Un arranque prometedor
El caso es que debo haber sido bueno el año pasado, porque los Reyes Magos no sólo me han traído los amortiguadores YSS X-Pro (125 euros el pack en www.vesparts.es) y el escape Polini que pedí para mi Vespa DN, sino que por sorpresa me dejaron también una nevera para el taller. Que en esta época del año no es muy útil (basta dejar al exterior cualquier cosa que quieras enfriar para que quede helada en unos minutos) pero que en el verano manchego voy a agradecer especialmente. Es lo que tiene el trabajo en la Estepa; a lo largo del año pasas de bajo cero a más de cuarenta, y adaptarse no siempre es sencillo.
Y el día empezó bien. En pocos minutos cambié al remolque de las motos la rueda jockey que se me estropeó (licencia poética para no especificar que me la cargué contra un bordillo por dejarla puesta y echar a andar con el coche) hace unas semanas, y coloqué la nevera en la parte baja de una estantería ... de donde creo que voy a subirla en mi próxima visita porque no me da la sensación de que el paso del tiempo vaya a hacer mejorar mi columna vertebral.
El amortiguador delantero
Así pues, lleno de moral tras un arranque prometedor, bajé del elevador la Impala Turismo que había quedado allí en mi última visita y me dispuse a mejorar la Vespa con los gadgets llegados de Oriente. Y la cosa no empezó mal. Primero sueltas los dos tornillos del anclaje inferior y luego metes una luz para poder ver cómo desenroscar los dos que fijan el soporte superior a la barra de la direccion. Nada demasiado complicado, pero como iba con prisa no me detuve a hacer fotos.
El caso es que lo de los amortiguadores no era un capricho, porque el delantero estaba tan vencido que hacía tope ... ¡al pisar el freno trasero! No comprendo qué principio de la particular "Física Piaggio" interviene para esto, pero os aseguro que produce emociones verdaderamente fuertes. Da igual si tu referencia es el Telelever de una BMW GS 1200 o una humilde horquilla de Montesa Impala. Lo que se sentía al frenar de delante lo ignoro, porque estaba reservado a motoristas mucho más valientes que yo.
El Viacrucis del escape
A continuación pensé meterme con el escape, por aquello de que el amortiguador trasero no estaba tan mal como el delantero (o eso pensaba yo) y porque era consciente de que se debía retirar el depósito de gasolina para proceder al cambio, y me parecía más sensato cambiar el escape, que era cuestión de un par de tornillos.
O eso pensaba yo. Porque la cosa se torció nada más empezar la operación. No me preguntáis el motivo, pero al retirar el cófano derecho (perdonadme los vespistas serios si yerro en la ortografía porque aunque creo que en italiano no es esdrújula, siempre la escuché así), saltaron al suelo las dos piececitas que veis abajo a la izquierda, que son las responsables de mantener en posición el cófano al ponerlo en la moto. Son un muelle y una pletina que va remachada para quedar fija, aunque permite al muelle oscilar un poco.
El primer problema fue cagarse los remaches que en la imagen no se ven porque quedan ocultos en la cara vertical de la platina. Y el segundo, remachar la pieza de nuevo. Porque aunque tenía los remaches de las dimensiones correctas (3mm de diámetro y 12 de largo), la cabeza de la remachadora no cabía en el canal donde debían fijarse. Así que estuve un rato pensando hasta dar con la solución que puse en práctica en la foto de abajo a la derecha: una tuerca hueca de aglomerado resultó tener el diámetro y la longitud exacta para poder tirar del vástago del remache desde fuera del canal.




