domingo, febrero 05, 2006

Restauración de mi Montesa King Scorpion (VI)

Uno de los chistes más cortos que conozco (pero también de los mejores) es aquel de un borracho que le dice al amigo que le acompañaba: "Pepe, deja de beber, que te estás poniendo borroso". Creo que al final del artículo lo entenderéis mejor.


Algo así me pasó este sábado, cuando creía que ya estaba a puntito de terminar con el motor de la King. Si alguno recuerda la historia del sábado anterior, dejamos el cilindro y la culata secándose para cerrar en cuanto pudiera ser, y con el proyecto de terminar pronto. Así que cuando este sábado llegué a mi taller manchego, iba acompañado de un buen amigo que iba a ayudarme en parte del proceso, y dispuesto a darle un empujón fuerte a la moto.

Más contento que unas castañuelas, pusimos primero el pistón sobremedida enviado por John Haberbosch, colocamos la junta en la base del carter, apretamos las cuatro tuercas allen, cerramos culata, y felices y dichosos por lo rápido que iba todo, fuimos a por el carburador.

Vale la pena comentar que el carburador es un Amal 627 comprado en Internet para sustituir al que traía mi moto. Un Amal al que se habían puesto juntas nuevas (incluyendo las tóricas de los tornillos de regulación), chiclés nuevos, y campana a estrenar. Como más de uno puede imaginar, el carburador se reparó en mitad del proceso y como "tarea independiente" mientras se hacían muchas otras cosas.

Pues bien, con el cilindro colocado, tomamos el carburador y el mamón de él decide no entrar. Pero cuando digo no entrar, es que era completamente imposible. Tanto que abrimos de nuevo el grupo termodinámico para ver si haciéndolo todo junto se podía ... y ¡¡sobraba más de un centímetro de carburador por abajo!!. Recordaba que el carburador entraba justo, pero nada por el estilo. A partir de ahí comenzamos un proceso endemoniado donde con un calibre medíamos los dos cilindros (el nuevo y el original) y parecía todo igual, medíamos los dos carburadores con el mismo resultado, comprobamos el grosor de las juntas de admisión pero eran iguales ... todo cojonudo, pero allí seguía el dichoso carburador, como si lo hubieran estirado.

A todo esto, había llegado mi amigo/mecánico Jesús (ver foto más arriba), con lo que éramos tres personas puestas a flipar. Cambiamos los espárragos de admisión entre ambos cilindros y todo siguió igual, e incluso, desesperado, llamé a Eduardo Maldonado para pedirle opinión. Su conclusión fue qu elo único que se le ocurría es que hubiera habido un error con el cilindro.

De pronto, recordé que la Cota 247 que tengo allí mismo, debía tener un conjunto de piezas muy parecido. Echamos una mirada, y para nuestra desesperación, allí estaba otro Amal 627 perfectamente colocado sin que sobrara nada. Para cortarse las venas.

Hasta que de repente dice Carlos: "¿No estará montada al revés la parte de abajo?". Reparad en el nivelón técnico de mi amigo, que no sabe siquiera que eso se llama cuba. Lo miro con cara de asco, cojo el otro carburador antiguo y le digo "¿ves como están iguales?" (y es verdad que lo estaban). Pero como insistió, desmontamos la cuba para alucinar observando que se podía colocar en dos posiciones ... y que estaba puesta al revés.

Carburador girado y ¡volilá!, entró a la primera y sobrando espacio, como en la Cota.

¿Entendéis ahora el chiste del principio?. Creo que debí perderme el episodio de Barrio Sésamo donde explicaron las diferencias entre "mirar" y "ver".

Así que cerramos motor y dejamos todo listo para intentar arrancarla a la mañana siguiente, porque entre unas cosas y otras nos habíamos comido la tarde.

Quedé con Jesús en que le esperaba para intentar arrancarla el Domingo por la mañana, y cuando él apareció ya tenía todo listo, y un par de litros de 98 con aditivo para plomo esperando al gran momento.

Como él es mecánico, insistió en comprobar la chispa antes de intentarlo. Su conclusión una vez que la vió fué: "desde luego, el inglés ése tuyo, sabe lo que hace". La moto daba una chispa espectacular.

Cinco patadas más tarde, la 34M0061 volvía a la vida, 21 años después de quedar abandonada en un garaje de Córdoba.

Todavía no se me ha ido la cara de idiota.

11 comentarios:

  1. Lo que no cuenta Julián es mi primera tarea como restaurador era sustituir la placa de matrícula que estaba costrosa por otra nueva, con tal impetu que le hice seis agujeros a la placa, cuando en realidad sólo necesita tres (uno inferior que se sujeta al guardabarros de aluminio y otros dos arriba a la pletina original). Le tendré que regalar una nueva matrícula.

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  2. Si vuelves a llamar aluminio a mis preciosos guardabarros de acero inoxidable, terminaremos mal.

    :-)

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  3. Perdón, estan tan relucientes que uno no se puede imaginar que son de acero.

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  4. joder macho que gustazo leerte, las historietas de julian. Enhorabuena por el trabajo.

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  5. Muy buen trabajo, ahora a disfrutarla y a cuidarla otros 3o 40 años más jeje un saludo
    www.impala4ever.com

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  6. ¡Caray que preciosidad! Disfrútala y cuídala. Yo estoy buscando una, pero no las encuentro… Sin embargo tengo la suerte de haber encontrado y restaurado otro de mis mitos… Una Brío “monotubo”, que es un verdadero tiro. En fin, si puedes ayudarme a encontrar una de estas te lo agradecería mucho. Y si no, solo me queda felicitarte una vez más y recordarte lo afortunado que eres.

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  7. Sé exactamente como puedes dar con otra. Si me das un correo te lo cuento encantado.

    Saludos

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  8. Anónimo8:33 a. m.

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  9. Hola Julián, me he empapado todo el proceso de restauración y solo puedo decirte que hay que tener muuuucho valor y algo más para meterle mano a esa "chatarra" (dicho con cariño)de la que partiste.
    Yo me encuentro más o menos como tu hace años pues tengo una Bultaco Metralla GTS (amarilla) que se encuentra en un estado muy parecido y no me decido a meterle mano.
    Cuando lo haga no tendré más remedio que buscar tu ayuda.
    Saludos y enhorabuena.

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  10. No sé gran cosa de Bultaco, Fernando, pero si puedo echarte una mano en algo, cuenta con ello.

    Y es una moto muy usable la tuya. Sería una pena que se quedara guardada.

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Como diría Juan Ramón Jiménez, mi troll es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos.

Probablemente no tiene huesos y por eso insulta bajo seudónimo. Pero además de cobarde es tan coñazo que he decidido que sólo me moleste a mi. De tal modo que a partir de ahora me quedo con la exclusiva de leer sus bobadas. Disculpadme el resto que os haga pasar por la "moderación" de vuestros comentarios.