miércoles, junio 06, 2018

Preparando la Impalada 2018 (III) Adaptando un portaequipajes y programando el encendido.

Seguimos con los preparativos para la Impalada 2018. Y no sé por qué este año se está convirtiendo en el año del equipaje. Conste que estamos también haciendo otras cosas, como demuestran las fotos de abajo, en que queda claro que (con todo el dolor de mi corazón) he jubilado el piñón de salida original de la Impala 2 para sustituirlo por uno nuevo. ¿Apostamos a que no aguanta los 30.000 kilómetros que lleva el mío?



Como siempre, benditos extractores de Iniesta, que me hacen la vida fácil. Sé que antes me manejaba sin ellos, pero la diferencia es enorme. Es herramienta diseñada por y para esta moto. Y ¡vaya si se nota!

La razón para el cambio de piñón es que tocaba también jubilar corona y cadena para no descompensar el conjunto. Una pena porque eran elementos originales, y mi corona es de las pocas que salieron con agujeros perforados. Me resulta raro mirar ahora la moto por su costado derecho, pero no hay alternativa.

Ya puestos, he montado dos dientes menos en el plato. Sé que es un riesgo, pero con cilindro que llevo ahora (uno rescatado de Iniesta con una distribución más abierta que el de la Impala 2), una culata radial de Impala 2 125 llevada a 10:1, un carburador 27 y las láminas, espero que me aguante bien los repechos en carretera. Y si no, tocará reconocer el error y cambiarla.

Por otro lado, aproveché para reprogramar el encendido y montar una segunda curva menos óptima en cuanto a potencia, pero más relajada para el motor, que deja un avance prudente a partir de las rpm en que estaremos en crucero de viaje (80 por hora reales / 90 del marcador de mi moto).

La tabla de velocidades teórica para una combinación 14/42 es la siguiente:

rpm
1000
6,3
10,5
13,9
18,4
2000
12,6
21,0
27,8
36,8
3000
18,9
31,5
41,7
55,2
4000
25,2
41,9
55,6
73,6
5000
31,6
52,4
69,5
92,0
6000
37,9
62,9
83,4
110,4
7000
44,2
73,4
97,3
128,8

Con lo que Ramón me diseñó dos curvas con nuestro software:



La primera está para pensada para sacarle todo el jugo al motor. Y palabra de honor que sólo la activaré en caso de que Eugeni o Fernando tengan el día flamenco. La que pienso llevar por defecto es la segunda:



Que, como podéis ver, deja caer el avance al alcanzar el régimen de vueltas en las que deberíamos estar en la velocidad de crucero habitual, que son 80 por hora reales. La idea es conservar motor, no recalentarlo en exceso y que la moto no sufra.

Y ya que estábamos con los deberes hechos, seguí con la paranoia del equipaje. Me apetece probar unas alforjas modernas, con lo que pensé en poner un portabultos para ayudar a fijarlas. Estuve unos días pendiente de Wallapop hasta encontrar un porta estándar con anclajes que habían servido para montarlo en una Impala. Cuando hablé con el dueño, que resultó ser un valenciano encantador, se marcó el detalle de regalármelo. Pero, como no hay felicidad completa, resultó que su padre lo había tirado, y me mandó uno de Yamaha SR, cuyos anclajes no tienen nada que ver con mi moto. Es decir: me mandó una buena excusa para pasar un rato de lo más entretenido.

Porque el cambio de portaequipajes implicaba su dosis de soldadura, de radial, y de diversión a tope. Os lo cuento sin entrar al detalle. Lo primero fue quitar los anclajes antiguos que no me valían  para nada, y darme cuenta de que con las dimensiones estándar, no había opción de anclar al punto más sencillo (y sólido) que era el tornillo de los amortiguadores. Así que empecé por preparar los anclajes en un tubo que entraba justo en el de origen, como se ve en las dos imágenes:



Pero de forma clara, quedaba muy atrás con relación a la moto, con lo cual fui ajustando hasta encontrar una distancia que me pareció correcta:



A partir de ahí, cuarto y mitad de soldadura para dejar fijo el nuevo tubo con el anterior. A base de electrodo de 1,6 mm para reducir el riesgo de perforar los tubos, que no tienen una pared excesiva. Y luego, lo que fue más complejo (y de lo que no tengo foto: reutilizar dos de los anclajes antiguos para anclar la parte trasera del portabultos en las orejas del chasis que soportan los dos tornillos del guardabarros trasero.

Dos chorrones de spray cutre de pintura negra, y a correr de momento. Está claro que el resultado no es el más profesional del mundo, pero no deja de ser un modo de aprender, y que el resultado (visto de lejos al menos) no queda demasiado raro.

 

¿O la veis espantosa y yo no porque la miro con ojos de padre?

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Como diría Juan Ramón Jiménez, mi troll es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos.

Probablemente no tiene huesos y por eso insulta bajo seudónimo. Pero además de cobarde es tan coñazo que he decidido que sólo me moleste a mi. De tal modo que a partir de ahora me quedo con la exclusiva de leer sus bobadas. Disculpadme el resto que os haga pasar por la "moderación" de vuestros comentarios.