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domingo, febrero 13, 2022

El fueraborda Montesa de Ramón (IV) ... y la BMW GS

Durante la semana siguiente a la última entrada (que debió haber llevado fecha del 5 de Febrero y no la de hoy 13) estuve dando vueltas a qué razones podía haber para que el motor se negara a arrancar.

Un primer par de motivos me parecieron la longitud del cordón de arranque, y el otro que igual habría dejado la transmisión demasiado atacada. Pero sobre todo, concluí que el primer culpable debía ser el carburador.

Porque Ramón cambió el carburador por uno de Derbi Variant (un Dell'Orto SHA 1412) con el que sustituyó al SHA 1212 que recordaba como carburador de origen, que estaba para el arrastre cuando él compró el motor. Como podéis comprobar, nada que ver con el CIP del despiece que compré a Libro Motor.


 Cuyo aspecto es tremendamente parecido a un Amal de la serie 2, con excitador y mando de aire. Un modelo curioso, y debía ser el de las primeras unidades, porque el manual de usuario hace referencia al uso combinado del excitador y el mando de aire en tiempo frío.

Así pues, más perdido que un pulpo en un garaje, me dirigí a un especialista en carburación, de gran reputación como conocedor de estas cosas. Os reproduzco la conversación en WhatsApp, porque es conmovedor el interés que le puso, las ganas de ayudar, el conocimiento demostrado, y la abnegación de este buen samaritano, volcado en ayudarme.


Resueltos todos mis problemas, decidí que el carburador se lo iba a comprar Rita, la Cantaora, y que mejor me repensaba la estrategia para arrancarlo. Y con ésas me fui el sábado 12 de febrero a la Estepa con la BMW, a la que quería hacer un par de cosas en el sistema eléctrico. Foto del momento, porque es la primera vez en 10 años que la moto pasa por allí:


Luego vuelvo con ella, que puedo volveros locos si salto tanto de un tema a otro. Pero la buena noticia resumida es ésta:


Ya sé que no se debe arrancar nunca un fueraborda sin agua, pero fueron un par de tirones dados con poca fe, sólo por curiosidad, tras haber aflojado un poco la transmisión, y recortado la cuerda de arranque a los 650 milímetros que recomendaban en el foro de "Saving Old Seagulls" en Gran Bretaña.

Superado el instante de gozo, actué como un hombre responsable y volví a meter el motor en un cubo de agua helada de la Estepa, bien repleta de cal, como corresponde al entorno. Y el resultado de la operación volvió a ser bueno:


Pero, para decir la verdad completa, el motor arranca sin grandes complicaciones, pero sólo se mantiene en funcionamiento si tiene el gas muy abierto. Y aún así, al cabo de un par de minutos se muere sin remedio. De tal modo que hay que darle una vuelta más.

He mirado en el foro de La Maneta, y el carburador de Derbi Variant lleva un chiclé de alta de 52, con lo que he pedido un surtido amplio de ellos para poder hacer cambios y buscar un mejor funcionamiento. Ya veremos por dónde salimos, porque el cacharrillo no tiene posibilidad de regulación dado que no lleva aguja (en su lugar hay una flauta, como la de Bartolo, que tampoco se puede mover) ni emulsor, ni chicle de baja, ni campana que merezca tal nombre, ni nada de nada. Sólo se le puede cambiar el chiclé de alta. A lo mejor hasta resulta más sencillo de ajustar que cualquier otro ... porque su único tornillo es para fijar el ralentí, que no la mezcla de aire. Y ralentí no debe tener porque al no existir botón de paro, el manual dice que para apagarlo basta con dejar de dar gas con el mando de tipo Amal que lleva.

La semana que viene, más, si Dios quiere y los chicles llegan. Pero me falta el apunte sobre la BMW, que era el motivo por el que esta vez Trasto (mi perro de aguas blanco al que igual habéis visto en alguna foto, que no sé si lo saqué por aquí todavía) no me acompañó al taller.

La cosa es tan tonta como que en Enero cambié el GPS Garmin 595 por un Garmin XT. Y en el cambio perdí el puerto USB que el 595 traía como complemento. Ya sé que no lo había usado nunca, que no es previsible que lo eche en falta, y que la BMW trae de fábrica una toma de mechero para poder acoplar accesorios. Pero ninguno de esos argumentos me dejaba tranquilo. Miraba a la moto y sentía que no tenía puerto USB. De modo que compré un invento chinorri en Amazon, que debía acoplar a la toma del canbus donde se alimenta el GPS, para que el ordenador de a bordo lo desconecte al cabo de un minuto si se me olvida apagarlo. Aquí la foto del susodicho:


Tiene un interruptor, y dos puertos USB con distintas intensidades de carga. Pero sumados los amperajes al consumo del GPS, es gestionable por la central electrónica de la moto sin que lo vaya a desconectar por exceso de consumo. Y el resultado, intentando guiar los cables para que no se ve un despropósito es el siguiente:


Se puede ver sobre el cuentarrevoluciones, fijado con una brida. Que no es lo ideal, pero no se me ocurrió otro modo de ponerlo que fuera menos chirriante. Y como Fernando Piris ya no lee el blog, no corro el riesgo de que deje de hablarme por chapucero.

¡Que tengáis buena semana!

domingo, agosto 01, 2021

Happiness is a warm engine

Era Septiembre  de 2013 cuando escribí una entrada en la que hablaba del primer paseo que di con mi hijo en moto por la sierra de Madrid. Han pasado ocho años de eso y parece mentira pensar lo rápido que se han ido y cómo -a la par- han podido pasar tantas cosas en medio.

Hace ocho años salían un hombre de 50 años acabados de estrenar y un adolescente con la selectividad recién aprobada y a punto de empezar su carrera. Una BMW R1200 GS y una Hondita CBR de 125 recién llegada a su vida. Hoy compartían ruta un hombre maduro al que faltan dos años para entrar en otra década y un hombre joven que lleva ya unos años de carrera profesional, y conduce una BMW F 850 GS Adventure, que es ya la tercera moto por la que ha pasado, si exceptuamos las de campo.


¡Qué rápido va esto, Dios mío!

Pero, por otro lado, ¡qué privilegio disfrutar de cinco horas de ruta con un hijo que comparte contigo una afición tan bonita como ésta! 


Salimos aprovechando el fresco de una primera hora de verano, consumimos rápido unos kilómetros de autovía hasta Torrelaguna, y desde allí nos lanzamos a las sierras de Madrid y Guadalajara, rodeando paisajes con vistas preciosas, asfalto bueno, y poco tráfico. Una delicia.


Parte del recorrido lo hicimos alrededor de lo que llaman "Muralla China", que tiene una orografía peculiar, un colorido muy característico, y algunos puntos donde resulta difícil resistirse a parar para hacer una foto. Carreteras ideales para el concepto GS, con el que das dos toques a un botón y adaptas la amortiguación al entorno en cada momento.


En fin ... poco mejor podía haber sido el plan para un domingo cualquiera perdido en mitad de un verano. Y poco mejor estreno para un mes de Agosto al que intentaremos sacar todo lo que dé de sí.


¡Felices rutas para todos!


jueves, julio 22, 2021

Una R 1200 GS que se queda en casa ... y una 1250 que se queda en el concesionario.

Hablo poco de ella, pero mi BMW R1200GS lleva ya 10 años en mi vida. La compré con muchísima ilusión, y me encantó desde el primer momento por su motor, su sonido, por una electrónica muy avanzada para su época (un ABS estupendo y una revolucionaria suspensión electrónica entre otras cosas) y también por su peculiar telelever, que te cambia el modo de conducir ... y hasta hace que parezcas mejor piloto a veces.

El caso es que, pese a seguir feliz con ella, mi hijo ascendió hace poco en el trabajo y se estuvo planteando cambiar desde su GS850 Adventure a una R 1250 GS. Y de tanto charlar con él, terminé por pensar que diez años eran un plazo bastante razonable para jubilar un vehículo y que, a mis 58, había posibilidades de que la siguiente moto grande fuera también mi última moto grande.

Y entonces te vas a mirar las web de segunda mano y compruebas que tu 1200 vale aún un dinerito, y que en la página de BMW todo son facilidades para hacerte con una de las nuevas casi sin darte cuenta. Y para más desgracia, coincide con que tu hijo te dice que si le llevas al concesionario para recoger su Adventure de revisión. Así que te plantas allí, y te meten por los ojos una 1250 Triple Black, que tiene un frontal más bonito que el de mi moto. Muy distinta a la Rally que le llama la atención a mi hijo. En esas condiciones, ¿cómo no vas a pedir un presupuesto para la nueva, y una prueba para salir de dudas antes de meterte en el lío?

Pues eso hicimos los dos: pedir la prueba. En días distintos, pero con la misma unidad de concesionario: una Triple Black con ruedas de radios ya rodada y llena de extras. Que resultó más familiar para mi hijo, puesto que su moto lleva ya la nueva pantalla TFT con el mando de control rotatorio en el puño izquierdo, y algo más ajena para mi, que llevo 20 años acostumbrado a que el intermitente izquierdo está a la izquierda y el derecho en la derecha. Algo tan maravillosamente lógico que uno echa en falta cuando se plantea pasar de una BMW clásica a las modernas que siguen el estándar japonés.

Mi hijo fue el primero en probarla y me llamó para decirme algo parecido a: "un pedazo de moto, papá, pero no suena nada comparada con mi Adventure, y eso me mata porque el sonido es parte de las sensaciones que te traslada una moto". Y luego me tocó a mí. Y a mi mujer, claro. Que para eso la moto es algo que compartimos cuando tenemos ocasión.

Primero me fui a dar una vuelta cortita con ella por ciudad y luego la dejé en casa para salir unos kilómetros a carretera. Y ahí empezaron los problemas, porque mi mujer encontró que el asidero del pasajero hace daño en las manos dado que las dos piezas que lo componen no hacen un contacto perfecto entre ellas, y añadió que el ruido era muy feo. No lo bastante grave, en principio, como para contrapesar. la sensación descomunal que me trasladó en carretera el motor con su distribución variable y su gestión electrónica: pones aquello en modo "Pro", y la aceleración es devastadora. No sé qué diferencia tenga, crono en mano, con mi 1200 de 110 caballos, pero los 136 de que presume la 1250. se sienten poderosos bajo tu trasero, y deberían distanciarlas bastante.

Por eso te vuelves a casa cargándote de razones y pensando en que es un cambio razonable. Y llevas tu moto a lavar para hacerle fotos y ponerla en venta.


Con lo que, no sólo te das cuenta de lo cuidada que está, sino que también saboreas la sensación de sus falsas explosiones en el escape al cortar gas, o el ronroneo profundo que tiene en los semáforos al ralentí. Y te acuerdas de tu hijo y su comentario de que en una moto son muy importantes las sensaciones que te traslada.

Llegas a casa un poco menos convencido del cambio y al quitar la llave miras el cuentakilómetros, que marca 30.000. Le quitas un cero y concluyes que llevas el vergonzoso promedio de 3.000 kilómetros al año. Ni 10 al día le has hecho a la pobre moto. Y piensas ... ¿de verdad merece la pena meterse en un cambio para el uso que le doy? Así que aprovechas que es Julio y tenías el viernes despejado, reservas en el Parador de Gredos, y te llevas a tu mujer, que no montaba en moto desde que empezó la puñetera pandemia.


Y no sé deciros en qué kilómetro exacto del recorrido pintoresco que me proporcionó el Garmin hasta llegar allí, pero antes de alcanzar el Parador, la GS1200 se había ganado la permanencia en casa. Sigue siendo la moto total. Capaz de moverte a un ritmo muy alto en autovía si lo necesitas, convertirse un minuto después en un prodigio de suavidad ajustando la suspensión mientras pasas de una general a una comarcal, y de darte ratos inolvidables si la ruta se vuelve ratonera. Cómoda para mi mujer, divertida para el piloto, y dándome una sensación de ligereza, precisión y control que no tuve jamás con una moto tan grande. No sé si algún día llegará a mi garaje su reemplazo, pero la 1200 se ha ganado un sitio permanente en mi vida. Dios quiera que la disfrutemos muchos años.

martes, octubre 04, 2016

Un otoño cualquiera

El Jueves 29 a las 8 de la noche era el funeral de Juande. Y cuando miré el calendario resultó que ése día sólo tenía una clase por la mañana a primera hora, y un viernes donde las cosas pendientes se podían resolver por teléfono y con un ordenador. Así que pensé que, por una vez, iba a poder estar en Córdoba un día entre semana. Y ya puestos, que no podía hacerle mejor homenaje que hacer el viaje en moto.

Así que agarré el Tomtom, puse un par de pasos intermedios en la ruta entre Madrid y Córdoba para forzar al invento a no llevarme por autovía, y a las 11 de la mañana estaba con la GS 1200 camino de mi tierra por un recorrido que probablemente no sea el mejor de los posibles, pero que me permitió dedicar algo más de cuatro horas a pensar en mi amigo y desearle de corazón un reposo tan bueno como merece una persona como él.

No hice muchas fotos porque tenía la cabeza en otro lado, pero en algún punto del recorrido no pude evitar pararme para saborear el paisaje con un mínimo de calma. Absurdamente no lo hice en el Parque Nacional de Cabañeros, donde la CM 403 es un espectáculo de buen asfalto y curvas bien trazadas donde la moto se levanta y se deja caer dulcemente y sin esfuerzo alguno por parte del piloto. Pero sí me detuve en Fuencaliente, que marca el límite entre Castilla la Mancha y Córdoba, cerca de Conquista, sólo para ver qué bonitas se veían las nubes de final de Septiembre en el horizonte. 


Y a la vuelta, tras haber dedicado un par de días a mi madre, escogí una ruta aún más extraña y de la que no guardo recorrido exacto porque improvisé sobre la marcha. No me preguntéis cómo, pero acabé con la moto parada junto al Guadiana, cerca de un lugar llamado Poblete, donde el paisaje merecía tanto la pena como podéis ver:


Un fin de semana cualquiera de un principio de otoño como el de cualquier otro año. Pero que te hace recordar que no estás aquí para siempre, y que más te vale aprovechar el tiempo que Dios tenga previsto dejarte, dándole gracias por haber puesto a tu disposición un mundo como el que tenemos a mano y frecuentemente olvidamos.

miércoles, abril 15, 2015

Algo de electrónica en moto



Cuando hace unos años vi a los amigos del Moto Club Impala con los interfonos en los cascos pensé que la idea tenía sentido. Pero entre unas cosas y otras nunca encontré el momento de dedicar un rato al tema, y el tiempo fue pasando.

Por el camino, compré un GPS Tomtom para la BMW, que incluso nos acompañó a Barcelona en el manillar de la Impala 2 de José María, y en muchas ocasiones eché en falta poder escuchar las indicaciones habladas del cacharro. Al punto de que debo confesar que en alguna ocasión metí bajo el casco un auricular bluetooth que mangué a mi hijo, y que me hacía polvo la oreja, pero me sirvió en algún trayecto complicado.

Pero hasta hace un par de semanas, en que pensé que me iba a ir de viaje a Córdoba en moto, no dediqué un rato serio a trabajar sobre el tema de cómo integrarlo todo para poder ir cómodo y seguro con toda la cacharrería electrónica.

El viaje lo planifiqué huyendo lo más posible de autopista y autovía, con lo cual necesitaba:

1.- Una ruta bien organizada y copiada en el GPS.
2.- Los avisos de radares donde fuera menester, dado que eran carreteras desconocidas para mi. No pensaba viajar a velocidades salvajes, pero tampoco a los ridículos 90 km/h teóricos en algunas de ellas.
3.- Posibilidad de escuchar música si así lo deseaba.
4.- Posibilidad de recibir una llamada telefónica sin pararme a devolverla en una cuneta.

Es decir, se trataba de integrar al menos tres aparatos entre sí: el dispositivo del casco, el GPS y el teléfono. Así que me puse a investigar.

Mi primera opción fue echarle un ojo al kit específico que Schuberth vende para mi casco (un modelo C3 de hace tres años). Pero tras leer en bastantes foros llego a la conclusión de que tiene problemas serios de conectividad con algunos móviles, y un precio que se va muy por encima del promedio del mercado. Opción descartada, y me pongo a recordar que en una Impalada nos dieron un folleto de la marca Interphone, así que me paso por su web a ver qué ofrecen.

Y me encuentro con que tienen 3 modelos llamados F3, F4 y F5, cuyas diferencias son bastantes. Pero lo más importante es que los modelos superiores están orientados a la comunicación moto a moto para grupos de conductores. Así que los descarto y me centro en el F3, que hace todo lo que yo buscaba y sirve también para hacer de intercomunicador con el resto de la gama del fabricante ... e incluso con intercomunicadores de terceras marcas. Pero, lo que es mejor, resulta que existe un modelo específicamente adaptable al Schuberth C3, con altavoces de mejor calidad. De tal modo que echo un vistazo por Internet, veo que los precios de Boutique Motor son más que razonables y llamo a mi amigo Floren a preguntarle si tiene el modelo disponible. En 10 minutos tenía el Interphone F3 en casa y me puse a montarlo en el casco.

Del proceso de montaje no tomé ni fotos. Es rápido y sencillo, con un manual bastante simple. Igual que el proceso de conexión. Tan fácil como emparejarlo con el móvil (del que luego tomaré la música y las llamadas entrantes), y configurarlo luego como auricular de mi Tomtom Urban Rider.

Lo curioso del caso es que, después de todo, no me fui a Córdoba con la BMW, pero el cacharro quedó instalado en el casco, y llevo unos días usándolo. La conclusión es: ¿y cómo he podido ir sin esto hasta ahora? En Madrid te ves muchas veces yendo a sitios que desconoces, y llevar la moto pendiente de la pantalla del GPS no es siempre la mejor opción en términos de seguridad. Como también es horrible sentir el móvil vibrándote una y otra vez cuando vas en la autovía y no puedes parar la moto para contestar. Así que contento con el cacharro.

La otra parte de la cuestión era ver qué opciones existían para planificar rutas interesantes en el GPS y grabarlas para ser seguidas a continuación. Y aquí lo hice de un modo alternativo. Por un lado, busqué rutas recomendadas en comunidades moteras para el trayecto que me interesaba. Por otro, empleé el "Tyre Pro" para diseñar los recorridos y después grabarlos en el navegador. El resultado es muy bueno (pese a que, como uso Mac y no hay versión más que para Windows, tuve que recurrir a instalar el software en una máquina virtual con VMware Fusion), y permite hacer todo tipo de recorridos, gestionarlos de modo eficiente, guardarlos, y cualquier cosa que uno desee.

De hecho, las nuevas generaciones de Tomtom llevan incorporado el "Tyre Pro" para sugerir rutas con curvas y/o desniveles que resulten más atractivas para moteros. Pero tienen otros problemas, que te cuento por si te estás planteando -como yo lo estaba haciendo- cambiar tu Tomtom de segunda generación por uno de los actuales. Y el problema está en que el fabricante ha blindado el software de sus nuevos dispositivos. Son más rápidos y eficientes que los antiguos ... pero a cambio no puedes gestionar los POI's (Points Of Interest) de una manera tan libre. Y eso impide cargar en el navegador otros avisos de radar que los que Tomtom te vende como actualización separada. En mi caso, que llevo años usando los avisos de radar suministrados por "Robser", quería seguir teniendo los mismos, porque se actualizan semanalmente y son muy fiables, además de que el precio de la versión "ilimitada" es tan bueno que uno no puede resistirse.

Así que, por una vez, dedicarme a investigar a fondo un tema no sólo no me ha llevado a consumir más, sino que me ha hecho ahorrar un dinero. Si lo lee mi mujer, no se lo cree, pero ojalá os sirva a vosotros la experiencia.

martes, septiembre 10, 2013

Mi hijo en el retrovisor.

A finales de Agosto cumplí 50 años. 

Y eso no sólo quiere decir que ya sólo me faltan seis para hacer mi primer medio siglo como motero, sino también que estoy en ese momento de la vida en que ves con claridad cómo la siguiente generación viene apretando, y que ya va quedando poco para que en lugar de estar detrás, me den una pasada de aúpa en mitad de una curva.

Pero creo que nadie será más feliz que yo ése día. Sobre todo si es mi hijo quien lo hace.

Porque este Agosto ha sido, también, su primer verano con moto propia. Una Honda CBR 125 R de segunda mano que se ha comprado después de ahorrar durante todo el año y trabajar en Julio tras aprobar su Selectividad. Averiguad qué mecánico se encargó de desmontar la horquilla, cambiar retenes y revisar todo lo revisable. ¡Una japonesa en mi taller! Nunca lo hubiera creído.

Así que después de unas semanas donde se estrenó (en todos los sentidos, porque el primer día se desolló vivo al caerse bloqueando la rueda trasera) en Chiclana, este domingo, por fin, salimos juntos a dar una vuelta larga por carretera. Yo con mi GS y él con la Hondita.

8:30 de la mañana para no coger tráfico en Madrid, y proa puesta a uno de mis recorridos habituales. Aquí lo veis en una gasolinera pasado Tres Cantos, en dirección a Miraflores. Casco AGV nuevo, pero mi vieja Dainese azul, cuyos hombros todavía no rellenan sus 17 años.


De ahí pusimos rumbo al puerto de Canencia vía Miraflores de la Sierra. Una carretera con un asfalto en muy buen estado y una colección de curvas fantásticas para que un novato entienda cómo se debe trazar para no matarse con el que pueda aparecer de frente.


Un poco más adelante paramos pasado el puerto para ver si se animaba a bajar al valle del Lozoya. Creo que su cara explica mejor que mis palabras el rato que estaba pasando.


Y allá que pusimos proa. Desde Canencia a Lozoya, Alameda del Valle y Rascafría, donde paramos -como es casi obligado- en la fábrica de chocolate San Lázaro a comprar un par de tabletas para regalar a las que se habían quedado durmiendo.

Lástima que con el motorcillo de la Honda no era cuestión volverse por la autovía de la Coruña, con lo que no hicimos el puerto de Cotos ni el de Navacerrada y nos volvimos por donde habíamos venido. Pero no estuvo mal como bautismo de fuego. Más de 200 kilómetros de paseo con una sobredosis de curvas no son mal plan para un novato.

Ojalá hayan muchos domingos así a partir de ahora.

sábado, enero 14, 2012

Chocolate en Rascafría

Parte de lo que pasa con la edad es que uno cambia de vicios ... o retoma algunos que había perdido tiempo atrás. En mi caso, no creo que pueda considerarme como una persona golosa. Cuando era pequeño me encantaba todo lo dulce, pero hace ya mucho tiempo que cuando tengo hambre suelo pensar en algo salado. Cosas de la edad.

Pero la excepción empieza a ser el chocolate. No sé qué demonio tiene, que cada vez me gusta más. Al punto de que tengo que ser cuidadoso y no abusar, porque si me dejara llevar acabaría con treinta kilos más y el hígado hecho unos zorros.

Y como hoy tenía que ir a Segovia a llevarle a mi hija mayor unos libros, he aprovechado para hacer la primera excursión invernal con la GS. Días antes estuve preparando una ruta con el TomTom que me regalaron en Navidad (en un próximo comentario hablaré a fondo del cacharro), y quería saber qué tal funcionaría.

Como no podía ser de otro modo, estrené el GPS con uno de mis recorridos favoritos: Madrid-Miraflores-Puerto de Canencia-Rascafía-Puerto de Navacerrada. Curvas para aburrir, a las que sumé el tramo Puerto de Navacerrada-La Granja-Segovia por la CL 601. Con este recorrido, los 90 aburridísimos kilómetros de autovía que hay desde casa a la de mi hija se convierten en 131 de maravilloso paseo invernal, a través de unas carreteras donde la BMW está en su elemento.

Una de las buenas razones para pasar por Rascafría es darse una vuelta por la Fábrica de Chocolate Natural "San Lázaro", donde siempre hay alguna sorpresa agradable. Hasta ahora siempre he comprado chocolate con frutos secos (el con leche y avellanas es delicioso) o trufas, pero hoy me he decidido a probar los pralinés. Y no debía haberlo hecho, porque no sé qué haré cuando se acabe el de café. Para chuparse los dedos y no parar. Además, hoy estaba el lugar muy tranquilo y la dueña me estuvo contando que son un negocio con tres generaciones de dedicación al chocolate, y que sus tres hijos están involucrados en el negocio familiar.

Mala, pero dejo una foto por si alguien se anima. Palabra que vale la pena.


Tienen una página web en http://www.chocolatenatural.com/ que no hace justicia a la estupenda calidad del producto.

En fin, una mañana disfrutada por la sierra antes de que esta noche caiga la primera nevada del año. Y un mediodía estupendo con mi hija mayor, que -recién sacado su A1- se ha atrevido a probar la GS por el parking de la Universidad.

Y cuando se bajó no sé cual de los dos tenía más cara de gusto. Creo que me estoy haciendo mayor.

domingo, febrero 20, 2011

On any sunday

Tal vez la mejor película sobre motos que se haya rodado sea "On Any Sunday", en la que Steve McQueen y un grupo de amiguetes se lo pasaban como los mismos indios montando en moto. Más que una película se trata de un documental donde se intenta explicar lo mucho que engancha la afición a las motos. Probablemente esa sea la razón del título original (traducido significa "En un domingo cualquiera") que por alguna extraña razón en España deformaron como "Prueba Uno" que no significa absolutamente nada. Una lástima.

El caso es que la película muestra muchos tipos de especialidades motociclistas tanto de campo como de carretera, y cierra con unas imágenes que hoy serían más falsas que los efectos especiales de George Lucas, porque son unos minutos de derrapadas interminables con tres motos de cross por unas playas completamente vírgenes. Y hoy no quedan playas de esas, y por las que tenemos no se nos permite montar.

Sea como fuere, película completamente recomendable, de la que tomo el título prestado para contar que este fin de semana no ha habido taller. En concreto, no me había llegado el segmento superior de la Impala, y José María estaba de cumpleaños de su hija, con lo que servidor tenía pocas ganas de herramientas. Además, ayer sábado abortamos un paseo en moto con otros amigos de "La Maneta" por culpa de la lluvia , y con el mono de excursión que me quedó, según terminé de ducharme pensé que hoy era un día tan bueno como cualquier otro para hacerle unos kilómetros a la alemana, y me encasqueté la ropa de carretera.

Como no soy de Madrid, ni he rodado mucho por la provincia, no tenía maldita la idea de qué ruta seleccionar, así que opté por poner rumbo a Rascafría, donde borrosamente recordaba que había una carretera con muchas curvas y que merecía la pena. El recuerdo viene de la época en que teníamos el Ibiza rojo, que se nos quedó casi sin frenos en aquella carretera, de la paliza que le metí. Eran otros tiempos y todavía corría de vez en cuando.

Tanque lleno en la gasolinera de Cea Bermúdez, salida por Castellana hacia la Avenida de Burgos y autovía hasta el desvío a Rascafría. Estoy seguro de que tiene que haber un modo más "curvilíneo" de llegar allí, pero como voy de novato, no sé hacerlo mejor. El caso es que llego a Rascafría con poca curva de momento ... justo para encontrarme con una "Fábrica de chocolate natural" en uno de los cruces del pueblo, así que paro y compro dos tabletas porque mi hija pequeña es tan aficionada como su padre. Tal como se ve en la foto, el día estaba claro, pero con alguna nube. Una iluminación preciosa para haberse parado a hacer muchas más fotos, porque daba unos contrastes magníficos.


Desde antes de la entrada en Rascafría llevaba un rato viendo indicaciones que marcaban "Puerto de Cotos" y "Navacerrada", y como parecía una ruta interesante, para allá que nos fuimos la BMW y servidor. Lo que no sabía era que había una cantidad de nieve bastante considerable pese a que el puerto estuviera abierto. Tanta como que en mitad de la subida, a unos 1.500 metros de altitud, me encontré con un Nissan de la Guardia Civil señalizando que unos metros más arriba se había ido a la cuneta un chino con una fragoneta en un despiste. Señal de que era mejor tomarlo con calma, porque el centro de la calzada estaba despejado, pero la nieve tapaba incluso las líneas blancas de las cunetas. Como una imagen vale más que mil palabras, las cosas estaban más o menos así ...


Supongo que para los lectores de padres siberianos no debe ser gran cosa. Pero para los oriundos del sur, miramos un paisaje como este y se nos congela absolutamente todo. Las vistas son una auténtica maravilla en esta carretera, además. Y como vamos despacito y con cuidado, da tiempo a saborear al paisaje y a parar de vez en cuando para tomar alguna foto.

No sé muy bien cuantos kilómetros son entre Rascafría y Navacerrada, pero puede que anden en veintitantos. Asfalto en impecable estado y curvas bien trazadas. Según os acercábamos al puerto, vi por primera vez en la moto saltar la alarma de posible hielo, y paré para hacerle una foto. Marca 2,5 grados, pero me parece que el sensor de temperatura es un tanto optimista. En ese instante llevaba los puños con la calefacción al máximo, pese a que bajo los guantes me había puesto unos polares finos. Y palabra que no me sobraba nada. :-)


Y poco más que contar. Lo dicho: un domingo cualquiera, que no lo fue gracias a la compañía de la recién llegada, que se portó como una auténtica campeona. 175 kilómetros, 5 litros a los 100 de consumo y una velocidad media de poco más de 81 km/h hasta la puerta de casa.


El próximo fin de semana volveremos a la llave inglesa. Que tengo pendiente un ajuste de cuentas con una Cota 247 que yo me sé ...

miércoles, diciembre 29, 2010

Una alemana moderna


A petición de Agustí subo la primera foto de moto moderna en mucho tiempo. La amiga de Harvey, para más señas. La BMW R1200GS que entró en mi vida un 28 de Diciembre dejándome sin gasolina en mitad de una autopista.

Llevo con ella apenas 300 kilómetros desde que la saqué ayer a esta hora de un concesionario, pero mi sensación con ella es de que haya sido mi moto durante años. Sé que sus dimensiones imponen, pero puedo dar fe de que el topicazo que circula sobre estas motos ("una vez andando te olvidas del tamaño y el peso") es cierto: echas a andar con ella y la sensación es de una ligereza que no esperas.

Y la sensación se confirma en puerto de montaña: la mueves con una tremenda facilidad de un sitio a otro. Con la cintura y sin agobios. Con el único punto extraño de que cuando frenas no hunde la suspensión delantera porque el telelever delantero independiza suspensión y dirección. Dicen que una vez que te acostumbras no quieres saber de nada de las horquillas de siempre, y no sé si será verdad, pero de momento sorprende sin resultar desagradable.

Otra de las cosas llamativas de la moto, es que me hace regresar a mis años con la Le Mans, porque lleva el mismo sistema de "frenada integral" ("semi-integral" lo llama BMW) mediante el cual el pedal de freno trasero maneja también uno de los discos. La diferencia está en que el otro disco tiene una capacidad incomparablemente mejor que la italiana para detener el conjunto. Hay fotos en la red levantando rueda trasera en una apurada.

Por otro lado, ofrece múltiples opciones para jugar con la electrónica, ya que te permite modificar desde el puño izquierdo el reglaje de la suspensión, el ABS, el control de tracción, e incluso pedir una información muy completa que abarca desde temperatura o nivel de aceite hasta la presión de los neumáticos.

En fin, que Dios dirá qué me traiga el destino a sus mandos, pero que de momento estoy encantado con el sonido ronco de su escape y lo fácil que resulta de llevar. Tanto como para olvidarme de que su electrónica, a veces, dice cosas que no son muy realistas.

martes, diciembre 28, 2010

Harvey, el mensaka sudaca

Madrid, 28 de Diciembre. Día de Inocentes, para quien no haya caído. Esta mañana a última hora recojo mi moto nueva: una flamante BMW R1200GS con la que llevo soñando unos meses. Debo confesar que, en los últimos días, lo de soñar era algo más que un modo de hablar. Tenía pesadillas pensando que la moto no me gustara. Sé que suena idiota, pero no había probado una antes de comprarla, y el cambio desde mi moto de los últimos diez años (una BMW K100 RS) era como de la noche al día. Y para más inri, es la moto más nueva que he tenido. Como para equivocarse, vamos.

El caso es que, después de recogerla cerca de las dos de la tarde y hacer un par de docenas de kilómetros por Madrid haciéndola probar a Myriam y los niños, tocaba comer. Justo cuando más ganas tenía de seguir subido en su sillín. Pero es Navidad, la familia es lo primero, y dejé la moto en el garaje con idea de salir hacia la sierra en cuanto hubiera acabado el café y la sobremesa.

Dicho y hecho: saqué del armario las viejas botas que no usaba desde que paré la Guzzi recién casado, me puse unos pantalones de carretera forrados, la cazadora Dainese que me regaló mi mujer hace doce años, y me bajé al garaje dispuesto a poner rumbo a Collado Mediano.

Antes de arrancar, mirada a la nueva inquilina del garaje, y jugueteo con la multitud de botones que tengo en la piña izquierda. Uno de ellos me dice que tengo autonomía para 69 kilómetros con lo que pienso que ya rellenaré en la primera área de servicio de la carretera de la Coruña. Salgo hacia Moncloa y por fin enfilo la autovía. La moto es una seda. Alta, suave, manejable, con unos frenos maravillosos y un sonido ronco que echaba de menos en mi otra BMW. Tráfico todavía no muy cargado a las cinco de la tarde, carril izquierdo y gas. La alfombra mágica me transporta entre mil sensaciones olvidadas cuando de pronto noto que la moto se viene abajo. Reduzco una marcha sin conseguir nada y me doy cuenta de que debo pasarme cuatro carriles hacia la derecha si no quiero morir aplastado por algún conductor despistado. Afortunadamente consigo hacerlo con la inercia que llevaba, pese a que estoy al inicio de una rampa que lleva a la gasolinera del kilómetro 7.

Todavía con el corazón a 200 pulsaciones coloco el warning, pego la moto al guardarrail, me coloco por fuera de éste y corto el contacto. No tengo la menor idea de qué ha podido pasar. De haber sido otra época y otra moto, juraría que me he quedado sin gasolina, pero ... no es posible porque han pasado apenas cinco o seis kilómetros desde que salí de casa con autonomía para 69. Meto la llave de nuevo, pulso el botón que me da la información de autonomía y ... ¡otra vez los mismos 69 kilómetros! Está claro que algo no funciona.

Pienso en qué hacer y recuerdo que me he dejado en casa el papel con el teléfono de la asistencia en carretera, así que llamo a mi mujer y le pido que me lo busque. Mientras tanto, pongo el casco en el suelo tras la moto. Sé que somos pocos los que todavía recordamos qué significa el gesto, pero aún así, decido que vale la pena probar. Pasan varias motos modernas y sólo en un par de casos el piloto me mira al pasar. El resto, ni eso. Llamada de mi mujer con el teléfono de la grúa a la par que un Guardia Civil, que está atendiendo una avería en el carril Bus Vao frente a mi, me pregunta qué me pasa. Parece que al final encontraré ayuda de algún tipo: el Guardia me hace una seña dándome a entender que vendrá en cuanto acabe con la emergencia en el carril rápido, y la grúa me promete tardar menos de media hora.

Estoy pensando en la suerte que he tenido de ir tan abrigado porque el frío se hace notar a medida que se va retirando la luz, cuando de pronto para una moto dos metros por delante de la BMW muda. Es un mensajero: pantalón y chaqueta negros, guantes de invierno y, cuando me acerco, cara de piel oscura que indica que no es de aquí. Manda huevos -pienso- que no pare ni un españolito y tenga que ser esta criatura la única que tiene un minuto para mí. Y según estoy en esas, con su acento del altiplano me pregunta qué me pasa. Le explico que creo haberme quedado sin gasolina y me dice que él tiene una bolsa de emergencia y que estamos muy cerca de una gasolinera a la que se ofrece a llevarme. Le digo que no puedo dejar la moto allí sola porque está la Guardia Civil pendiente y una grúa en camino, y se ofrece a ir él a por combustible para probar si podemos arrancar mi moto. Así que le doy las gracias, y diez euros para combustible.

Sin más, el mensaka del altiplano monta en su moto y se va autopista adelante. No han pasado cinco minutos cuando aparece el coche de la Guardia Civil. Amables y profesionales como siempre, me preguntan sin viene ayuda de camino y les respondo que llamé a la grúa, pero que estoy esperando a un mensajero sudamericano al que he dado diez euros para gasolina. Uno de los guardias mira al otro como pensando en lo pardillo que puede llegar a ser un ser humano, pero no ha terminado de decir nada cuando vemos que a 500 metros de nosotros, por el lateral de la autopista, viene corriendo una figura negra y bajita con algo en las manos. Medio minuto más tarde está claro que el bueno del mensaka, lejos de fugarse, viene con todo el cuidado del mundo y medio litro de gasolina porque su bolsa está rota y gotea.

Según llega mi ángel de la guarda, echamos la gasolina en el depósito y aparece la grúa. Aquello parece un congreso en torno a mi muda moto negra hasta que le doy al botón y ¡¡arranca!! El puñetero marcador electrónico de autonomía está jorobado, y probablemente tiene una obsesión con la cifra de marras.

El mensajero hace amago de devolverme la vuelta del dinero que le he dado, pero le contesto que se tome una cerveza a mi salud por las molestias, a lo que me mira con cara de incredulidad. Hay que jorobarse; con el pedazo de detalle que se ha marcado, y aun le parece un exceso que le dé un puñado de euros. Si encima le va a parecer demasiado, pienso, y no sabiendo ya cómo darle las gracias le pregunto por su nombre. "Harvey, señor", me contesta, y ante mi cara de extrañeza lo deletrea: se ve que está acostumbrado a que nos parezca raro.

La historia termina quinientos metros más arriba en la gasolinera donde llego gracias al medio litro de mi nuevo amigo, y donde me acompañan la Guardia Civil y la grúa por si pasara algo más, una vez llena la panza de mi glotona alemana nueva.

Harvey se va dándome la mano -y las gracias una vez más- y me deja pensando en la de cosas que puede enseñarte un desconocido un día de Inocentes cualquiera en una carretera de salida de Madrid.