domingo, junio 14, 2015

Impalada 2015: la història d'un viatge inoblidable

PRÓLOGO 
(Y agárrate, que vienen curvas)

Supongo que quienes no escribís de vez en cuando lo ignoráis, pero cuando te enfrentas al "papel" sabiendo que tu crónica la esperan un montón de amigos a los que no podrás devolver nunca las mil gentilezas que tienen siempre contigo, la cosa no resulta sencilla. Y no por el miedo a olvidar a alguien -porque sabes de sobra que estás perdonado de antemano- sino porque es complicado extractar lo mejor de tantas cosas positivas como has vivido en tres días inolvidables.

Así que voy con ello. A sabiendas de que el resultado me dejará insatisfecho, de que tendré la sensación de no haber sabido sacar partido a tanta pequeña historia increíble, y de que -una vez más- mi torpeza me impedirá hacer justicia a situaciones que se me han quedado dentro. Pero supongo que aún peor sería dejarlas sólo para mi. Como nos contaba al final de la Impalada el bueno de Edu Cots, que se plantó hace unos meses en Tokyo con las Impala 2, lo maravilloso de viajar con estas motos, es que te da tiempo a ver el terreno, hablar con la gente, y dejar que el viaje sea un viaje y no sólo un desplazamiento.

Y ahora que me vienen a la memoria las palabras de Edu, no puedo dejar de pensar que, más que probablemente, muchos de los problemas que tiene hoy el maravilloso país que hemos recorrido estos días, se deben a que demasiada gente se desplaza sin viajar, visita los sitios pero no los vive, habla con las gente pero no la escucha ... y sin embargo presta oídos a políticos tramposos que juegan con los sentimientos de todos en su exclusivo beneficio. 

Así que, si me lo permitís, dedico esta crónica a las madres de esos políticos, que debieron quedarse satisfechas al dar a luz a semejantes lumbreras.

Madrid, 11 de Junio de 2015. Arrancamos.

No era la del alba, como en el Quijote, pero sí temprano, cuando me levanté el día 11 con la angustia de si me olvidaba algo, de si el GPS tendría la ruta bien grabada, y -sobre todo- con la pregunta de si las cosas irían como esperábamos. No había tenido demasiado tiempo de planificar, José María también había estado desbordado, y las cosas se hicieron a salto de mata. Justo como nunca se deben hacer para un viaje de este tipo.

Pero la vida profesional lleva un ritmo que rara vez coincide con nuestros sueños, y las semanas con que contábamos para preparar las motos y el material se consumieron entre viajes profesionales imprevistos, y líos personales de todo tipo. De tal modo que sólo la Impala 2 de JM pudo pasar por el taller manchego para ser revisada más o menos a fondo, mientras que a la mía sólo pude cambiarle aceites, y eso gracias a la amabilidad de mi amigo Carlos, que me dejó un rincón en WMmotor para hacerlo el día anterior a la partida.

Tan atropellado fue todo, que ése mismo día anterior JM se fue a comprar cubreguantes por si llovía mucho, y yo me hice con unos guantes de entretiempo en Boutique Motor por si las moscas. Nuestra preocupación (y eso os dará una idea del nivel de despiste) seguía siendo mucho más la de no pasar calor que el temor al agua o el frío.

Pensando un poco en todo ello, cargo la moto y compruebo que el GPS se ve bien con la bolsa Krauser que había comprado un par de semanas atrás ... y que ni siquiera probé sobre la moto antes de salir.


En Madrid, tras una noche de tormenta, había amanecido con calor y yo aún seguía con el agobio de no asarme vivo con la ropa de moto. Así que me puse el softshell del Moto Club Impala sobre la camisa y salí a recoger a JM al almacén de Snacksano. Allí, charlando con mi socio y con Guillermo, decidimos que tal vez sea mejor salir con la ropa de agua puesta, porque parece que pueda haber algo de lluvia. 

Así que terminamos de dejar las motos listas, nos enfundamos en todas las capas del mundo y arrancamos rumbo a lo desconocido. Mirad la foto de abajo para daros cuenta del nivel: mi moto lleva la bolsa sobredepósito protegida por una bolsa de plástico que le mangué a mi mujer (y que me salvó la vida por completo). 


El recorrido lo había hecho en dos ratos perdidos las tardes de antes, y no sin dificultad. El software de Tomtom es una basura indecente, Google Maps no se entiende con él, y el único modo de sobrevivir es usar Tyre, un programa que te permite definir los puntos que debes tocar en el recorrido para luego pasarlos al GPS y montar una ruta. Pero el Tomtom es tan torpe que, una vez volcada la ruta, recalcula con su propio algoritmo el recorrido y genera un nivel de entropía adicional francamente fascinante.

La ruta prevista, según el dibujo original en Tyre, intentaba evitar al máximo autopistas y autovías para llegar a Barcelona en unos 700 kilómetros, pasando la noche en Alcañiz. Alguno de los hitos a recorrer eran: Valdetorres del Jarama (Madrid), Puebla de Beleña, Jadraque, Alcolea del Pinar, Aguilar de Anguita, Canales de Molina, Molina de Aragón y  Castellar de la Muela, (todas en Guadalajara, Castilla La Mancha), Bañón, Gargallo, Calanda y Alcañiz (en Teruel, Aragón), Gandesa, Falset, El Morell, La Pineda de Santa Cristina, (en Tarragona, Cataluña),  Vilafranca del Penedés, Vallirana, Sant Vicenç dels Horts y Barcelona capital. Es decir, que íbamos a visitar cuatro comunidades autónomas, y además pasando por sitios tan exóticos como Teruel o Guadalajara. Otro modo de verlo hubiera sido que las provincias a recorrer se dividían en dos: las que tenían alerta amarilla y las que estaban directamente en alerta naranja por lluvias. 

Pero no lo sabíamos.

Así que arrancamos, comprobando que las Impalas iban a la perfección. Y empezamos a pasar por sitios preciosos, que están sólo a un puñado de kilómetros de Madrid.

¿Alguien conocía el Cubillo de Uceda?



¿Y Jadraque?



Pues nosotros tampoco, la verdad. Y fue un recorrido maravilloso. Con un día nublado y la carretera limpia por las tormentas que habían descargado la noche anterior, pero una temperatura agradable y acorde a la ropa que llevábamos puesta.

Y todo transcurrió "casi" sin novedad hasta Jadraque, donde mi obsoleta cartografía de Tomtom nos metió por dos tramos, de unos cinco kilómetros cada uno, que hubieran hecho las delicias de los participantes en la "Operación Impala" original. O de los dentistas de la localidad, porque se nos cayeron hasta los empastes de las muelas de tanto bache. Una de sus consecuencias podéis verla en la foto:


Mi bombilla delantera destruída, más que fundida. Y no era de las chinas, sino una de fabricación alemana. Sobre la bombilla vuelvo luego, porque nos proporcionó una anécdota divertida.

El caso es que en un delirio del GPS (uno de los pocos, afortunadamente) llegamos a donde no queríamos ir: un cruce con un área de servicio en el kilómetro 103 de la Autovía A2 donde paramos a repostar por primera vez y tomar un café. Allí tomé esta foto, que me hizo gracia:


Pero no sé si fue la causa de nuestra desdicha. Porque fue tomarla y sonar un trueno, que dio la señal de salida para la apertura de las compuertas del cielo. Granizó como si en aquel lugar llevaran años entrenándolo. ¡Qué barbaridad! Así que aprovechamos para hablar con casa, donde nos contaron que la tormenta venía de Madrid y que allí ya había pasado. Y después de hablarlo un rato, tomamos una decisión: una vez pasara el granizo seguíamos la ruta hasta Alcolea de Pinar, pero en lugar de hacerlo por comarcales (otro tramo como el de Jadraque hubiera sido mortal con lluvia) utilizaríamos la A2 como enlace hasta la N-211.

A partir de aquí tengo pocas fotos, porque no era posible tomarlas. De haber intentado sacar el teléfono, éste se hubiera muerto, y yo me hubiera ahogado. Resumo la idea con una imagen que no sé si habéis vivido: la de dos Impalitas siendo adelantadas en la autovía por camiones enormes que las dejaban envueltas por completo en una nube de agua. Agua por doquier. Toneladas de agua. Lo único que nos separó de Noé fue que no teníamos unas tablas a mano, ni parejas de bichos a las que salvar.

Una vez enlazamos la N-211 las cosas fueron a mejor. No en cuanto a clima, pero sí para la circulación. Casi total ausencia de camiones y poco tráfico en general.

Una de las anécdotas del viaje la tuvimos en este tramo, a unos 5 kilómetros de Molina de Aragón. Unos kilómetros antes nos cruzamos con un coche de la Guardia Civil, y me pareció que se habían quedado mirando la moto. "Menos mal que iban al revés", pensé, "porque si no, nos paran fijo". Y al cabo de unos minutos, el mismo coche nos adelanta y veo que el agente que iba a la derecha me mira con mucha atención. Tres kilómetros más adelante me dan el alto ... con tan mala suerte que JM creyó que estaban hablando con una furgoneta parada en el arcén y casi me embiste al frenar (creo que de esta seré capaz de convencerle de que debe cambiar las zapatas delanteras). Así que lo primero que me dice el agente es: "¿se ha dado cuenta de que su compañero casi nos atropella?". Pero gracias a Dios la cosa no siguió por ahí, sino por la pregunta de: "caballero, ¿por qué va usted con la luz apagada?". Le explico que no me había dado cuenta, pero que llevo una lámpara de repuesto que puedo poner. Abro la caja de herramientas de la moto para sacarla, y cojo la Leatherman que llevo entre las herramientas del cinturón. Mientras tanto, el guardia miraba el panorama sin dar crédito a lo que veía: dos cincuentones viajando con motos chicas, bolsas enormes, José María tiritando de frío como un pollo mojado, y yo con mi navaja cambiando la bombilla.

Un cuadro. 

Así que el hombre no se puede reprimir y nos pregunta que dónde íbamos. Tenías que haber visto su cara cuando le respondo con toda la calma que vamos a Barcelona. El agente me mira como si hablara con un marciano, y me dice muy serio: "¿y no tenían ustedes otro día para ir a Barcelona con estas motos, más que hoy que estamos en alerta naranja?". La verdad es que me costó trabajo no reírme, y simplemente le expliqué que la Impalada era el día 13 y que pensábamos dormir en Alcañiz.

Y ahí quedó la cosa. Gracias a Dios no hubo multa, y nos plantamos en Molina sobre las tres de la tarde. Nunca unas lentejas me han sabido más ricas, os doy mi palabra. Y ya que estábamos, nos pudimos quitar la ropa para comprobar que íbamos bastante calados. Especialmente en mi caso, porque el cortavientos impermeable que llevaba por encima del softshell había dejado entrar mucha agua a través del bolsillo del pecho.

Aproveché para ponerme el jersey que llevaba en la bolsa (que salió completamente seco) y durante la comida valoramos nuestras opciones. Estábamos a unos 180 kilómetros de Alcañiz, y seguía lloviendo a cántaros. Y como yo no podía seguir como iba, preguntamos al camarero del Restaurante Alcázar si había algún lugar donde comprar un traje impermeable. Nos recomendó pasar por la cooperativa de agricultores donde, por la asombrosa cantidad de 6,95 euros, me hice con un auténtico impermeable verde de plástico, que me salvó la vida por completo. 

Benditos sean el chino que los fabricó, el manchego que me lo vendió, y el inventor del plástico. Y maldito el diseñador que decidió dejarle una única abertura: la que una mujer nunca usaría, y que me haría llegar a Alcañiz con una única parte de mi anatomía empapada y reducida a un tamaño aún más pequeño de lo habitual. Pero no pienso deciros cuál.

Retomo el hilo, que me pierdo. Estábamos en Molina de Aragón, enfundados en un impermeable verde. Y llovía sin parar. Así que decidimos que no vale la pena esperar y que volvemos a arrancar las motos para llegar a Alcañiz antes de que anochezca. De un tirón nos plantamos en Caminreal, desde donde la N-211 retoma dirección Este hacia Alcañiz. En su gasolinera repostamos de nuevo (hicimos medio viaje obsesionados con la gasolina pese a que las motos siempre anduvieron en poco más de 4 litros a los 100 de promedio) y nos encontramos con un tipo encantador que nos tomó unas fotos, y con un paisano que nos hizo el típico discurso de "Yo tuve una moto como éstas".



Claramente, el buen hombre estaba inmunizado frente al frío pelón que debe hacer en la zona, lo que explica que sólo con su boina se mantuviera caliente en las condiciones que ofrecía el día.


A todo esto, el aceite Castrol R1 que JM transportaba en un recipiente medidor, había escogido la libertad y se desparramaba con liberalidad por la bolsa en que (menos mal) había metido el medidor.

Pecata minuta para la que teníamos encima, con lo que no le prestamos atención y decidimos plantarnos en Alcañiz en un tirón, dado que estábamos a poco menos de 130 kilómetros del hotel donde haríamos noche.

¡Venga kilómetros, y venga agua! Ni un segundo de tregua entre Molina y Alcañiz. De modo que los prudentes 75-80 kilómetros por hora de crucero se empezaron a convertir en los 90 sostenidos de los últimos 40 kilómetros. Y hablo de 90 de GPS, en dos Impalas cargadas para viaje. Y las motos sin un mal amago de problemas. Sólo mi velocímetro se fue a la porra y partió la aguja a base de intentar marcar velocidades estratosféricas. Pero fue una anécdota. 

No sé si lo habréis vivido una sensación similar. Y si no es así, tal vez alguno de vosotros piense que estoy como las maracas de Machín. Pero cuando llevas siete horas bajo el Diluvio Universal y la Impalita no se detiene ni da síntomas de fatiga, empiezan a importarte un pito la lluvia y el frío, y lo que piensas es "¿y cómo voy a fallarle yo a esta moto?".

Y llegamos a Alcañiz. Primer objetivo cumplido. Ahora se trataba de localizar a Jose o Tere en el Hotel el Trillero y presentarnos como amiguetes de los morinistas del foro de La Maneta. A partir de aquí, lo que os cuente de su amabilidad es poco. Nos cedieron el local de su planta baja para que dejáramos las motos y la ropa de agua para secar. Podéis haceros una idea del cuadro en la foto:


... todo lo que veis colgado en percha que nos prestó Tere es ropa que debía secarse para la mañana siguiente. Pero hubo cosas que estaban incluso peor. Mirad mi softshell o las motos al cabo de un rato de llegar:


Por la noche conocimos a su hermano Jose. Motero de pro que viaja con su mujer a lomos de la Harley con la horquilla más larga que podáis imaginar. Divertida su presentación: "acabo de ver vuestras motos. Lo de los morinistas es para pegarles, pero ... ¡lo vuestro es peor!" Un encanto de persona que no nos pudo tratar mejor. Fijaos qué curioso el grifo de cerveza que tienen en el bar:


¡Un motor de Harley con el que hizo muchos kilómetros ... hasta que murió y lo sustituyó por otro!


Alcañiz, 12 de Junio de 2015. Hacia Barcelona.

Después de destrozar la cama, y viendo que el día era magnífico, decidimos preguntar a Jose por un taller de confianza donde pudieran revisarme una vibración que tenía mi moto al frenar de delante. Era algo que debí haber mirado antes de salir porque no era nuevo, pero, como os comenté al principio, no nos dio tiempo a llevar las motos a la Mancha. Y con los kilómetros fue a más.

Así que, recomendados por Jose, nos alargamos al taller de su amigo Carlos. Un crack de persona, y propietario de "Motos Camaral", donde nos ayudó a poner mi moto en orden. Resultó que no era la dirección sino los cojinetes de la rueda delantera. Debían estar ya castigados, y los kilómetros de Jadraque los reventaron del todo:




El trabajo de Carlos fue rápido y preciso, y su trato personal impecable. No sé si es mejor persona o mejor mecánico, pero conoce estas motos y tiene sensibilidad al tocarlas. Una suerte haber tropezado con él.

Terminada la reparación, recogimos el equipaje, y en mitad de un día luminoso abandonamos Alcañiz con la sensación de que debemos volver algún día a dar un repaso a una ciudad que -en lo poco que pudimos ver- tiene un aspecto magnífico.

La ruta entre Alcañiz y Gandesa la hicimos siguiendo la N-232 hasta cerca del Valdealgorfa, donde nos cambiamos a la N-420, disfrutando de paisajes como el que podéis ver aquí:


Pero es que, pasando Gandesa también hay lugares que te cortan la respiración de puro bonitos, como este otro, cerca de Pradell de la Teixeta:


Palabra de honor que sólo por rodar estos tramos ya habría merecido la pena el esfuerzo. Pero aún nos quedaba mucho por ver, como os contaré más adelante. De momento, estábamos a 90 kilómetros de Barcelona, y con pocas ganas de que se acabara el viaje.

Incluso en nuestra última parada, casi en mitad de ninguna parte, tuvimos anécdota curiosa: un antiguo propietario de Metralla que nos pregunta de donde venimos, y al escuchar la historia nos dice: "la verdad es que mi GTS iba como un tiro por estas carreteras comarcales, pero para viajar no había nada como una Impala". Y os doy mi palabra de que no estoy escribiendo nada que no escuchara, y sin provocación por mi parte.

En un rato más, llegamos al objetivo ...


... unas estupendas bebidas frías para olvidar el calor que pasamos en el atasco de entrada a la Diagonal.

El resto del día os lo podéis imaginar: nos dimos una ducha en el apartamento que alquilamos con Airbnb, pasamos a inscribirnos para la salida del día siguiente, tomamos una cerveza con los (muchos) amigos que pasaron por allí (incluyendo al bueno de "Duyamon" de la Maneta) y terminamos cenando en el Born con los amigos del Moto Club Impala.

A la vuelta de la cena, repostaje de las motos, dejarlo todo en orden para madrugar al día siguiente, quedar con Nacho y Fernando en la puerta de casa a las 8 de la mañana para llegar juntos a Montjuic, un pis y a la cama.

... continuará en la segunda parte. 

domingo, mayo 24, 2015

Preparando la Impalada 2015

Se acerca el 13 de Junio, y este año vamos con las motos si Dios quiere. Subidos en las motos, quiero decir. Con lo cual hay mil cosas que preparar, y bastante poco tiempo, porque me toca pasar dos semanas de trabajo fuera de casa.

Y tendríamos que hacer un recorrido por carreteras secundarias entre Madrid y Barcelona, buscar sitio para dormir dos noches (la de Barcelona será en el Hotel que nos diga el MCI), mirar qué cosas hay que llevarse ... y dar un repaso a las motos, a las que no se ha hecho nada en bastante tiempo. Mi Impala 2 está como llegó de Cádiz el verano pasado (excepto que le cambié escape y carburador por un 27) y la de José María lleva sin revisarse algo más de un año.

Otra de las cosas que no tenía clara era cómo llevar el equipaje, pero lo he resuelto hoy charlando con mi amigo Floren, de Boutique Motor, que me ha dado una buena solución con esta fantástica bolsa Krauser, que es de la época de la Impala ... o eso creo, porque en la caja dice "Made in West Germany", con lo que se fabricó antes de la caída del muro de Berlín en 1989. La verdad es que para ser perfecta sólo le faltaría ser roja:



Material de época a precio de amigo. Un gusto, la verdad.

Además de la bolsa, me llevé un candado para la Impala. Porque, aunque me gusta ponerle su antirrobo original en el basculante, también me deja más tranquilo amarrarla a algún sitio, razón por la que llevaba tiempo tirando de un pitón que me tocaba acarrear en el manillar enrollado, cosa no sólo incómoda, sino además peligrosa. Lo comenté en el foro de la Maneta y hubo soluciones para todos los tipos, pero la más interesante me pareció ésta: un Abus modelo "Bordo", cuyo estuche se puede fijar con velcros al lateral de la moto sin que moleste para nada:


Pensando tanto en que el recorrido va a ir por carreteras secundarias, como en la necesidad de moverse por una Barcelona que no controlo al 100%, tenía claro que me llevaba el GPS de la BMW. Así que encargué a USA un soporte RAM para el manillar de la Impala, que dejé puesto ayer mismo.


Y también he ido acumulando alguna herramienta y algo de recambio por si las moscas. Aunque lo lógico será ponerse de acuerdo los tres que vamos para repartirnos el peso.


En fin ... que desearía tener más tiempo para saborear la preparación de la aventura, pero que voy a tener que conformarme con ir a salto de mata y pedirle a Dios que no se me olvide nada fundamental.

Y como sé que muchos de vosotros habéis hecho muchos más kilómetros que yo con las Impalas, ¿se os ocurre algo que se me esté olvidando y valga la pena tener en cuenta?

¡Nos vemos en Barcelona!


miércoles, abril 15, 2015

Algo de electrónica en moto



Cuando hace unos años vi a los amigos del Moto Club Impala con los interfonos en los cascos pensé que la idea tenía sentido. Pero entre unas cosas y otras nunca encontré el momento de dedicar un rato al tema, y el tiempo fue pasando.

Por el camino, compré un GPS Tomtom para la BMW, que incluso nos acompañó a Barcelona en el manillar de la Impala 2 de José María, y en muchas ocasiones eché en falta poder escuchar las indicaciones habladas del cacharro. Al punto de que debo confesar que en alguna ocasión metí bajo el casco un auricular bluetooth que mangué a mi hijo, y que me hacía polvo la oreja, pero me sirvió en algún trayecto complicado.

Pero hasta hace un par de semanas, en que pensé que me iba a ir de viaje a Córdoba en moto, no dediqué un rato serio a trabajar sobre el tema de cómo integrarlo todo para poder ir cómodo y seguro con toda la cacharrería electrónica.

El viaje lo planifiqué huyendo lo más posible de autopista y autovía, con lo cual necesitaba:

1.- Una ruta bien organizada y copiada en el GPS.
2.- Los avisos de radares donde fuera menester, dado que eran carreteras desconocidas para mi. No pensaba viajar a velocidades salvajes, pero tampoco a los ridículos 90 km/h teóricos en algunas de ellas.
3.- Posibilidad de escuchar música si así lo deseaba.
4.- Posibilidad de recibir una llamada telefónica sin pararme a devolverla en una cuneta.

Es decir, se trataba de integrar al menos tres aparatos entre sí: el dispositivo del casco, el GPS y el teléfono. Así que me puse a investigar.

Mi primera opción fue echarle un ojo al kit específico que Schuberth vende para mi casco (un modelo C3 de hace tres años). Pero tras leer en bastantes foros llego a la conclusión de que tiene problemas serios de conectividad con algunos móviles, y un precio que se va muy por encima del promedio del mercado. Opción descartada, y me pongo a recordar que en una Impalada nos dieron un folleto de la marca Interphone, así que me paso por su web a ver qué ofrecen.

Y me encuentro con que tienen 3 modelos llamados F3, F4 y F5, cuyas diferencias son bastantes. Pero lo más importante es que los modelos superiores están orientados a la comunicación moto a moto para grupos de conductores. Así que los descarto y me centro en el F3, que hace todo lo que yo buscaba y sirve también para hacer de intercomunicador con el resto de la gama del fabricante ... e incluso con intercomunicadores de terceras marcas. Pero, lo que es mejor, resulta que existe un modelo específicamente adaptable al Schuberth C3, con altavoces de mejor calidad. De tal modo que echo un vistazo por Internet, veo que los precios de Boutique Motor son más que razonables y llamo a mi amigo Floren a preguntarle si tiene el modelo disponible. En 10 minutos tenía el Interphone F3 en casa y me puse a montarlo en el casco.

Del proceso de montaje no tomé ni fotos. Es rápido y sencillo, con un manual bastante simple. Igual que el proceso de conexión. Tan fácil como emparejarlo con el móvil (del que luego tomaré la música y las llamadas entrantes), y configurarlo luego como auricular de mi Tomtom Urban Rider.

Lo curioso del caso es que, después de todo, no me fui a Córdoba con la BMW, pero el cacharro quedó instalado en el casco, y llevo unos días usándolo. La conclusión es: ¿y cómo he podido ir sin esto hasta ahora? En Madrid te ves muchas veces yendo a sitios que desconoces, y llevar la moto pendiente de la pantalla del GPS no es siempre la mejor opción en términos de seguridad. Como también es horrible sentir el móvil vibrándote una y otra vez cuando vas en la autovía y no puedes parar la moto para contestar. Así que contento con el cacharro.

La otra parte de la cuestión era ver qué opciones existían para planificar rutas interesantes en el GPS y grabarlas para ser seguidas a continuación. Y aquí lo hice de un modo alternativo. Por un lado, busqué rutas recomendadas en comunidades moteras para el trayecto que me interesaba. Por otro, empleé el "Tyre Pro" para diseñar los recorridos y después grabarlos en el navegador. El resultado es muy bueno (pese a que, como uso Mac y no hay versión más que para Windows, tuve que recurrir a instalar el software en una máquina virtual con VMware Fusion), y permite hacer todo tipo de recorridos, gestionarlos de modo eficiente, guardarlos, y cualquier cosa que uno desee.

De hecho, las nuevas generaciones de Tomtom llevan incorporado el "Tyre Pro" para sugerir rutas con curvas y/o desniveles que resulten más atractivas para moteros. Pero tienen otros problemas, que te cuento por si te estás planteando -como yo lo estaba haciendo- cambiar tu Tomtom de segunda generación por uno de los actuales. Y el problema está en que el fabricante ha blindado el software de sus nuevos dispositivos. Son más rápidos y eficientes que los antiguos ... pero a cambio no puedes gestionar los POI's (Points Of Interest) de una manera tan libre. Y eso impide cargar en el navegador otros avisos de radar que los que Tomtom te vende como actualización separada. En mi caso, que llevo años usando los avisos de radar suministrados por "Robser", quería seguir teniendo los mismos, porque se actualizan semanalmente y son muy fiables, además de que el precio de la versión "ilimitada" es tan bueno que uno no puede resistirse.

Así que, por una vez, dedicarme a investigar a fondo un tema no sólo no me ha llevado a consumir más, sino que me ha hecho ahorrar un dinero. Si lo lee mi mujer, no se lo cree, pero ojalá os sirva a vosotros la experiencia.

domingo, marzo 01, 2015

Yo también tuve una como ésa ...



Abro con una foto del pasado 19 de Febrero en Madrid. Plaza de los Cubos, y mi Impala 2 frente al cartel de la presentación del precioso documental sobre la "Operación Impala" ... con Manolo Maristany firmando uno de sus libros sobre su asiento. A la izquierda del cartel, Manel Garriga, director del documental e impalero de pro, como no podía ser de otra manera.

En el mismo acto, que servía de prólogo al Classic Auto 2015, se presentaba también la maqueta de la Impala Sport que ha hecho Altaya recientemente. Una versión escala 1:5 francamente bonita ... aunque no tan lograda como la versión de Pere Tarragó.

El caso es que lo que pensaba contaros no era eso, pero como no tenía una foto de la anécdota que me da título, busqué en el teléfono fotos recientes de mi moto, y me apareció la que os puse arriba, de modo que no podía dejar pasar el comentario. Ahí lo dejo, y entro en materia.

La historieta que os contaré a continuación creo que la vivimos todos los propietarios de una Impala, cada vez que la sacamos. Pero, a riesgo de que no resulte original para muchos de los lectores, quería contarla para los menos familiarizados estas motos.

Domingo, 13:30. Puerta del garaje de casa, volviendo de dar una vuelta por el almacén de nuestra empresa, donde he estado charlando con mi socio José María, también impalero.

Detengo la moto frente a la puerta, cierro el grifo de gasolina manteniéndola el ralentí (tengo la manía de dejar las cubas de los carburadores siempre vacías en las motos de dos tiempos cuando las paro para más de un par de horas), me empiezo a quitar los guantes para sacar del bolsillo de la cazadora el mando a distancia, y veo que por mi derecha se acerca un grupo de personas mayores andando despacito, vestidas de domingo. Probablemente saliendo de misa con dirección al aperitivo.

Se paran al ver la moto arrancada y a su dueño abriendo el garaje, pero -educado a la antigua como estoy- les sonrío y les pido por favor que pasen. Que es justo lo que hace el grueso del grupo. Pero a mi lado queda un hombre mayor. Cazadora austriaca verde, pelo muy blanco, y unos ojos claros que no se despegan del depósito de la Montesa. Mira el depósito, mira las llantas con cara de sorpresa, y finalmente me dice el clásico "yo también tuve una de ésas" y añade con cara de saber de qué habla ... "¡qué bien ralentiza!, la tienes muy cuidada".

Una frase repetida cien veces, pero que siempre hace ilusión escuchar. Y más aún en ocasiones como esta, cuando tienes tiempo para que el caballero en cuestión te cuente las aventuras que vivía con su Soriano, con la que iba de Madrid a Murcia ... y se le salía de punto. "No se puede usted imaginar lo que era poner a punto el encendido; aquel volante no llevaba chaveta, y tenía que llevar una bujía con una escala graduada para poder hacerlo al lado de la carretera".

Al final el abuelo se ha despedido diciéndome que me estaría dando la lata con sus historias, sin imaginarse el buen rato que me ha hecho pasar.

Lo curioso del caso es que, escasamente diez minutos antes de esto que os cuento, la conversación con José María había terminado con el inevitable "¡cómo me gusta las Impala!" que nos sale del alma cada vez que uno de los dos aparece subido en su montesita.

¿Qué tendrán estas motos, que sacan siempre lo mejor de cada uno?

jueves, octubre 09, 2014

FYI - Origins of Mud Guards

I have given some thought to the use of the word mudguard.  It seems that the British have adopted the word to describe and item that guards mud.  Since we in the U.S. don’t have that much mud to guard and we rebel against its accumulation we tend to fend it off if it attempts to become a part of our vehicle.  We, therefore, have adopted the word “fender” to describe this item.  I thought you might be curious.

Paint Codes

Red: 1984-1994 Suzuki Car (Saint Germain Red) 15P 99L-25797
Orange: Nason by DuPont 400-80/471-80 tm
Blue: Martin Senour Paint 49005

The following 3 colors are an inexpensive form of paint.  They each duplicate the color exactly and one can will paint a frame.  Follow the instructions.  Use a dust free area.  It takes a bit more time to apply but it is very durable and resists rock chips well.

Silver: Dupli-Color Engine Paint Clear Cast Aluminum DE1650
Black: Dupli-Color  Engine Paint Gloss Black DE1613

White: Dupli-Color Engine Paint Universal white DE1602 


Evolution of Cota 247




Montd/Year
Model
Frame Number
Modifications
July 1968
Big Hub
21M 0
First Cota 247 in production series

White Frame
21M 0500
Frame witd "tab" support, rear fender
New chain guard
Exhaust modification
Exhaust port witd 2 exhaust webs
Air box modification (3 screws)
Nov 1968

21M 1191
Chain guide
April 1970

21M 1800
New footpegs
New gas cap
Seat Modifications
Rear sprocket - aluminum
Oct 1970

21M 2505
Triple clapms -aluminum
March 1971
Small hub
21M 3000
Rubber fin dampers fitted
New Engine
Gray Frame
New forged lower bracket
New fuel cock
New front suspension
New fin arrangement on head
Muffler changed
Smaller pinion gear flywheel weight
New air cleaner assembly


21M 3125
Polished brake/backing plates polished


21M 3372
New kickstart idler gear
June 1971

21M 3750
New black handlebar grips
New rear brake lever
New cylinder sleeve
New crankcase
New countershaft sprocket
New kickstart idler gear
New cylinder


21M 3789
New piston assembly number


21M 3825
Rear shock absorber changed
Sept 1971

21M 4382
New chain tensioner
New plastic chain guard


21M 4456
Head now fixed to cylinder witd
stud and washer/nut fasteners
Dec 1971

21M 5288
New kickstarter return spring
Feb 1972

21M 5394
Part number change for countershaft
Sprocket
July 1972
Version witd
21M 6600
New rear fender
rear muffler
New rear muffler
Smaller tank/seat combination
Front Fork accordion boots introduced
New tdrottle assembly
New rear brake part number
New addition of a rear silencer
New lights and switch assembly
New speedometer and drive system


21M 6700
Rear muffler change
Carburetor change (float bowl drain)
Countershaft sprocket changed to 10 tootd
Dec 1972
Left Side Shift
21M 8100
Left Side Shift arrangement
New fuel cock
Addition of spacer above rubber stop on rear shocks
New tdin ring and piston set
Change to top of air box intake
New shift lever
May 1973

21M 9702
Change to ridgeless rear wheel rim
August 1973

21M 11001
Steering lock included
Handlebar witdout integral lever perch
Sept 1973

21M 11152
Incorporation of cylinder fin damping rubbers


21M 11240
New Pirelli rear tire
Oct 1973

21M 12115
"Twin-air" air filter
Feb 1974
Black Frame
21M 13107
New black frame/swingarm
New fuel cock (VR style)


21M 13291
Carburetor witd float bowl drain
April 1974
Cota 247T
21M 13820
First 247 Trail
Larger tank/seat assembly
11 tootd engine sprocket
Shrouds on rear shock absorbers
Dec 1974

21M 17218
Natural colored rubber grips
June 1975

21M 19228
New front fork damper modification
Ulf Karlson signature
Addition of lever/perch covers
New pattern forged shift lever
New spark plug cap
July 1975

21M 19872
Relocation of clutch arm to top of case


21M 19979
Aluminum chain adjusters
August 1975
Cota 247T
21M 19779
Basic trail version for tde UK
Sept 1975

21M 20042
Electrical wiring installed on top of rear fender
Feb 1976

21M 21318
Handlebar made of aluminum


21M 21381
Rubber cover over top of carburetor
May 1976
Cota 247T
21M 21482
New tank stripes
Sept 1976

21M 21962
Plastic tdrottle
Aluminum handlebar
Oct 1976

21M 22062
New seat
March 1977

21M 23035
New gas tank cap
July 1977

21M 23635
Engine displacement of 237 c.c. for French competition
October 1978

21M 24389
steel rear sprocket
June 1978
Cota 247C
21M 25137
237 cc
New fuel cock
New front suspension
Plastic air box
July 1978
Cota 247
21M 25307
New gas tank "348 Cota type"
14 Oct 1980

21M 27337
tde ultimate Cota 247

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