miércoles, junio 05, 2019

Impalada 2019, una crónica por fascículos (I)

I.- La preparación y las motos.

No estoy seguro, ni me voy a poner a comprobarlo antes de escribir, pero juraría que en alguna de las últimas Impaladas no hice crónica en el blog, y que en otras la hice muy sintética. Y no porque cada una de ellas no tenga su propia historia, sino porque la vida no siempre da para todo lo que uno quisiera poder hacer … y porque, a veces, el ánimo no está para mucho más que simplemente sobrevivir a las circunstancias.

Pero este año, sin que sepa exactamente por qué, sí me apetece escribir un poco sobre un evento al que asisto ya por séptima vez desde que en 2011 me animé a pasarme por Barcelona y acompañar a Pep y al resto de amigos del Motoclub Impala a los mandos de una King. Ha pasado tanto tiempo que por aquel entonces, ni Fernando ni Nacho tenían una Impala, ni venía nadie conmigo desde Madrid, ni Pepe Maciá era un recuerdo constante para todos nosotros. Tanto tiempo que en 2.011 Pere iba detrás de su padre en el asiento de la Texas que hoy conduce él mismo, y Pepe Jr. pensaba que la Impala 2 de su padre era un hierraco absurdo que no le interesaba nada.

Y el caso es que el sábado estábamos todos: Fernando en su propia Impala 2, Nacho con su Sport, Charlie con mi Turismo, Eugeni y José María con el WhatsApp, y Pepe desde donde Dios quiera que esté, pero representado por el siguiente Pepe, que intentará venir el año que viene a Madrid para acompañarnos en moto a Barcelona y así dar cumplimiento a lo que su padre quiso hacer y no pudo. Ojalá encajen todas las piezas y podamos compartir ruta con él. De momento, este año, y como siempre en las últimas ediciones, pasó un buen rato con los amigos de su padre, que ya son los suyos propios.

Un año más, estuvimos todos. Cada uno de un modo distinto.


Que quizá sea una de las cosas más bonitas que he visto en esta edición: que el relevo generacional se va produciendo, y se ven motos que ya no conduce su dueño, sino el hijo de su dueño. Alguna de ellas, incluso con algún niño en el asiento trasero, como hace siete años iba Pere. ¿Conseguiré liar a mi hijo para que se apunte alguna vez? De momento rueda por Europa con su GS 700 sin hacer mucho caso de las Montesas de casa, pero supongo que algún día madurará.

Pero no quiero entrar en muchas disgresiones, porque recuerdo que alguna de las “no crónicas” anteriores terminaron en el limbo de la nube, donde siguen en formato “borrador” por un exceso de ambición. Así que haré lo más simple, que es ser menos literario y partir la crónica en trocitos independientes que me hagan más sencillo concluirla sin dejarlo a medio camino.

La preparación
Igual que sucede con la pintura de una moto, cuanto más se prepara un viaje, mejor suele ser el resultado final. Y del mismo modo que me pasa con la puñetera pintura, nunca he tenido la paciencia -y a veces, tampoco el tiempo- de planificar el viaje como se merece. En el fondo -supongo- son cuatro días que siempre tienen cosas en común, con lo cual piensas que “te lo sabes”, y descuidas de nuevo repasar las rutas alternativas o revisar a fondo la lista de cosas que vas a necesitar.

Tal vez por eso este año tocó pedir en Amazon unos desmontables de rueda urgentemente, porque los míos se quedaron en el taller a 150 kilómetros de casa y no me daba tiempo a recogerlos. Como también descubrimos en mitad de la nada que las dos bombillas de freno de recambio (llevo siempre una en cada moto) estaban fundidas y tuvimos que parar en mitad de Aragón a comprar recambio para no hacer la Impalada sin luz de freno en la moto de Carlos. En la mía, la Osram de tecnología led que puse hace unos años está dando un resultado excelente y no fue necesario hacerle nada.

Minutos antes de darnos cuenta de que no había intercomunicador.

En cuanto al resto de temas previos, renovamos los seguros, comprobamos ITV, repasé las motos y cambié aceites en la mía (no es la de Carlos, que tenía escasamente 1500 kilómetros) y compramos 12 tubos de aceite Castrol Power 1 Racing, de los que más de tres han vuelto a Madrid tras un montón de kilómetros.

Poco más nos dio tiempo a hacer, porque mi compañero iba saturado de trabajo y yo entregaba notas el día antes de salir, con lo que poco rato dediqué a planificar y revisar ruta ni cosas por el estilo. Así que, con la cabeza en otro lado hasta un rato antes, nos fuimos para Alcañiz el Jueves 30 de Mayo ... no sin antes empezar el viaje con el pie izquierdo al comprobar que Carlos se había traído el intercomunicador equivocado, con lo que tuvimos que volver a su casa a recoger el bueno, y salimos desde Madrid con un tráfico infernal. 

Eso sí ... la funda de gomaespuma que pusimos a la GoPro de mi hijo se mostró un remedio eficaz para evitar el ruido del aire incluso montando la cámara en la nariz del carenado. Un remedio feo, pero eficaz.

Las motos

Como ya sucedió el año pasado, las viajeras fueron mis dos Impalas: la 2 que alterno en Madrid con la R1200GS, y la Turismo que compré hace unos años tras volver de mi primera Impalada.

Las dos Impala en el último reportaje en Guadalajara.


Ninguna de las dos está de serie, sino que han ido evolucionando a medida que me dio por probar cosas con ellas. Pero el resultado no ha sido malo: tal como están hoy, son perfectamente capaces de mantenerse entre 80 y 85 km/h medidos por GPS sin el menor síntoma de desfallecimiento.

La Turismo es un modelo del 65 al que comprimimos la culata un poco, tocamos levemente admisión, encaramos transfers, pusimos carburador de 27 mm en una admisión por láminas, una cuarta de Sport, rebobinamos el volante a 12 voltios para poner una halógena de 45 vatios delante, y un encendido electrónico RM Lightning con dos curvas. En la parte ciclo monta un doble leva de King Scorpion delante y una horquilla con hidráulicos Lesans. Estéticamente está bastante “de serie”, pero entre su relación de cambio y los 15 kilos menos de piloto que la conducen, se defiende estupendamente en montaña.

Mi Impala 2 tiene más trampas que una película de chinos. Desde el carenado que me permite llevar una batería para alimentar un GPS y un teléfono, hasta un motor muy modificado por la mano sabia de los Vitale, pasando por una culata regalada por Paco Mateo. Una moto fantástica que aguanta divinamente dos dientes menos en la corona pese al peso de su piloto. En cuanto a parte ciclo, monta Lesans regulables atrás, portaequipajes adaptado, hidráulicos delanteros de Antoni Aussió … y unos frenos que desmerecen del conjunto y me traen por la calle de la amargura.

Las dos se portaron como lo que son: auténticas Impalas, que no dieron más lata que una bombilla fundida y una tuerca de escape que se aflojó un poco y manchó mi cárter con unas mínimas gotas de aceite. Que para 1.700 kilómetros en un fin de semana largo a ritmo de samba, no está nada mal.

El único "problema" que dio mi Impala 2: una tuerca de escape floja.
Los consumos, un chiste, como se puede ver en la tabla correspondiente a mi moto:

Día
30-5-19
30-5-19
31-5-19
31-5-19
1-6-19
1-6-19
2-6-19
2-6-19
TOTAL
Salida
Madrid
Molina de Aragón
Alcañiz
Valls
Sant Cugat
Sant Cugat
Alcañiz
Molina de Aragón

Llegada
Molina de Aragón
Alcañiz
Valls
Sant Cugat
Sant Cugat
Alcañiz
Molina de Aragón
Madrid

Kim inicio
32.672,0
32.959,0
33.188,0
33.399,7
33.526,5
33.729,6
33.988,8
34.183,5

Km finales
32.959,0
33.188,0
33.399,7
33.526,5
33.729,6
33.988,8
34.183,5
34.395,3

Recorridos
287,0
229,0
211,7
126,8
203,1
259,2
194,7
211,8
1.723,3
Gasolina
10,51
7,21
7,11
4,04
6,86
9,38
6,83
6,46
58,4
Aceite
0,180
0,150
0,150
0,085
0,150
0,200
0,150
0,150
1,215
Total consumo
10,69
7,36
7,26
4,125
7,01
9,58
6,98
6,61
59,615
Promedio
3,72
3,21
3,43
3,25
3,45
3,70
3,59
3,12
3,46


El acumulado no llegó a 3,5 litros. Que es un poco más que el año pasado, pero normal porque también el ritmo ha sido más vivo que entonces.

Y seguiremos en cuanto tenga el siguiente rato libre, con el recorrido y más cosas.

lunes, mayo 27, 2019

Por fin un buen lavado de motos en el barrio ...

Por aquello de salir con la moto lo más decente posible, me puse a mirar el otro día en Google Maps qué alternativas había en mi zona, cuando de pronto me encontré con "Mola", que es el nombre que le han puesto a un moto lavado estupendo que me queda muy a mano.

Está en la calle Antonio Palomino 3, casi en la esquina de Guzmán el Bueno 20, y lo lleva un tipo encantador que se llama Ernesto, que lo abrió hace cosa de seis meses, según me ha contado, y que incluso ha desarrollado una App (en versiones iPhone y Android) para poder seleccionar servicio y reservar hora.

Un planteamiento interesante, porque no sólo puedes elegir entre lavarla tu mismo o ponerla en manos de Ernesto, sino que tiene un sitio cómodo para esperar, y una gama de servicios y productos muy amplia.

Aunque lo mejor de todo es el cariño y el interés que le ha puesto a la Impala. Con toda la profesionalidad del mundo me ha preguntado si alguna zona era especialmente sensible al agua, ha tapado con una cinta la junta del cristal del carenado para evitar humedad en la batería, y ha tratado a la pobre abuela como el torpe de su dueño no lo ha hecho jamás.

Por supuesto que no te van a pulir los cárteres pero el acabado que ha dejado en la moto, y la cantidad de productos específicos que emplea, me han dejado con la boca abierta. Entre otras cosas, el jabón que usan no ataca la grasa de las cadenas, cosa que ignoraba que pudiera ser así. Nunca te acostarás sin saber algo nuevo.

Y por si os lo planteáis, os pongo unas fotos del proceso. La pena es que no hice una previa para que se viera la suciedad que traía la pobre.

Comenzó con un enjabonado a presión con el producto que os comentaba arriba:




Siguió con un aclarado con agua limpia para retirar todo resto de químicos.


Secado con airea a presión.


Y secado a fondo junto con productos de acabado.


El resultado habla por sí solo, y palabra que no llevo comisión de ningún tipo.


Creo que sé quién la va a limpiar cuando vuelva de Barcelona. :-)

martes, mayo 21, 2019

Pre Impalada 2019 ... este año toca un poco de seguridad.



Si algo ha hecho siempre el Motoclub Impala es tomarse las cosas muy en serio. Y tras las últimas reuniones, en las que vimos gente en bermudas, camiseta de tirantes y chanclas, este año han decidido dar un paso más y pedir que todo el mundo lleve cazadora de manga larga, guantes, zapato cerrado y pantalón largo, además del casco. Y me parece de lo más razonable, porque el asfalto es muy abrasivo, y una mala caída puede dejar muchas secuelas en gente que -como nosotros- anda ya lejos de los veinte años.

Por mi parte, a medida que pasan los años, he ido incrementando las medidas de seguridad. Desde los 16 siempre llevé guantes y casco (inicialmente sólo en carretera), pero poco a poco fui subiendo el listón en paralelo al incremento de potencia de las monturas y rango de los viajes. Tengo claro que el dinero invertido en equipamiento es dinero sensato, porque supone confort y seguridad.

Con las Impaladas, sin embargo, hemos hecho un poco de todo, dadas las peculiares condiciones del viaje: baja velocidad de crucero (80 reales con alguna punta de 90-100 esporádicamente), meteo muy variable (desde lluvias durante cientos de kilómetros hasta calores por encima de 40 grados, pasando por mañanas en que el frío nos pegó bien fuerte), y moto clásica con no excesiva capacidad de carga. Tal vez por eso el uniforme haya sido poco más que casco, guantes y una cazadora ligera (la bendita Spidi de rejilla que nos permitió no asarnos durante un par de años muy duros de calor, sin renunciar a las protecciones de hombros y codos). Además de eso, un año compré un chaleco refrigerante Revit que fue mano de santo absoluta el año de los más de 40 grados.


Lo que tenía desatendido hasta ahora era la seguridad de la parte de abajo. Sí que fui cambiando de atrezzo, pero con poco foco en la seguridad. Tal vez porque el primer año de viaje largo desde Madrid se me ocurrió irme con unos Levis 501, y aun me duelen mis partes pudendas cuando lo recuerdo. De ahí que fuera pasando a un chino y un vaquero con mezcla de elastán, que me dieron la vida en cuanto a comodidad.

Pero la seguridad es otra cosa, y siempre he sido consciente de que había que hacer algo ... que no fuera calzarme el Dainese de cordura que uso cuando viajo en la BMW. Sólo de pensarlo me daba un sopor. Y dando vueltas al magín, esta mañana creo haber resuelto la cuadratura del círculo con el buen consejo de mi amigo Floren, el dueño de Boutique Motor, que es de los que sabe mucho de lo que habla ... como si llevara cuarenta años en el negocio y muchos kilómetros a cuestas.

Tras una charla con él, opté por unos vaqueros reforzados con kevlar de la marca "By-city", que no conocía de nada, pero cuyo aspecto discreto y buena relación calidad / precio me ha convencido.

Se trata de un pantalón de aspecto muy normal:



Pero cuya composición es la que da la medida de la seguridad, porque bajo su exterior de algodón y "spandex" (que le da capacidad de adaptarse al cuerpo sin molestar) ...


... lleva buena parte del interior reforzada con kevlar / aramida de la marca Dupont, cuya capacidad anti desgarro es mucho mayor que la de la propia cordura.


Y además monta cuatro bolsillos interiores para montar protecciones tanto en la cadera como en las rodillas:



Son protecciones elásticas, y menos resistentes que las rígidas de mi pantalón Dainese, pero espero que suficientemente seguras para parar una parte del arrastrón si -Dios no lo quiera- llegara el momento.

Ahora falta saber qué tal se sienten al hacerles 1.500 kilómetros con una Impala en cuatro días. Pero no pinta mal la cosa.

Ya os contaré ...

martes, junio 19, 2018

Impalada 2018. Un viaje por fuera ... y otro por dentro.

La de 2.018 ha sido mi sexta Impalada, desde que en 2011 Pep Itchart me lo puso fácil prestándome su preciosa King Scorpion para que probara qué era aquello que atraía a tanta gente. La primera consecuencia fue que en 2012 ya tenía mi propia Impala con la que acudir. Y desde entonces, la cosa se fue liando cada vez más: un año probamos a ir sobre las motos, al siguiente decidimos que ya que íbamos lo suyo era volver ... cualquier excusa ha sido buena para prolongar lo más posible el montón de buenos ratos que la vida te trae con cada una de las Impaladas.

Incomprensible para quien no lo haya vivido, pero parte del guión para quienes hemos tenido la suerte de envenenarnos con estas motos. Como parte del guión ha sido ir contando en el blog con más o menos detalle algunas de las ediciones, porque siempre hubo cosas que compartir, aunque no siempre dispuse del tiempo para hacerlo.

Mis crónicas han sido unas veces mecánicas, otras de viajero, y casi siempre de amigos, porque he tenido el privilegio de vivir siempre la experiencia en buena compañía. Que es como lo que decía del sexo Woody Allen: resulta mucho mejor con más de uno.

Pero a medida que los años pasan y tomas más conciencia de lo limitado que es nuestro tiempo, y de lo frágil que resulta la vida, empiezas a profundizar y a darte cuenta de que lo que haces no es sólo un viaje en moto, sino algo que va muchísimo más allá. Probablemente, por aquello de la experiencia que dan los años -y porque él era un hombre brillante-, fuera Pepe Maciá quien se dio cuenta primero y por eso montó el grupo de WhatsApp en que compartimos de todo desde hace unos años. Una grupo que hace explosión cuando pasa la Semana Santa y empezamos a desear que llegue Junio, pero que sigue vivo durante todo el año como un foro donde nos contamos todo tipo de cosas, compartimos buenos y malos momentos, y nos sentimos acompañados en ese viaje que es la vida. Un grupo que ha convertido en diaria esa sensación de ver la luz del compañero en tu retrovisor, que tanto te conforta cuando un viaje se hace duro.

Porque el viaje -como la vida- no sería igual si no tuviera un componente de superación y de reto. Tanto da que sean un diluvio o el calor extremo, o la pérdida de un amigo que se nos va sin previo aviso. Las Impala te hacen viajar por fuera, pero también por dentro si les das la oportunidad, aprendes a escucharlas y te dejas llevar un poco. No son tan distintas, en el fondo, a cualquier afición que te permita estar contigo mismo y escucharte a ratos perdidos, si tienes el valor de hacerlo.

Este año ha sido el primero que no hice el camino con José María, que ha sido mi compañero en casi todas las ediciones anteriores. Y aunque tuve la suerte de que Carlos me acompañara, un amigo nunca suple la falta de otro. Supongo que por esa razón, sin que nadie lo haya dicho, seguimos llevando la cinta verde de Pepe en las motos, y que también por ello seguiremos echando de menos a los que no pueden estar por circunstancias de la vida. Nadie reemplaza a nadie, porque todos tienen un lugar si quieres dárselo.

La de 2.018 ha sido una Impalada diferente. A la que acudes con pena por los que no están y con la preocupación por cómo encontrarás un territorio y a una gente a los que has aprendido a querer como si fueran tuyos. Porque lo son. Tanto Cataluña como los muchos amigos que viven en ella son parte de mi vida. Y con algunos tengo distancias enormes en muchos temas, pero siempre me he sentido querido y respetado, como he procurado querer y respetar aunque no siempre entienda. Imagino que es parte de lo que dan los años; aprendes que puedes amar sin entender, y que puedes respetar lo que no compartes, sin que ello te distancie de nadie que no quiera distanciarse de ti.

Entiendo que tal vez deba agradecer todo eso a un Moto Club Impala que no es sólo es un prodigio de capacidad organizativa, sino también de cordura. De seny, que se diría por allí. Una organización donde sus miembros tienen claro que el MCI es de todos y respeta a todos; y donde uno, más que respetado, se siente siempre acogido.

Tal vez gracias a la buena labor del Club, este año, además, he empezado a ver señales claras de algo que me importa en lo personal, que es el relevo generacional. Muchos de los jóvenes que acudieron por primera vez el año pasado volvían ... y muchos de ellos demostraban sobre la moto que la habían estado usando en el tiempo transcurrido desde entonces. Especialmente una Impala 2 carenada que debe sentirse orgullosa de que sea otro Pepe Maciá quien la meta en curva con -casi- el mismo buen estilo que su dueño original. ¿Tendrá mi Impala la misma suerte algún día?

Releo lo escrito y no deja de sorprenderme un punto de melancolía. Supongo que porque me faltan 363 días para la siguiente y no sé si seremos capaces de organizarnos. Así que cierro. Y lo hago con una sola foto, que creo que es la que mejor simboliza lo que significa una Impalada. La de Pep y Santi llegando al final del recorrido después de toda una mañana trabajando para rematar algo de lo que no sacan más que la gratitud de quienes sabemos que sin ellos nunca viviríamos una experiencia como esta.

Una molt forta encaixada, amics. Fins aviat!


lunes, junio 18, 2018

Un motor en busca del equilibrio. ¡Gracias a todos!

Otro de los objetivos de la Impalada era probar si estábamos cerca o lejos del equilibrio que busco en la Impala 2, que está siendo un proceso largo, complejo y ... ¡entretenidísimo!

Creo que no llegué a contarlo el año pasado, pero puse en el cilindro de serie una caja de láminas hecha por Antoni Aussió, un cuidadosísimo mecánico que lleva toda una vida dedicada a las clásicas, y que hizo un trabajo espléndido, como podéis ver en la foto de abajo:


La caja se ciñe perfectamente al espacio disponible, y no altera las medidas del conjunto de carburador y filtro (pude seguir usando los de mi Impala 2). El resultado inicial fue de un consumo más bajo, pero me las llevé con prisas unos días antes de la salida para Barcelona y no carburé la moto bien, cosa que sí hice este año.

El segundo punto -y todo un honor impresionante para un impalero- fue poner una culata regalada por el bueno de Paco Mateo. Que si no sabes quién es, deberías leerte el libro de Santi Ruiz y ponerte colorado. Paco fue la mano derecha de Leopoldo Milá durante muchos años, y la persona que más sabe de Impalas en el mundo hoy en día. Y se marcó el detalle de regalarme una culata de Impala 2 125, que abrimos para ser utilizada en un motor "grande". La idea es que el diseño completamente hemisférico de la 125 debe ser mejor para el barrido de gases en un motor más apretado que el de serie. Abajo podéis ver el aspecto que tenía en su primera versión comparada con una 175 estándar.


La culata la llevamos a una relación de compresión de 10:1. Lejos incluso de los 12:1 de la Impala Sport 175 de serie,  y no digamos de los 14:1 de la versión carreras. No sólo por buscar una mayor duración de la mecánica, sino también porque los excesos de compresión hacen que la moto corra menos.

Y el tercero, que fue absolutamente clave, consistió en trabajar con Víctor y Andrés Menéndez, de "Ossa Vitale" buscando una distribución de cilindro óptima para una moto que debía ser, sobre todo, agradable y fácil de conducir en viajes largos por carreteras reviradas y muy cargada.

Por razones evidentes no voy a poner el diseño de las lumbreras, dado que son parte del patrimonio de dos mecánicos excepcionales como son Víctor y Andrés, pero viendo el aspecto del pistón, podéis deducir que se ha trabajado la distribución, especialmente pensando en aprovechar bien las láminas que llevaba montadas. 


El pistón es un Mahle de 64,5 mm que lleva el cubicaje hasta casi los 200 centímetros cúbicos. Y se instaló sobre un cilindro rescatado del cierre de Iniesta, con una distribución mucho más abierta que la de serie, sobre cuya base las manos de Víctor y su rotoflex, hicieron la magia final. Espero que no me maten por contar esto en público, dado que ellos son fundamentalmente mecánicos volcados en la competición con Ossa, a quienes no gusta demasiado tocar otras motos. Soy consciente de que el tiempo y el cariño que han puesto en mi Impala es una suerte inmerecida, pero me parecía injusto no dejar constancia de quienes son los auténticos autores de las mejoras de mi moto. 

Rematamos el conjunto con un Amal MkI con starter de 27 mm, al que terminé poniendo un chiclé de alta de 160, emulsor 106 con aguja estándar, campana 3 y chiclé de baja de 35. Probablemente sea el candidato a la siguiente exploración, porque pienso que un Mikuni o un Dell'Orto en buen estado deben mejorar incluso la limpieza en la respuesta.

Adicionalmente, y como ya os comenté, pusimos en nuestro encendido RM Lightning una pareja de curvas pensadas para llevar la moto descansada a un crucero de 80 km/h reales, medidos por GPS.

Y deliberadamente no metimos la moto en banco de potencia. Porque no buscamos un cohete, sino una moto que te lleve y te traiga de Barcelona a buen ritmo pese a ir cargada, y siga siendo divertida y fácil de conducir en el día a día y en carreteras viradas, que son las más propias para ella. Pero si debo fiarme de las caras de quienes la probaron (y entre ellos hay gente con tanta experiencia como Fernando Piris o Eugeni Tiana ... pero sobre todo por la cara de Paco Mateo al escuchar el motor), estamos muy cerca del objetivo. Los bajos son increíbles, la sensación de motor "lleno" no te abandona nunca, y ahora que empieza a estar más suelta, responde a la insinuación del puño derecho con una alegría estupenda.

(Y con un consumo que nunca llegó a los 3,5 litros en todo el viaje, pese a que la bujía tenía un color perfecto siempre que la saqué para comprobarla.)

En definitiva ... que mil gracias a todos los que habéis aguantado mis tabarras. Pero ya os aviso de que esto no ha terminado. Para el año que viene, deberíamos estar buscando la mejor de las carburaciones posibles.

Ya os contaremos.

miércoles, junio 06, 2018

Preparando la Impalada 2018 (III) Adaptando un portaequipajes y programando el encendido.

Seguimos con los preparativos para la Impalada 2018. Y no sé por qué este año se está convirtiendo en el año del equipaje. Conste que estamos también haciendo otras cosas, como demuestran las fotos de abajo, en que queda claro que (con todo el dolor de mi corazón) he jubilado el piñón de salida original de la Impala 2 para sustituirlo por uno nuevo. ¿Apostamos a que no aguanta los 30.000 kilómetros que lleva el mío?



Como siempre, benditos extractores de Iniesta, que me hacen la vida fácil. Sé que antes me manejaba sin ellos, pero la diferencia es enorme. Es herramienta diseñada por y para esta moto. Y ¡vaya si se nota!

La razón para el cambio de piñón es que tocaba también jubilar corona y cadena para no descompensar el conjunto. Una pena porque eran elementos originales, y mi corona es de las pocas que salieron con agujeros perforados. Me resulta raro mirar ahora la moto por su costado derecho, pero no hay alternativa.

Ya puestos, he montado dos dientes menos en el plato. Sé que es un riesgo, pero con cilindro que llevo ahora (uno rescatado de Iniesta con una distribución más abierta que el de la Impala 2), una culata radial de Impala 2 125 llevada a 10:1, un carburador 27 y las láminas, espero que me aguante bien los repechos en carretera. Y si no, tocará reconocer el error y cambiarla.

Por otro lado, aproveché para reprogramar el encendido y montar una segunda curva menos óptima en cuanto a potencia, pero más relajada para el motor, que deja un avance prudente a partir de las rpm en que estaremos en crucero de viaje (80 por hora reales / 90 del marcador de mi moto).

La tabla de velocidades teórica para una combinación 14/42 es la siguiente:

rpm
1000
6,3
10,5
13,9
18,4
2000
12,6
21,0
27,8
36,8
3000
18,9
31,5
41,7
55,2
4000
25,2
41,9
55,6
73,6
5000
31,6
52,4
69,5
92,0
6000
37,9
62,9
83,4
110,4
7000
44,2
73,4
97,3
128,8

Con lo que Ramón me diseñó dos curvas con nuestro software:



La primera está para pensada para sacarle todo el jugo al motor. Y palabra de honor que sólo la activaré en caso de que Eugeni o Fernando tengan el día flamenco. La que pienso llevar por defecto es la segunda:



Que, como podéis ver, deja caer el avance al alcanzar el régimen de vueltas en las que deberíamos estar en la velocidad de crucero habitual, que son 80 por hora reales. La idea es conservar motor, no recalentarlo en exceso y que la moto no sufra.

Y ya que estábamos con los deberes hechos, seguí con la paranoia del equipaje. Me apetece probar unas alforjas modernas, con lo que pensé en poner un portabultos para ayudar a fijarlas. Estuve unos días pendiente de Wallapop hasta encontrar un porta estándar con anclajes que habían servido para montarlo en una Impala. Cuando hablé con el dueño, que resultó ser un valenciano encantador, se marcó el detalle de regalármelo. Pero, como no hay felicidad completa, resultó que su padre lo había tirado, y me mandó uno de Yamaha SR, cuyos anclajes no tienen nada que ver con mi moto. Es decir: me mandó una buena excusa para pasar un rato de lo más entretenido.

Porque el cambio de portaequipajes implicaba su dosis de soldadura, de radial, y de diversión a tope. Os lo cuento sin entrar al detalle. Lo primero fue quitar los anclajes antiguos que no me valían  para nada, y darme cuenta de que con las dimensiones estándar, no había opción de anclar al punto más sencillo (y sólido) que era el tornillo de los amortiguadores. Así que empecé por preparar los anclajes en un tubo que entraba justo en el de origen, como se ve en las dos imágenes:



Pero de forma clara, quedaba muy atrás con relación a la moto, con lo cual fui ajustando hasta encontrar una distancia que me pareció correcta:



A partir de ahí, cuarto y mitad de soldadura para dejar fijo el nuevo tubo con el anterior. A base de electrodo de 1,6 mm para reducir el riesgo de perforar los tubos, que no tienen una pared excesiva. Y luego, lo que fue más complejo (y de lo que no tengo foto: reutilizar dos de los anclajes antiguos para anclar la parte trasera del portabultos en las orejas del chasis que soportan los dos tornillos del guardabarros trasero.

Dos chorrones de spray cutre de pintura negra, y a correr de momento. Está claro que el resultado no es el más profesional del mundo, pero no deja de ser un modo de aprender, y que el resultado (visto de lejos al menos) no queda demasiado raro.

 

¿O la veis espantosa y yo no porque la miro con ojos de padre?