perdió.
Por la falta de un caballero fue que la batalla se perdió.
Y así como la batalla, fue que un reino se perdió.
Y todo porque fue un clavo el que faltó”. 

Y es que a veces, los detalles más pequeños pueden dar al traste con un viaje. La próxima vez fijaré los tornillos con Loctite ... y llevaré recambio.

Pero no fue el único problema del Mikuni, cuyo consumo en las dos primeras etapas fue excesivo. Al salir de Alcañiz hacia Siurana nos dimos cuenta de que tiraba gasolina por el aliviadero de la cuba (se resolvió con un toquecito en el cuerpo, gracias a Dios), y tuve que bajarle la aguja un punto porque la carburación larga que dejé a los 600 metros de Madrid era demasiado para los más de 1.000 de buena parte del viaje. Afortunadamente su accesibilidad es infinitamente más sencilla que la de los Amal.


El cable de embrague de la Turismo

Supongo que sabéis que las Impala llevan un prisionero un tanto especial en la leva del embrague. Con una forma plana en dos de sus caras horizontales y un cilindro en una de sus caras verticales para fijar el cable a la ranura que tiene la articulación de la leva. Algo parecido a esto, pero con dos caras aplanadas:

Pero la Turismo vino con un prisionero normal y nunca lo cambié porque jamás se salió del sitio ... hasta que en esta Impalada lo ha hecho tres veces: al llegar a Can Rusiñol, y dos veces en las cercanías de Madrid. Está claro que hay que reemplazarlo sin falta.

La bombilla del piloto de la Turismo

Pese a que monta un regulador de tensión, las bombillas traseras incandescentes mueren cada x kilómetros por culpa de baches y vibraciones. Y la de la Turismo no fue excepción en este viaje; la cambiamos en Can Rusiñol antes de partir de vuelta hacia Alcañiz. 

Y descubrimos también dos cosas: que la parábola del piloto no tiene casi reflectante, lo cual habrá que solucionar cuando le demos un repaso ... y que carlos llevaba de recambio unas bombillas que no entraban en el casquillo; una cosa rarísima. Tal vez debíamos darle una solución definitiva y cambiarla por una LED Osram como la que lleva la 2, que ha hecho miles de kilómetros sin problemas.


El soporte de la GoPro en la 2

Para matarlos por la falta de calidad. Así terminó el brazo que sujetaba la cámara al carenado:


Afortunadamente, un minuto antes de que saliera volando me di cuenta de que algo andaba mal porque la cámara vibraba de lado a lado. Y al verificarlo me la quedé en la mano. Justo a tiempo. Que, para más desgracia, la GoPro es de mi hijo y me hubiera dado vergüenza devolvérsela rota.

¿Conclusión? Utiliza siempre montajes RAM en la moto. Son más caros, pero jamás te van a dejar tirados como hacen las porquerías que nos vende GoPro.


La Física y el depósito de la Turismo

Una de las cosas que hacemos siempre es repostar en las llegadas, para hacer más sencillas las salidas de la etapa siguiente. Y el volver a Can Rusiñol al final de la Impalada hicimos lo mismo: depósitos llenos antes de parar las motos. "Depósito lleno" significa que sacas gasolina fresquita desde un depósito subterráneo y la pones en el de la moto. Apurando tanto como puedas porque tienes por delante una etapa larga.

Si dejas la moto al sol, te vas a comer y luego sientas encima a un piloto del tamaño de Carlos, lo que puede pasarte es esto:


... que el respiradero del tapón se convierta en un surtidor que contribuya al frescor (y al picor) de tus cataplines. 

Lo mismo me sucedió en la vuelta tras repostar en Molina y pararnos a desayunar dejando las motos al sol. ¿Cómo era aquello: "presión por volumen partido por temperatura es igual a presión prima por volumen primo partido por temperatura prima"? ¿O eso aplicaba sólo a los gases?


La aguja del velocímetro de la Turismo

¿Qué puedo contaros que no sepáis sobre el compromiso con la calidad de nuestros recambistas y su esfuerzo denodado por ofrecernos productos de un rendimiento que raya siempre en la excelencia? Pues igual con la foto refuerzo vuestras impresiones:


Exactamente 6.608 kilómetros ha durado la aguja del velocímetro de la Turismo antes de reunirse con el Creador en el paraíso. No sé si es un récord, pero sí que no vuelvo a comprar otro al mismo (y chapucero) proveedor. Veré si lo reparo, o si busco uno antiguo y lo revivo, pero algo habrá que hacer.

Y esto fue todo: ni una perla, ni un pinchazo, ni un nada de nada que no pudiera ser resuelto en ruta con sólo unos minutos.

Una delicia de motos. Son Montesa Impala.

lunes, junio 13, 2022

La Impalada 2022 (I): los datos.

Lamento empezar la serie sobre la Impalada 2022 con un puñado de datos, pero para escribir la crónica entera voy a necesitar tiempo y organizar las fotos. Que lleva un rato, de verdad. Así que espero que sepáis disculparme el ataque de concreción que tengo hoy, y esperéis con paciencia el resto de un parto que no sólo no tiene fecha, sino que ni siquiera es seguro.

Lo primero que puede que interese es saber qué significa "irse a la Impalada" desde el punto de vista de la moto. Y sobre sus propios valores (que luego veremos que no son exactos), lo que te sale es una tabla donde anotas los kilómetros hechos cada jornada, los consumos que has obtenido y haces una primera valoración. Que es importante para ir controlando si todo va como debe.



Y ahí podéis ver que en esta ocasión hicimos la mezcla al 2,5% de nuestro clásico Castrol, por aquello de que iba a hacer un calor muy fuerte y queríamos proteger la mecánica. Pero también que el primer día mi moto tuvo un consumo bastante más alto de lo normal; en parte porque iba algo larga (luego le bajamos la aguja un punto) y en parte porque en algún momento goteó gasolina por el aliviadero de la cuba y no me di cuenta porque siempre cierro el grifo al pararla.

Al final consumí 80,36 litros de gasolina y dos litros de aceite en 16 botes, lo que da un promedio de 4,59 litros a los 100 km si aceptamos la lectura del cuentakilómetros, pero que son en realidad 5,16 si tomas los recorridos medidos por el GPS.

Según la tabla de arriba, que está hecha de gasolinera en gasolinera, porque siempre cerramos la jornada rellenando depósitos para no perder tiempo en la salida del día siguiente, las distancias que recorrimos cada jornada fueron:


Un total de 1.794 kilómetros en tres jornadas de cuatrocientos y pico, más una de algo más de quinientos, que fue la de la Impalada en sí. Pero si lo contraponemos con lo que dice la ciencia y analizamos los tracks del GPS, los datos son levemente distintos:


Los kilómetros se nos quedan en 1.600 en números redondos, con algo más de 38 horas de moto (incluyendo paradas), hechos a una "velocidad media" de 45 km/h (de esto hablaré un poco más abajo). Pero el truco está en que las 38 horas son horas en que el GPS tenía una ruta en activo, con lo que cuenta paradas a comer, a tomar fotos, repostar, etc.

Hay un dato mucho más emocionante para estas motos, que son los valores obtenidos por mi amigo Carlos desde su GPS de pulsera, cuya aplicación le da una información muy interesante. Os muestro la de los dos últimos recorridos, que demuestran lo bien que se puede viajar con una Impala.

Aquí los datos de la vuelta desde Can Rusiñol (lugar de celebración de la comida de la Impalada) hasta Alcañiz, donde hacemos siempre noche tanto al ir como al volver ... entre otras cosas porque Jose nos acoge en su "Trillero" como si estuviéramos en casa:


61,3 km/h de velocidad media y 73,9 km/h en movimiento en un tramo de más de 300 kilómetros, llevando en lo alto más de 100 kilos cada una entre piloto y equipaje. Nada mal para unas motos de 1965 y 1982.

Pero lo del día siguiente es casi más espectacular:


¡64,5 km/h de promedio y 74,5 de media en movimiento en casi 400 kilómetros! Que nadie vuelva a decirme que con una Impala no puedes viajar. Curiosamente casi calca el dato de velocidad máxima en poco más de 95 km/h ... producto de alguna bajada más prolongada de la cuenta, donde se te va un poco la cabeza. En el fondo, guarda relación con que intentamos elegir siempre rutas con la máxima cantidad de montaña posible. Podéis ver a lo que me refiero en los perfiles de etapa de los cuatro días que os pongo abajo:






En fin, que ya sé que es muy frío y muy aséptico todo lo que os cuento hoy, pero tal vez os dé una idea del esfuerzo (aunque se viva en términos de disfrute) que hay detrás los cuatro días de una Impalada.

El otro esfuerzo es el económico. Y tampoco es algo de locos. Calcula unos 200 euros de combustible, unos 35/40 la noche en los hostales donde paramos (mucho mejores que muchos hoteles europeos donde he estado, y donde te tratan con una amabilidad extrema, guardándote la moto sin sobreprecio si lo comentas antes), y no mucho en comer en ruta porque seguimos en un país donde entre 10 y 15 euros tienes un menú del día de lo más presentable. El total se te va a unos 400 euros incluyendo la inscripción por 4 días fantásticos ... siempre que escojas bien la compañía, que es lo más importante.

Pero esa será otra entrada de la serie sobre la Impalada 2022.

domingo, mayo 08, 2022

Dando palos de ciego

Según he terminado de escribir el título me asalta la duda de si debía haber rotulado como "Dando palos de personx con capacidades visuales especiales", pero como sospecho que la mayoría de mis lectores peináis canas, igual hasta se me entiende pese a mi torpeza. 

Pero me parece un titular descriptivo de lo que nos sucedió ayer rematando la instalación eléctrica de la King Scorpion de Carlos, que va estando casi terminada. Cuando te pones a reconstruir una instalación mezclando piezas originales (la mayoría, gracias a Dios) con otras de procedencia dudosa (como la llave de contacto) y copiando parte del montaje que traía la moto (muy parcheado), hay momentos en que la cosa se vuelve una locura ... pese a la buena calidad de los esquemas eléctricos que dan pistas pero no siempre lo cubren todo.

Empezando por lo primero, que es el protagonista, arrancamos con la foto del dueño de la moto, que está pendiente de encontrar hora en el peluquero. Ahí estaba en plena reflexión sobre por qué la bendita llave de cuatro bornes tenía una chapa que comunicaba dos de ellos:



Pero las cosas no habían empezado por ahí en realidad, sino un rato antes, poniendo los puños, las gomas de las estriberas, un par de espejos retrovisores y ajustando el recorrido del cable del gas, al que dejamos demasiada holgura dieciséis años atrás.

 


¿Verdad que se va viendo bonita? Pero aún faltaban cosas, como arreglar la palanca de freno, a la que faltaba el enganche para el interruptor de la luz de stop, que es obligatoria para poder pasar la ITV. Para solucionarlo, partimos de un macizo inox de 5 mm a la que dimos forma e hicimos la ranura en el extremo donde debe enganchar el interruptor. No quedó mal, a base de poner la barra en el taladro de columna con una velocidad baja, y hacer la ranura con una amoladora provista de un disco de 1 mm. A poco pulso que tengas, no echas en falta un torno.


A partir de ahí, taladras la palanca en el punto donde vas a soldar, compruebas que has calculado bien tanto la curva como la longitud necesaria ...



... lo fijas en el tornillo de banco para ponerte a soldar ...



... y como te sientes todo un profesional, agarras la TIG para darle un acabado lo más decente posible.


Pero fracasas, porque soldar metales distintos no es tan sencillo, porque las barras de aportación de que dispones son demasiado gruesas y, sobre todo, porque no tienes la más puñetera idea de cómo gestionar todo eso a la vez, que no en balde constituye parte del conocimiento de una profesión compleja como es la de soldador. Así que finalmente, con el rabo entre las piernas (menos mal) pones la máquina en MMA, montas un electrodo de 1,6 a 30 amperios, y haces una chapuza indecente, pero eficaz y que se va a ver poco. Pensándolo luego, igual incluso con estaño habría sido suficiente.

Contentos de no haber derretido la moto entera con la antorcha TIG, le pusimos el grifo al depósito, un filtro de gasolina por lo que pudiera pasar, y probamos a arrancarla. Aquí podéis comprobar lo que ahorro yo el peluquero comparado con el dueño de la moto, pero no veis mi cara de pasmo cuando me di cuenta de que la cerradura de tres bornes con que sustituimos la que venía en la moto (un bombín no original y sin llave) no desconectaba la batería en ninguna de las tres posiciones. 


Una vez arrancada, el feliz propietario tuvo el honor de darle la primera vuelta, para satisfacción de Trasto, a quien le encanta perseguir a las peligrosas ovejas mecánicas que aparecen de vez en cuando en la Estepa. 


A poca sensibilidad auditiva que tengáis (la mía es nula) apreciaréis que la moto, pese a arrancar la mar de bien, se siente muy pesada en el primer tramo de gas. Así que la metimos de nuevo en el taller para chequear rápidamente (es un decir, porque la accesibilidad al carburador es pésima) si había algo que estuviera fallando.


Tras un rato de emocionados recuerdos para los ancestros del diseñador de los carburadores Amal, de un chiclé de 40 perdido en la tierra que mi taller tiene de suelo, un cambio por un 35, y un repaso global al estado del carburador, lo volvimos a montar y le dimos una segunda vuelta.


Sigue yendo muy lenta y muy gorda en el primer cuarto de puño, pero fantástica a partir de ahí. Mi sensación es de que reacciona poco al ajuste del tornillo de mezcla, y que sigue humeando demasiado pese a una mezcla mucho más normal (125 de Castrol R1 en 5 litros). Así que sospecho del retén del cigüeñal de la primaria. Pero como sería una solución algo más pesada de lo que nos apetece, en la siguiente sesión empezaremos por probar con otro Amal 627 antes de valorar otras posibilidades.

El caso es que me encanta ésa moto, la verdad.   






Y que al dueño se le ve una cara de contento que no puede ocultar ...


 ... tal vez porque va estando cercano el día en que le pongamos una placa de matrícula y pueda salir a la calle de nuevo.

Quedan cosas por hacer, desde luego, pero la sensación de solidez y el tacto a moto nueva que transmite, nos hacen esperar buenos ratos con ella. Ahora tenemos por delante un depósito que pintar, un asiento para arreglar, y algunos pequeños ajustes. Pero cada nueva sesión sales con una sonrisa más grande, sintiendo que estamos siendo capaces de devolver a la vida una de las Montesas más bonitas que se hicieron.

Por el camino, aparecen cosas insospechadas, que te da pena meter en un cajón, como esta llave original "Casellas" que me regaló mi amigo Ramón ... ¿sabe alguien de qué moto puede ser? Lleva un cuello muy estrecho comparado al de la King y sólo dos faston, con lo que imagino que corresponde a una moto sin batería.  



Y poco más de momento. Daremos más noticias en cuanto podamos, que no sé con claridad cuándo será. Vienen viajes y líos profesionales por delante.

domingo, mayo 01, 2022

Y la luz se hizo.

Por fin llegó el día. Y aunque el mejor resumen de lo que voy a contaros podría ser el siguiente vídeo, hay mucho por explicar antes de llegar a ello.


Así que rebobinamos un poco para que se entienda bien. Si recordáis la entrada anterior a Semana Santa, dejamos la instalación prácticamente acabada, a falta de cargar y conectar la batería, y de rematar algunos cabos sueltos en las conexiones.

Pero la edad no perdona, y al llegar a la Estepa, ni Carlos ni yo recordábamos con precisión en qué punto habíamos dejado la faena. Y para más remate, el taller estaba (aún más) desordenado a consecuencia de que en mitad del lío, pasé por allí a cambiar aceites a la Impala 2 pensando ya en la Impalada de este año. La consecuencia fue que dedicamos un buen rato a volver a poner a tiro toda la herramienta y la parafernalia que usamos para reconstruir la instalación, así como la documentación que habíamos llevado para no dar demasiados palos de ciego.

Pero, con todo y con eso, nos pasamos un buen rato mirando qué era lo que podía faltar por hacer, antes de llegar a la conclusión de que, en realidad, excepto decidir el modo correcto de conectar la batería, todo estaba casi acabado.

Con lo cual, hicimos una primera, y frustrante, tanda de intentos de arrancarla. Tras unas cuantas patadas con las que no conseguimos ni el más mínimo amago de volver a la vida, decidí que lo suyo era adelantar un poco la palanca de arranque, que habíamos dejado demasiado vertical. Y sí, ya sé que hay quien critica mucho que se adelante un punto, pero se agradece el impulso extra que te da al motor en cada intento.

Así que, hecho el ajuste pertinente, volvimos a la carga, con este resultado:


El motor intentaba volver a la vida, pero se quedaba a medio camino. Tal vez el único logro destacable fuera encabronar a Trasto, a quien no le gusta nada que dedique mi atención a esas ovejas mecánicas tan peligrosas con las que desaparezco de vez en cuando. De tal modo que paramos un poco a pensar qué podría estar pasando, más allá de que la posición de los tornillos de reglaje del carburador fuera una pura especulación. Y la conclusión fue que, más que probablemente, parte de la gasolina del depósito de prueba se habría evaporado, aumentando la concentración de aceite. Si a eso le añadís la cantidad de grasa con que protegimos en su día en interior del cilindro, había una posible explicación tanto para la humareda como para los ahogos del motor.

De tal modo que agarré medio litro de gasolina de la petaca que tenía en el taller, le agregamos 15 cc de aceite bueno, y volvimos a la carga. El resultado lo tenéis aquí:


... la humareda seguía siendo de órdago, pero la voz del motor era otra. Y nos emocionamos tanto que, cuando quisimos darnos cuenta, el ambiente en el taller era por completo irrespirable. Y como no se pude hacer corriente de aire recurrimos a poner un ventilador que ayudara a despejar un poco aquel despropósito. Pero el sueño estaba cumplido: la moto de Carlos, 16 años después de su regreso a casa procedente de los Estados Unidos, había vuelto a la vida. Y no sólo eso, sino que lo ha hecho con un sonido bastante limpio, buen tacto general, y buenas sensaciones mecánicas que nos hacen esperar con verdaderas ganas disponer de un depósito con el que poder sacarla a la calle y probarla del todo.

Mientras ése momento llega, nos conformamos con ir ajustando poco a poco hasta dejarla casi estable en bajo régimen:


 Y con el motor disponible, dedicamos el resto de la jornada a adaptar a su faro una parábola y un portalámparas de Impala, y comprobar que toda la iluminación funciona perfectamente. Falta comprobar qué diablo sucede al claxon, que no iba, y deberá estar operativo para poderla matricular como histórica y pasar con éxito la ITV. Abajo podéis ver cómo empieza a recordar a la preciosidad de moto que un día fue.



Ahora faltan unos pocos detalles para dejarla en orden: pintar el depósito, comprar un tapón de gasolina, instalar el cuentakilómetros, y muy poca cosa más. Malo será que no viajemos con ella a la Impalada 2023.

Seguiremos informando.

martes, abril 12, 2022

Instalación eléctrica de la King Scorpion de Carlos (Y algunas claves para entender los esquemas eléctricos de Montesa)

 El sábado 9 de Abril nos escapamos de nuevo a la estepa con idea de volver a poner el motor en la moto de Carlos y empezar a trabajar con la instalación eléctrica. Y lo cierto es que tuvimos un buen avance pero que, sobre todo, aprendimos muchísimo sobre los esquemas eléctricos de estas motos y sobre por qué Montesa hacía las cosas de una determinada manera. Así que pensamos que valdría la pena contaros algunas de las conclusiones que hemos sacado.

A efectos de no volveros locos, y de que cada uno pueda dedicar su tiempo sólo a lo que le importa, dividiré la entrada en dos partes: lo que hicimos el sábado y lo que hemos sacado en claro del trabajo.

1.- Trabajos hechos con la moto de Carlos

En primer lugar nos metimos a enfundar los cables del stator. Recordad que la funda original estaba cuarteada y era una lástima chapucearla con cinta aislante. 

Y allí fue el primer pinchazo en hueso. Si os fijáis en las fotos de abajo, la primera de ellas muestra las cuatro salidas del volante (con colores muy desvaídos por el tiempo), la segunda el "torpedo" con el que intentamos guiar los cables a través de la funda negra de 8 mm que tenía en el taller (a través de la cual fue imposible pasar la guía con los cuatro cables) y la tercera, la funda gris de 12 mm por la finalmente optamos. Que ya sé que no es la original, pero que era la única alternativa viable y no queda mal en una instalación donde el resto del cableado de fábrica va en gris. 


Si os detenéis un poco en las imágenes, fijaos que la pieza de caucho negro que garantiza la estanqueidad en la entrada de los cables al compartimento del encendido la hemos dejado al final, porque resulta mucho más sencillo meterla sólo a lo largo de unos pocos centímetros que hacerla entrar desde fuera haciendo todo el recorrido de la funda.

Y en la segunda tanda de imágenes, también hay algún comentario que vale la pena tener en cuenta. Sobre todo, la primera de ellas donde se ve un bote de talco con el que embadurnamos los cables del encendido (y bastantes cosas más) para facilitar su camino a través de la funda. Mano de santo para quien no lo haya probado, y mucho más limpio que el detergente que usan a veces los electricistas en las instalaciones domésticas con tubo corrugado.  


En paralelo, Carlos estuvo mirando cosas por corregir y nos dimos cuenta de que uno de los espárragos que fijan la corona y su embellecedor al buje, estaba partido. Se aprecia bien en las dos primeras imágenes de la secuencia siguiente:


La solución no fue probablemente la más ortodoxa, pero quedó la mar de aparente: tomamos un tornillo M8 de longitud equivalente al espárrago, pasamos por la amoladora una de sus caras laterales para que asentara en plano por atrás, y pusimos una tuerca autoblocante blanca muy parecida a las originales. De hecho, la única diferencia a la vista es que la de serie es una M8 que necesita una llave de 14 mm, mientras que la sustituta es una M8 de 13, que es el estándar actual. Hay que mirarla muy fijamente para notar la diferencia.

A partir de ahí, lo que tocaba era devolver el motor al chasis ...

... y ponerse con la instalación eléctrica, que tiene todavía para un rato. Y aprovechamos para probar algunas cosas nuevas que dieron un resultado digno. Por un lado, las crimpadoras que se ven sobre el elevador en la foto central de la secuencia de abajo. Y por otro, uno de los conectores termorretráctiles con estaño en el centro que se ve (aunque muy mal) en la foto de la derecha prolongando el portafusible.



Si sois curiosos tal vez hayáis reparado en que estoy trabajando sin guantes, cuando más arriba me habéis visto usar los naranja de nitrilo diamantados (no conozco nada mejor como compromiso entre tacto y resistencia) y los Mechanix (para protegerme las manos al meter el motor en el chasis). Pues tiene su sentido, y es que manejar terminales y crimpar con los guantes puestos es un suplicio; y termina uno por preferir algo de suciedad y más precisión al trabajar. 

Y si seguís siendo más curiosos todavía, habréis visto un montón de cables de colores perfectos para reproducir la instalación original. Si a alguien le interesa, tal vez el modo más sencillo de conseguirlos es comprando una manguera de instalación de remolque, que las hay en 7 y 13 hilos de distintos colores. 

Así se quedó la moto, a la que no volveremos hasta pasada la Semana Santa. Pero como os decía arriba, en el proceso de intentar seguir el esquema original y validarlo con el de mi propia moto, hemos aprendido algunas cosas que os cuento en el apartado siguiente.

 

2.- Cómo equivocarse poco al reproducir el esquema eléctrico.

En primer lugar os dejo un esquema coloreado pero incompleto. Si lo miráis con detenimiento, los cables que entran en el piloto no están terminados de colorear, porque es imposible traducir los códigos "de forma" o "de patrón" con que Montesa emula los colores a los tonos correspondientes. Intentaré recordarlo y volveros a colgar la versión definitiva una vez lo hayamos terminado. Pero ahora necesito tanto la imagen general como algunas de detalle para enseñaros cosas.


Códigos empleados para identificar elementos de la instalación.

Como casi siempre pasa con Montesa, nada es casualidad, y hay claves en el dibujo que pueden pasar desapercibidas a quien lo esté usando. Os contamos las que tenemos claras:

  • Mangueras y fundas:

La primera marca significa que hay un tramo de funda donde se enfundan juntos un cable rosa y uno morado. Luego vemos cómo saber cómo deben empezar y terminar cada uno de los tramos en concreto. 
La segunda nos muestra cómo por una manguera muy gruesa transcurren cables de colores rojo, gris, amarillo, verde, azul, negro y blanco ... y cómo en un punto del recorrido se bifurcan hacia una manguera más estrecha el azul, el blanco y el negro. Concretamente es la que conecta el mando de luces con el faro y con el tramo principal de la instalación. Al final del artículo la podréis ver en la lámina de despiece del sistema eléctrico. 
La tercera, que es la del piloto y está sin colorear al 100%, nos da una pista importante, porque las flechas indican que hay una conexión faston al llegar al piloto.

 

  • Tipos de conexión del cableado


Las tres imágenes de arriba muestran, respectivamente el mando de luces y los interruptores de luz de freno delantera y trasera. Mirando las tres imágenes se aprecia perfectamente que unos cables terminan con un círculo (lo que indica que van atornillados) y otros en una flecha. Estas flechas indican conexión mediante un faston que será macho o hembra, dependiendo de si es su parte convexa o cóncava la que apunta al dispositivo. Hay que disculpar al autor de las nomenclaturas por no haber diseñado faston líquidos no binarios, pero imagino que todo se andará en este mundo de locos en que vivimos. 
Un caso especial es el de los faston con conexiones dobles (no sé si llamarlos "faston queer"), como el que se nos muestra en la bobina de alta:

 

La imagen representa que el faston hembra con que se conecta el cable azul al cuerpo de la bobina de alta recibe una doble entrada de cables: el que le llega desde el stator y el que puede ponerla a masa con la llave de contacto para evitar el arranque de la moto.

 

  • Correspondencias con el despiece de "Instalación eléctrica.

Otra pista que puede ser útil nos la proporciona el despiece de los elementos de la instalación que se muestra en la imagen de abajo.

A poco que lo miremos con atención se sacan conclusiones rápidamente, pese a que no vengan códigos de color que nos ayuden. Por ejemplo, las piezas 34.70.235, 236 y 037 son cortas y tienen un faston hembra y una conexión de anillo, como la 34.70.237 tiene ambas conexiones en anillo, lo cual nos conduce al entorno de la tapa lateral derecha desde donde se accede a la batería y la llave de contacto, cuyos contactos son con tornillos, como dedujimos más arriba. Se me ha ocurrido mirar en Ebay.com y me he encontrado con esto:


 

Un comerciante americano que aún tiene algunos conectores originales. Probablemente procedentes del stock del bueno de John Haberbosch que en paz descanse. Pero a los efectos que ahora nos interesan, nos vale para hacernos idea de cómo era la pieza que intentamos reproducir.

 

Y creo que por hoy está bien. Que no sé yo en qué medida estas cosas interesan a mi público, tan silencioso siempre. Que tengáis una magnífica Semana Santa.